Lejos del balcón, cuya propiedad legó a «Perón y Eva », Néstor Kirchner habló ayer desde un escenario ante una multitud. Llamado a la concertación y silencio sobre reelección, las características del show oficialista.
La celebración de los tres años de mandato de Néstor Kirchner no cumplió con las expectativas del oficialismo de convocar 350 mil personas en la Plaza de Mayo. El santacruceño se puso junto a todos los símbolos y se colocó en el centro de la escena política como el principal protagonista de los festejos del día patrio.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El día soñado por Kirchner comenzó cerca de las 10 con los saludos protocolares de las delegaciones extranjeras y de los gobernadores en la Casa de Gobierno. El santacruceño, fiel a su costumbre de incumplir el protocolo, encabezó esta tradicional ceremonia sin lucir la banda presidencial ni el bastón de mando. Luego, acompañado por su esposa, Cristina Fernández, y por Raúl Alfonsín, el Presidente fue raudamente a través de un camino vallado hacia la Catedral metropolitana para presenciar el tedeum a cargo del cardenal Jorge Bergoglio. Esta vez, no hubo «baño de masas» para el patagónico.
El aparato justicialista funcionó aceitada y coordinadamente. Las primeras columnas comenzaron a llegar apenas comenzado el 25, muchos desde la localidad de San Miguel. De esa región bonaerense llegaron varios prototipos autóctonos camuflados como el Che Guevara: barba desprolija, boina con una estrella y suéter rojo. A media mañana, la Plaza ya estaba ocupada en casi 50% de su capacidad con numerosas columnas avanzando por Avenida de Mayo (PJ Capital y provincias), Diagonal Sur (CGT, gremios díscolos e intendentes de zona sur) y Diagonal Norte ( piqueteros mansos e intendentes de zona norte).
Aunque la ilusión del gobierno era que la Plaza tuviera más referencias a Kirchner que a Juan Domingo Perón, el aparato justicialista eclipsó a la movilización y el sello PJ abundó en las banderas, pasacalles y pancartas en una proporción mucho mayor que la del Frente para la Victoria. Una advertencia para el Presidente, que soñaba con poder subsumir al peronismo dentro de un movimiento político que, según las aspiraciones del kirchnerismo, tendría al jefe de Estado como principal referente.
Acertó, sin embargo, el gobierno en asegurarse un acto pacífico: tras varios intentos frustrados de llenar la Plaza de los Dos Congresos para vivar al santacruceño, esta vez, el riñón de Compromiso K -Oscar Parrilli, Carlos Zannini, Rudy Ulloa y Roberto Porcaropudo plasmar una convocatoria lanzada en diciembre del año pasado en una masiva marcha peronista. Espontáneamente, surgió el clamor justicialista, mucho más intenso y perceptible que el promocionado pedido de reelección.
A las 15.50, cuando Kirchner subió al escenario y se fundió en un sobreactuado abrazo con Hebe de Bonafini, Mercedes Sosa, Teresa Parodi y compañía, los asistentes comenzaron a entonar la marcha peronista. A lo que el mandatario respondió, en la apertura de su discurso, con la frase: «Al final, un día, volvimos a la Plaza con el pueblo en toda su diversidad». Más tarde, morigeró su tendencia plural al asegurar que el balcón de la Casa Rosada ya tenía dueños: Perón y Evita.
Los temores sobre eventuales desbordes de los asistentes se disiparon gracias al férreo control que cada una de las columnas realizó durante la marcha y a los 1.400 policías que se ubicaron en las adyacencias de la Plaza. Cada grupo formó perímetros de seguridad para evitar que sus integrantes abandonasen las formaciones o que infiltrados se mezclaran entre ellos.
Clima distendido
Más allá del cargado aroma a pólvora -producto de los incesantes estallidos de petardos- y de algunos manifestantes ebrios que defecaban y orinaban en las calles -desperdiciando los 250 baños químicos instalados en la zona-, el clima fue en general distendido.
El show kirchnerista arrancó a las 13.20 con la Fanfarria Alto Perú y siguió a las 14 con la presentación de Soledad Pastorutti. A esa altura, un desbordado locutor arengaba a la multitud alucinando la presencia de 350 mil personas. Alejandro Lerner fue el último en cantar antes de que Kirchner y su esposa, emocionada hasta las lágrimas -¿se habrá sensibilizado por la fecha patria o por la perfección con la que se movilizó el aparato peronista?-, subieran al escenario a cantar el himno a capella junto con Teresa Parodi, Víctor Heredia, Mercedes Sosa, Bonafini y Estela de Carlotto.
A la izquierda del escenario, un corralito VIP sirvió para exhibir a los ministros del Gabinete, a los gobernadores y a los legisladores nacionales. Los más sonrientes fueron José Luis Gioja, José Manuel de la Sota, Felipe Solá, Patricia Vaca Narvaja, José María Díaz Bancalari y Agustín Rossi, que se abrazó a Kirchner cuando el Presidente reapareció para una segunda ronda de aplausos.
Quedó clara también la contraprestación que los mandatarios provinciales y los legisladores tuvieron al movilizar tropa de sus distritos para el acto: garantizarse un lugar en las boletas de 2007 para renovar sus cargos o para impulsar sus candidaturas.
Dejá tu comentario
Te puede interesar
Diálogo con la excandidata presidencial de Ecuador
Dejá tu comentario