Nada les place más a los grupúsculos de la izquierda que marcar la cancha frente a sus adversarios del mismo espectro. Lo prueba la felicidad con la cual el Partido Obrero, fracción del trotskismo que anima Jorge Altamira, festeja el ocaso del Foro de San Pablo. Esa cumbre internacional de las organizaciones de izquierda declina año a año por su contradicción con la realidad. El botón de muestra es que su estrella de los dos últimos años, Lula da Silva, lo ha sido también de otra cumbre, que también se hace en los meses de enero, pero que reúne al mundo empresario y político identificado con el capitalismo, el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Uno de los dos foros debía dar el paso al costado; el de Davos, que además es un formidable negocio de sus organizadores, no lo iba a hacer muy fácilmente. Pero eso este año el Foro de San Pablo anuncia su virtual disolución, sesionando en «foritos» regionales, no ya en una cumbre mundial. Veamos el acta de defunción que le extiende el partido de Altamira en el último número del periódico partidario «Prensa Obrera».
El Foro Social Mundial (FSM) volvió a reunirse en Porto Alegre, pero no para quedarse sino más bien como despedida. El año que viene habría encuentros « descentralizados» y en 2007 las sesiones se trasladarían a Africa. ¿Por qué un movimiento global se repliega a lo local?
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Desde el comienzo, el FSM planteó la estrategia de un acuerdo planetario entre la periferia del mundo y el centro imperialista para paliar las desigualdades mundiales. Imaginó inclusive una reformatributaria (un impuesto a ciertos movimientos financieros internacionales) para aplicarlo a la atenuación de la pobreza. Para subrayar que no cuestionaban la dominación capitalista como tal, el FSM se rebautizó rápidamente como « alterglobalizadores» (por «otra» globalización). De todos modos, el escenario planetario no se adaptó a los términos de ese acuerdo de caballeros entre ricos y pobres. En lugar de un pacto sobre la distribución de los ingresos planetarios,el mundo asistió a una seguidilla de guerras y revoluciones, de crisis y de masacres. No fue para esto que se había preparado el FSM. En contraste con este fracaso de perspectivas, los fundadores del FSM tuvieron resonantes victorias prácticas: la llegada de Lula al gobierno. Pero, desde el gobierno, en lugar de una «política de distribución de ingresos» a favor de los trabajadores, aplicaron una a favor de los bancos y el capital financiero. La famosa «tasa financiera» fue aplicada al revés, como una expropiación masiva de los explotados a favor de los usureros. Lula no es la excepción: el Frente Amplio en Uruguay, o Bertinotti en Italia, se proponen seguir los pasos de Lula. Asistimos, en consecuencia, a un completo derrumbe de perspectivas y de planteos.
Frente a la guerra, la corriente dominante del FSM se ha replegado al planteo «con la ONU, sí», siguiendo en esto a la Unión Europea. En todo caso, la ONU ha legitimado la invasión « unilateral» en Irak, y es cierto que cuidó las formas « multilaterales» en Haití, lo que explica que Haití ocupe un lugar secundario o nulo en la agenda del FSM. ¿Y ahora? Esto explica que para los que depositaron ilusiones en el FSM, la estrella sea ahora Chávez. Algunos especulan con la posibilidad de que el Foro renazca bajo un nuevo liderazgo del venezolano, especialmente en su versión «descentralizada». Pero esto significa que usan a Chávez para encubrir una retirada. Chávez, sin embargo, se encargó de respaldar a Lula (y a Kirchner) y se opuso a funcionar como «alternativa». Mientras tanto, los observadores invitados del FMI y el Banco Mundial pasaban oficialmente su humanidad por la ciudad «gaúcha» y explicaban su sensibilidad hacia los problemas sociales. El agotamiento del Foro es también un reflejo de los esfuerzosde la Unión Europea por llegar a un acomodamiento con Bush. También refleja la impasse de las masas de cara a fenómenos históricos concretos: la derrota de la Segunda Intifada, el avance del imperialismo (y la OTAN) en la ex URSS (por ejemplo, Ucrania y Georgia), la contención de los levantamientos populares (Argentina, Bolivia). Pero estas impasses son episódicas, la tendencia más fuerte es la crisis, la lucha interimperialista, las guerras y, por lo tanto, las revoluciones. La próxima etapa no solamente dará un nuevo «élan» al movimiento antiglobalizador sino que ayudará a definirlo en términos socialistas y revolucionarios. O sea, una nueva dirección y un nuevo método político.
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