10 de marzo 2003 - 00:00

Un nuevo esfuerzo de Duhalde para que admitan a Kirchner

La convocatoria se realizó el viernes por la tarde, casi de urgencia, y la sede elegida para el asado, la quinta Los Caudillos, del pseudoministro Hugo Toledo, daba ya una idea de cuál sería el resultado de la reunión: un recitado del catecismo duhaldista adaptado a las circunstancias del momento, en especial a la necesidad de mejorar las perspectivas de Néstor Kirchner para las elecciones del 27 de abril. Ayer el clan duhaldista en pleno se sentó a la mesa en ese reducto de Canning (en las proximidades de Ezeiza) para escuchar la voz del amo, Eduardo Duhalde.

Menú, previsible: empanadas de carne picada (Antonio Arcuri se queja de que no conozcan las virtudes del relleno cortado a cuchilla, que él probó en lo de Daniel Lalín), tiras de asado y vacíos y mucho champagne, como es costumbre en la casa. Otro reproche, que no se haya servido postre: «En lo de Toledo, el postre es más champagne», explicó un entendido. Lo eran casi todos: además de Duhalde, estaban su esposa Chiche y la plana mayor del grupo, desde Felipe Solá y la mujer que le dijo «sí» (Graciela Giannettasio) hasta Hugo Curto y Daniel Basile, de Mabel Müller y Oscar Rodríguez a Alfredo Atanasof y Aníbal Fernández. Como suele suceder en esas tertulias del conurbano, también se convoca a un par de representantes de cada una de las ocho secciones electorales bonaerenses para que haga un informe sobre la situación interna de la zona.

Duhalde se encargó personalmente del sermón central. Dejó en claro que, naturalmente, entiende el problema: el riesgo mayor de Néstor Kirchner consiste en que el 30 de mayo, cuando se resuelva la interna de la provincia de Buenos Aires, todo el duhaldismo comience a dormitar y se desentienda de la suerte del candidato patagónico. «Si no gana Kirchner, la elección bonaerense se va a complicar; por eso hay que apoyar al candidato.» La insinuación diversificó los comentarios. Los mejor informados nombraron el fantasma más temible de los que recorren el oficialismo bonaerense: en la mesa chica de Carlos Menem se comenzó a pensar en la intervención del PJ provincial, para provocar una interna que sintetice las distintas ofertas electorales en que se divide hoy esa fuerza, o bien, para que el interventor diagrame una sola lista.

•Alentador

Desde un rincón se le preguntó a Duhalde «¿por qué la campaña de Kirchner carece de un discurso claro y termina diciendo que va a llevar al gobierno a Chacho Alvarez?». Duhalde asintió y sorprendió. Dijo que «es cierto, además enfrente tiene a un candidato muy bueno como es Menem, que controla perfectamente lo que hay que decir en cada momento, ante cada público, en cada debate. Yo le dije a Néstor que lo de Chacho fue un error, pero él me explicó que lo sacaron de contexto». En la reunión de ayer, se tomó nota de que las declaraciones de Kirchner diciendo que traería al ruedo político nuevamente a Alvarez serían tomadas por sus adversarios para hostigarlo (ver recuadro).

Duhalde fue alentador, de todos modos, para las posibilidades de Kirchner: «Está tres puntos arriba de Menem en la provincia y hay que hacerlo entrar en el ballottage. La ventaja que tenemos en Capital, además, se fortalece con la que aparece en Chubut. Pero hay que trabajar...».

Antes de pasar a la revisión del panorama bonaerense, sección por sección electoral, se decidieron algunas acciones en favor de Kirchner. Primero, cederle el cierre de campaña a José Manuel de la Sota, quien promete volcar Córdoba en favor de «Lupín». El acto sería el 24 de abril. Ese día Menem estará en River, por donde ya habrá pasado Kirchner: ayer en lo de Toledo, se resolvió que a comienzos del mes próximo se realizará una concentración en ese estadio para volcar la adhesión del conurbano. ¿Santa Fe? Todavía no se consiguió esa base, a pesar de que Duhalde envió a Juan Carlos Mazzón a esa provincia este fin de semana.

Agotado el temario de la campaña de Kirchner, los capitostes del conurbano se sumergieron en sus propios problemas. Ni una palabra sobre la suerte de Solá, que se trató a solas en un aparte previo del gobernador con su padrino, Duhalde. Allí el Presidente le hizo notar al candidato la ventaja que le sigue sacando Aldo Rico, a pesar de la mejoría que le produjo la asociación con Chiche Duhalde. El problema de Solá sigue siendo la seguridad, y él no atina a darle una salida que mejore su imagen.

En público, ni una palabra sobre estas inquietudes. Duhalde festejó que en todas las secciones, salvo en La Plata, no haya habido choque en las listas de diputados y senadores provinciales (en la capital provincial, se presentaron ocho). En cambio, a nivel de intendencias, en casi todos lados hay guerra. El Presidente festejó: «Está bien que se contenga a los compañeros porque al haber tantas posibilidades de ir por afuera la dispersión es muy tentadora». Apenas algunos minutos para casos particulares, como los de La Matanza, San Martín o Lomas de Zamora, Anillaco del duhaldismo, donde dos candidatos del riñón presidencial (el indispensable Jorge Rossi y José Romero) prometen reunirse para bloquear las posibilidades de María Elena Mércuri, la mujer de Osvaldo, el único díscolo que no aceptó la imposición del «solismo».

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