30 de enero 2003 - 00:00

Tren de Pampuro: de Cavallo a la Carrió sin parada

Hace unos meses, Eduardo Duhalde apostó con un interlocutor que Carlos Menem llevaría, en su fórmula presidencial a un dirigente justicialista de la provincia de Buenos Aires. «Lo está buscando, lo necesita. No puede presentarse sin uno de nuestro distrito. Más, ningún candidato peronista puede pretender la Presidencia si no comparte el binomio con un bonaerense». Por supuesto, el interlocutor le advertía que Menem iría con Juan Carlos Romero, que esa decisión ya estaba tomada y que esperaba por parte de Duhalde la cena en juego. Se confirmó lo del salteño y el Presidente, como siempre, no pagó su compromiso.

Al margen de ese detalle menor, lo que imperaba en el criterio de Duhalde es la necesidad de imponer a un hombre de su distrito no sólo en la fórmula de Menem sino también, obviamente, otro en el binomio oficialista. De ahí que ayer resultara algo sorprendente el secretario general de la Casa Rosada, el oncólogo José Pampuro, al anticipar por radio que Roberto Lavagna podría ser el compañero de Néstor Kirchner (idea que, por el momento, el propio ministro descartó). Inclusive, la mayor expectativa ayer por la tarde, cuando Lavagna hizo una conferencia con enviados del Banco Mundial, era sobre su futura decisión política y no sobre los planes o créditos que el organismo internacional podría derivarle al país.

•Aclaraciones

Hubo, claro, luego aclaraciones del propio Pampuro -hombre que va de la euforia a la depresión demasiado a menudo, como reconoce su principal mandante y también sus colaboradores-en ese sentido, dejando abierta la posibilidad de que otro ministro de Duhalde sea socio de Kirchner (¿tal vez Aníbal Fernández o Juan José Alvarez?) y de que Lavagna, en el caso que el santacruceño fuera elegido, continuara en Economía. Como Alfredo Atanasof y Ginés González García, otros dos preferidos del mandatario.

Lo que más sorprendió de Pampuro, al margen de este tropiezo que luego aclaró por instrucción presidencial, fue otro comentario político. Es que le preguntaron casi insólitamente, como si hubiera estado condicionado, frente a la alternativa de un ballottage entre Carlos Menem y Elisa Carrió, cuál era la opción que él prefería, respondió terminante: «Yo voto a la Carrió». Un mensaje de fractura, la opinión de su propio jefe, ya que a él no se le puede imputar este juicio. Hombre de principios, siempre convenció a Duhalde de que se acercara a Domingo Cavallo, tanto que terminó siendo un correveidile -entre otras misiones crematísticas y espiritualesentre el ex ministro de Economía y el líder bonaerense. Esa cercanía a Cavallo era, naturalmente, por la inclinación de Pampuro hacia el centro derecha, al pensamiento liberal, del cual Cavallo era buen intérprete. Lo que suponía, claro, su enfrentamiento con posiciones de izquierda como las que personifica Elisa Carrió. A menos que Pampuro vaya en lo ideológico como le sucede con la depresión y la euforia, no habló por sí mismo sino por boca de otro.

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