29 de agosto 2001 - 00:00

UCR antigobierno bendijo inútil protesta de la CGT

En un trance difícil para el país, a los sindicalistas argentinos sólo se les ocurrió aportar, como grupo, una protesta con paro parcial de actividades. Para hoy a las 16 las dos CGT -la oficial de Daer y la disidente de Moyano- se propusieron llenar la Plaza de Mayo con consignas contra el gobierno. En esta ocasión se les sumarán a los gremialistas, de manera solapada, los dirigentes de la UCR que se han pasado a la oposición: Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau, Federico Storani. Ellos prometieron a los sindicalistas el aporte de sus militantes de Franja Morada y de la Juventud Radical. La coincidencia entre gremios y radicales es mezquina. Los sindicatos están enardecidos porque les piden (Patricia Bullrich) declaraciones juradas de bienes y, también, porque les dieron 170 millones de dólares en bonos y no en efectivo. Los radicales protestan porque Domingo Cavallo y también Bullrich quieren reducir la cantidad de contratados de la ANSeS y el PAMI, donde ellos incluyeron padrones completos de seguidores políticos. La manifestación de hoy con una especie de semiparo es una demostración más de la frivolidad de buena parte de la dirigencia sindical y política. A la población, mientras tanto, se le agregan dificultades de tránsito, caída en los días de escolaridad de los niños y jóvenes y, eventualmente, hasta violencia callejera, a los males que de por sí ya soporta por la larga recesión. Imperdonable.

Chrystian Colombo y Enrique Nosiglia, únicos gestores de los intereses del gobierno frente a la CGT, terminaron negociando con los sindicalistas una única cláusula antes de la movilización de hoy a Plaza de Mayo: que los insultos se concentren en Domingo Cavallo y Patricia Bullrich pero excluyan a Fernando de la Rúa, quien ayer pidió a la dirigencia gremial «que no haya violencia física y tampoco verbal».

Los gremialistas esperan que la manifestación se transforme en la muestra de repudio más importante contra la política económica del gobierno. La concentración comenzará a las 16 y las dos CGT se propusieron una concurrencia de 100.000 personas. Nadie calcula en la central obrera que haya algún hastío de la población ante los sucesivos paros y protestas en un trance difícil que vive el país.

Leerán un documento titulado «Antes que sea tarde» (sic) en el que se critica el principio de déficit cero y se plantea la necesidad de buscar coincidencias entre los diversos sectores para salir de la crisis.

• Distribución

Para evitar las clásicas «disputas» y gestos de violencia, se estableció la forma en que se distribuirán de las columnas de los distintos gremios. Para ello se delimitarán dos zonas, una a la izquierda del palco y hacia la calle Hipólito Yrigoyen, en la que se ubicarán las columnas de la CGT «disidente», que comenzarán a reunirse a las 14 en la esquina de 9 de Julio y Belgrano. El aparato de la CGT «oficial», por su parte, se colocará en el sector que va desde el palco hasta Rivadavia tras concentrarse en la Avenida de Mayo y 9 de Julio.

Los sindicalistas se comprometieron ante Colombo y Nosiglia a limitar sus diatribas, pero uno de sus capitostes se mofó de la promesa en estos términos: «De De la Rúa se van a encargar los chicos de Franja». Sucede que tanto «los gordos» de la CGT como quienes siguen a Hugo Moyano confían en que los disidentes de la UCR (Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau, Federico Storani) bonaerense aporten gente de sus organizaciones estudiantiles y de la Juventud Radical, además de la asociación de sindicalistas de la UCR, que en la central obrera fue siempre despreciada.

El pacto entre los gremios y los radicales antidelarruistas se selló en la casa de Raúl Alfonsín el lunes, cuando el jefe de la UCR recibió la visita de Rodolfo Daer, Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo. Allí, con Moreau a su lado, Alfonsín les adelantó a los sindicalistas: «Yo tengo un límite y ese límite es que el gobierno se meta en la ANSeS o en el PAMI a llevar una política de ajuste. Por eso, ya verán, el viernes el partido hará un documento muy claro al respecto». En efecto, este viernes se reunirá el plenario del Comité Nacional, que preside el propio Alfonsín, para lanzar una proclama contra la política de racionalidad fiscal del oficialismo. Esa reunión y ese pronunciamiento son el lanzamiento de campaña del propio caudillo de Chascomús, quien quiere proteger con el paraguas partidario los argumentos opositores que ventilará en la campaña proselitista para senador (dicen que hablará de la necesidad de renegociar la deuda pública, para lo cual ha comenzado a citar al secretario del Tesoro. Paul O'Neill).

La convergencia entre Alfonsín, Storani, Moreau y los gremialistas que hoy le harán otro paro al gobierno radical es bastante evidente: están enardecidos con que los recortes del gobierno caigan sobre la multitud de contratados con que han alimentado a la administración pública desde las filas del partido. Como es sabido, también por culpa de ese festival de designaciones (sólo en el Ministerio del Interior Storani produjo 479 contratos) los empleados públicos de carrera debieron soportar una rebaja de 13 por ciento en su salario.

• Coro

Por eso los dirigentes de la UCR despotrican contra Patricia Bullrich, quien lleva adelante la racionalización de la ANSeS. Forman un coro común con los gremialistas, desafiados por la ministra a exhibir las declaraciones juradas de sus bienes y de los de sus familias. Además, saben que la ministra está auspiciando que el plebiscito incluya una pregunta sobre libertad sindical, es decir, sobre la democratización de las burocracias que por décadas vienen manejando los gremialistas argentinos.

El otro blanco de radicales y gremialistas es, obviamente, Cavallo. La enemistad de Alfonsín, Moreau y Storani con el ministro no hay que ilustrarla demasiado. Los gremios, por su lado, están enfrentados por otras circunstancias. En especial porque creen que los bonos por 170 millones de dólares que les otorgaron no tienen la liquidez que ellos preveían. Ahora quieren otro tipo de título y, por eso, pretenden su propio «megacanje».

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