20 de septiembre 2001 - 00:00

UCR: también el jefe de diputados se pasó a la disidencia electoral

Un veterano dirigente radical que contempla la escena política desde su retiro bonaerense comentó ayer al cronista: «La campaña electoral muestra tantas incoherencias que ya parece el bloque final de 'Titanes en el ring', ¿se acuerda? Todos contra todos y hasta con golpes al árbitro». Daba la sensación de que se refería a la guerra verbal desatada entre dirigentes de la Alianza y Domingo Cavallo, sobre el resultado de las elecciones, donde desde una y otra vereda se pronosticaban mutuamente la derrota (ver Contratapa).

Sin embargo el intérprete que evocaba la saga de Martín Karadajián se refería a otros episodios, menos evidentes pero de todos modos reveladores del grado de incoherencia que domina hoy a la política. Por ejemplo, la conducta de algunos candidatos del radicalismo que no sólo defienden sino que hasta promueven las decisiones de la Casa Rosada en Buenos Aires pero las denuestan en sus provincias, cuando están buscando el voto para el 14 de octubre.

El caso más llamativo, sobre todo por la función que ocupa el protagonista, es el de Horacio Pernasetti, presidente del bloque de diputados nacionales de la UCR. Legislador preferido de Oscar Castillo, el gobernador de Catamarca, Pernasetti pretende que lo reelijan como diputado y cree que sólo lo conseguirá adoptando posturas pasablemente disidentes. Por ejemplo, alentó al bloque radical de la legislatura catamarqueña para que se pronuncie en contra de los recortes de salarios y jubilaciones con tanta intransigencia como la que el PJ podía exhibir en el Congreso de la Nación, donde a Pernasetti le tocó defender el «guadañazo».

Sin embargo, la principal testigo de esta conducta del presidente del bloque radical ha sido Patricia Bullrich. La ministra de Trabajo debió concurrir a la Cámara de Diputados para defender la política del gobierno en materia previsional, sobre todo para explicar las resoluciones que se están tomando en la ANSeS para combatir las jubilaciones «truchas». Como sucede con los miembros del gabinete que concurren al Congreso, Bullrich esperó que los diputados oficialistas, empezando por su jefe, actuaran como sus abogados. Pero no encontró esa predisposición: al contrario, los dardos venían desde la bancada radical y Pernasetti, lejos de envolverse en su bandera, indujo a varios jubilados catamarqueños -al parecer llegados espontáneamente desde la provincia-para que saludaran a la ministra de manera poco amistosa.

La postura de Pernasetti no debería llamar a sorpresa. El diputado expresa, uno más en aquel «Titanes en el ring» imaginario, el estado actual del oficialismo, donde Rodolfo Terragno, Leopoldo Moreau, los gobernadores Sergio Montiel y Alfredo Avelín, Juan Carlos Paso y hasta el propio Raúl Alfonsín critican la gestión de De la Rúa (se refieren, eso sí, a Cavallo), soñando ser oficialismo y oposición al mismo tiempo.

Guerrillas

La disidencia de este lote de dirigentes radicales es más que un argumento electoral. Forma parte de una guerra de guerrillas interna que tendrá varios campos después del 14 de octubre. Se librará en el Comité Nacional de la UCR, en la jefatura de la Cámara de Diputados, en las presidencias de los bloques parlamentarios y hasta en la jefatura del Senado. Quienes hacen campaña planteando contradicciones con la política de Olivos pretenden avanzar sobre esos cargos para forzar un cambio de política oficial o, en todo caso, ubicar al radicalismo en un andarivel distinto del que ocupa el gobierno, encaminados a la pelea por la sucesión presidencial de 2003 (si esa hazaña de despegar a la UCR de la gestión de De la Rúa fuera posible).

Si se quiere, el más prudente del grupo es Alfonsín, quien ya adelantó públicamente que no quiere ser presidente provisional del Senado (seguiría Mario Losada en esa posición) ni titular del bloque de senadores (el ex mandatario apenas quiere encabezar la comisión destinada a temas del Mercosur).

El caso de Pernasetti resulta más curioso que el de todos los anteriores. El quiere ser el adalid de De la Rúa en la Cámara baja y heredar así a Rafael Pascual en la presidencia del cuerpo, cargo por el cual está dispuesto a enfrentar a Moreau o a Jesús Rodríguez. Una pretensión que da demasiadas ventajas a sus adversarios y que tal vez perjudique al propio Pernasetti, quien corre el riesgo de recibir mamporros de todos lados en aquella pelea imaginaria de «Titanes en el ring».

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