Un frente común de tres países por caso Betancourt
-
Marcha atrás de la Justicia sobre la ley de Financiamiento Universitario: suspendieron provisoriamente su implementación
-
Gendarmería y Prefectura resisten pago de deudas con obra social militar
El presidente colombiano, Alvaro Uribe, caminaba ayer a la mañana por el frente de la Casa Rosada, después de haber hablado con Cristina de Kirchner sobre el caso Ingrid Betancourt.
La tarea de ayer de la Presidente fue explicarle a Uribe que el frente se concentrará en políticas estrictamente humanitarias y que en ningún momento habrá cuestionamientos a la autoridad soberana del colombiano. Este tema es fundamental, ya que es la exigencia del jefe de Estado para poder plantear la posibilidad de un encuentro en un territorio neutral dentro de Colombia para establecer las negociaciones.
La última reunión donde se habló del caso Betancourt fue la más pública. Sucedió por la tarde, después del encuentro entre Cristina de Kirchner y Hugo Chávez, cuando Yolanda Pulecio, madre de Betancourt, y la senadora Piedad Córdoba (que intervino en la fallida mediación de Chávez), llegaron a la Casa Rosada. En la reunión, tanto Córdoba como Pulecio fueron críticas por la actitud de Uribe en la negociación con los miembros de la FARC. «Uribe es una persona muy complicada.
Por primera vez las FARC estaban dispuestas a negociar y estaba todo acordado para que el 25 de diciembre se liberen rehenes, y Uribe tumbó todo», dijo la senadora Pilar Córdoba.
En la misma línea, Pulecio sostuvo: «Ya sabemos cómo es el presidente Uribe. Espero muy poco de él; espero más de las FARC en este momento con la presión de la comunidad internacional».
La base del acuerdo discutido ayer es la formación de una «zona de encuentro» de 150 kilómetros cuadrados, ubicada cerca de la frontera con Brasil, donde se pactaría el intercambio de unos 45 rehenes por 500 prisioneros de las FARC. Según se hablaba ayer en Buenos Aires, Sarkozy ya habría establecido también contactos con las FARC para acelerar las negociaciones. Por cuestiones políticas internas, Francia necesitaba que al menos dos países de la región, que tengan buenas relaciones tanto con Colombia como con Chávez, puedan ser el brazo ejecutor de las discusiones con la guerrilla colombiana. De allí el llamado, y la aceptación posterior, de la intervención de la Argentina y Brasil en el caso, con la presencia de Venezuela en un segundo y casi imperceptible nivel, lo que definitivamente terminó de discutirse y arreglarse en las últimas 48 horas en Buenos Aires.




Dejá tu comentario