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Podría decirse que la historia recientede Gualeguaychú está identificada con dos emprendimientos: el desarrollo del balneario Ñandubaysal y la realización del carnaval.
Para el clima de la época, convertir esas playas en un recreo popular era, para la escala local, como hacer del Sheraton un hospital de niños. Bibé no llegó a tanto: apenas creó una Corporación de Desarrollo de la Ciudad y consiguió que los descendientes de don Saturnino convirtieran esa parte de sus campos en un balneario privado con acceso al público.
La instalación de las papeleras, sobre todo la de Botnia, que plantó su enorme chimenea frente a esa playa, contribuye hoy a cierta idealización del lugar. En Gualeguaychú destacan que sus arenas son blanquísimas, que se puede caminar 500 metros río adentro sin que el agua supere la cintura de una persona de normal estatura, que al tratarse de un fondo arenoso y no de un lodazal el agua es transparente y que, ya en una dimensión paradisíaca, los ejemplares que allí se pescan son menos grasosos que los que se crían en el fango del fondo del Paraná. A esta fama del agua se corresponde la del cielo: dicen que los atardeceres de Ñandubaysal son internacionales. ENCE y, sobre todo, Botnia, vendrían a arruinar esta postal con el humo de sus fábricas. Aunque no contaminencomo suponen sus peores detractores. Y este efecto abriría una herida en la economía del lugar: cada fin de semana del verano, pagando unas monedas, acceden a ese balneario de casi 10 kilómetros más de 40.000 personas. Los que no se instalan en el camping que se extiende sobre un área boscosa se alojan en los pequeños hoteles y hosterías de Gualeguaychú. En la ciudad festejan que, sólo en enero y febrero, ingresaron 176 millones de pesos por la actividad turística. Sin contar con los 50.000 visitantes que llegan para el carnaval y dinamizan la actividad hotelera.
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