Tras la vergüenza vista, ¿habrá encuestas serias en ballottage?
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El martes 29 de abril -24 horas después de concluida la primera vuelta, y cuando era absolutamente imposible haber realizado encuesta alguna en ese lapso- este mismo encuestólogo de Kirchner, Zuleta Puceiro, con seriedad trató de influir en la opinión pública que ya para el ballottage estaba primero el santacruceño con 65% y Menem con 35%. Propaganda pura.
Eduardo Duhalde, por un lado, y Néstor Kirchner, por el otro, fueron los mayores contratadores de encuestadores. En una ocasión Duhalde pidió enfrentar en la Casa de Gobierno a Hugo Haime (encuestador con algunos logros, aunque nunca midió bien a López Murphy) con Artemio López. Quería saber por qué a Haime le daba siempre primero Menem en encuestas. El careo no tenía sentido porque Artemio López, aunque siempre figuró como «independiente» para lanzar cifras, era «asesor de imagen» de Néstor Kirchner. ¿Qué análisis objetivo podía haber entre Haime y López?
Rosendo Fraga esta vez no realizó encuestas numéricas. Son muy costosas de hacer si no hay un contratante asegurado que las financie pero, a su vez, si está el contratante, éste exige al encuestólogo que, aparte de informarle a él la realidad de cómo viene su intención de voto, entre la gente difunda otra encuesta, la trucha, precisamente para mejorar esa imagen propia y deteriorar la de los otros candidatos. Hay pocos, como Julio Aurelio, que no acepten la «doble función». Rosendo Fraga, conocedor de cómo operan muchos encuestólogos, analizó y pronosticó bastante bien sobre la base de la circulación de encuestas serias y truchadas (la mayoría).
• Ojímetro
En el otro extremo está Graciela Römer. Tampoco realizó encuestas públicas (no tuvo el contrato con «La Nación», que tomó Mora y Araujo), pero se atrevió a truchar una sola para la revista «Debate». Realizada a ojímetro obviamente dio para el tomate y es de esperar que no le haya aconsejado moverse por esos datos a ningún candidato. En «Debate» dijo el 20 de marzo, a poco más de un mes de los comicios, que Kirchner iba primero, Menem tercero y López Murphy quinto, o sea, todo al revés de lo que resultó. A su vez, decía que las fórmulas que encabezaban Menem y Carrió eran las que más posibilidades tenían (41 por ciento) de ir al ballottage. A las dos que ganaron, Menem-Romero y Kirchner-Scioli, las citaba como tercera posibilidad. Daba Römer un voto en blanco de 10% (que resultó de menos de 1%) y que no iría a votar 7%, (resultó 23%). Quien se guía por los pálpitos políticos de Römer puede terminar presidente apenas del club Yupanqui.
Pero lo más curioso es que en el «tracking» final, elaborado con cifras del propio escrutinio ya cerrado, Römer se anotó como la que más cerca estuvo de acertar el resultado final... ¿gentileza hacia una dama de los restantes encuestólogos que armaron sobre lo conocido ese «ajuste»?




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