5 de mayo 2003 - 00:00

Tras la vergüenza vista, ¿habrá encuestas serias en ballottage?

No se duda ya de que los que realizaron encuestas previas a los últimos comicios presidenciales, en una alarmante mayoría, actuaron pagos para influir en la votación. Algunos en forma legítima, como es el caso de Julio Aurelio, que directamente esta vez se conchabó en forma privada para realizárselas, con el máximo realismo posible, a Eduardo Duhalde, pero no lanzó «versiones para difusión pública» destinadas a engañar. En un reportaje en «Noticias», en marzo, Aurelio dio datos en forma genérica. Luego difundió pocas cifras que coincidían en buena parte con la realidad de ese momento y con el resultado final. No midió bien Aurelio a López Murphy y al final, al descubrirlo, exageró considerando que podía ganar en la primera vuelta pero concurriendo a ballottage.

Coincidió con las encuestas de Ambito Financiero en que habría ballottage. Estuvo más cerca al calcular una alta abstención que estimó en 20% (a nuestro diario le daba 15%) y llegó a 23%. Erró en voto en blanco e impugnado, que calculó en 15% y resultó de 0,87%, y en total, con anulados e impugnados, 2,67%.

• Empate

Pero Aurelio siempre dio la idea de que verdaderamente realizaba y no «dibujaba» encuestas. Es lógico. Su trabajo para Duhalde se lo imponía. Lanzó también la idea del triple empate técnico que repitieron los que lo respetan. Claro que para Aurelio es bastante fácil dar «empate técnico» entre postulantes porque se toma 6 puntos de variable posible entre lo que afirma y la que será realidad final (es más común considerar buena una encuesta con 3 puntos de variación). De cualquier manera, Aurelio acertaba más que en números en lo principal: que primeros iban Menem y Kirchner cuando los que truchaban daban, generalmente, primero a Kirchner y cuarto a Menem, pese a la realidad que desde diciembre encabezaba la intención de voto. Desde ya, un encuestador de su nivel no se prestó al juego con trampa del «tracking» fraguado al final. Su mérito fue ser contratado (por Duhalde) para que lo informe pero sin ningún compromiso de difundir públicamente encuestas falsas, aprovechando su nombre, como «complemento extra» a su contrato privado.

En el otro extremo hubo encuestadores como Zuleta Puceiro -inicialmente invocando a IBOPE, la de los ratings, y luego con nombre propio-, que ya en agosto del año pasado daba «primero Kirchner» cuando aún no tenía el santacruceño el apoyo del duhaldismo y su realidad mostraba 6% y el gobierno especulaba todavía con De la Sota. Nunca Kirchner midió primero, hasta el final, salvo como lo dieron permanentemente Zuleta Puceiro y otro que dio muestreos alejados de la realidad como fue IPSOS-Mora y Araujo, entre los más intencionadas en el proselitismo (ambos trataron al final de salvarse con el «tracking» engañoso).

• Influencia

El martes 29 de abril -24 horas después de concluida la primera vuelta, y cuando era absolutamente imposible haber realizado encuesta alguna en ese lapso- este mismo encuestólogo de Kirchner, Zuleta Puceiro, con seriedad trató de influir en la opinión pública que ya para el ballottage estaba primero el santacruceño con 65% y Menem con 35%. Propaganda pura.

Eduardo Duhalde, por un lado, y Néstor Kirchner, por el otro, fueron los mayores contratadores de encuestadores. En una ocasión Duhalde pidió enfrentar en la Casa de Gobierno a Hugo Haime (encuestador con algunos logros, aunque nunca midió bien a López Murphy) con Artemio López. Quería saber por qué a Haime le daba siempre primero Menem en encuestas. El careo no tenía sentido porque Artemio López, aunque siempre figuró como «independiente» para lanzar cifras, era «asesor de imagen» de Néstor Kirchner. ¿Qué análisis objetivo podía haber entre Haime y López?

Rosendo Fraga esta vez no realizó encuestas numéricas. Son muy costosas de hacer si no hay un contratante asegurado que las financie pero, a su vez, si está el contratante, éste exige al encuestólogo que, aparte de informarle a él la realidad de cómo viene su intención de voto, entre la gente difunda otra encuesta, la trucha, precisamente para mejorar esa imagen propia y deteriorar la de los otros candidatos. Hay pocos, como Julio Aurelio, que no acepten la «doble función». Rosendo Fraga, conocedor de cómo operan muchos encuestólogos, analizó y pronosticó bastante bien sobre la base de la circulación de encuestas serias y truchadas (la mayoría).

• Ojímetro

En el otro extremo está Graciela Römer. Tampoco realizó encuestas públicas (no tuvo el contrato con «La Nación», que tomó Mora y Araujo), pero se atrevió a truchar una sola para la revista «Debate». Realizada a ojímetro obviamente dio para el tomate y es de esperar que no le haya aconsejado moverse por esos datos a ningún candidato. En «Debate» dijo el 20 de marzo, a poco más de un mes de los comicios, que Kirchner iba primero, Menem tercero y López Murphy quinto, o sea, todo al revés de lo que resultó. A su vez, decía que las fórmulas que encabezaban Menem y Carrió eran las que más posibilidades tenían (41 por ciento) de ir al ballottage. A las dos que ganaron, Menem-Romero y Kirchner-Scioli, las citaba como tercera posibilidad. Daba Römer un voto en blanco de 10% (que resultó de menos de 1%) y que no iría a votar 7%, (resultó 23%). Quien se guía por los pálpitos políticos de Römer puede terminar presidente apenas del club Yupanqui.

Pero lo más curioso es que en el «tracking» final, elaborado con cifras del propio escrutinio ya cerrado, Römer se anotó como la que más cerca estuvo de acertar el resultado final... ¿gentileza hacia una dama de los restantes encuestólogos que armaron sobre lo conocido ese «ajuste»?

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