13 de diciembre 2005 - 00:00

Una Chiche crítica no logra sumar adhesiones

Chiche Duhalde
Chiche Duhalde
Casi en soledad, desde su banca del Senado, Hilda Chiche Duhalde buscará convertirse en la capitana del PJ opositor a Néstor Kirchner, mensaje que desglosó la semana pasada en su despedida del mermado bloque de diputados nacionales del peronismo de Buenos Aires. Nadie diría que su pedido fue escuchado.

Fue un grito de guerra, entre sordos, y en una mala hora para los escoltas de Eduardo Duhalde: sus seguidores comenzaron a sufrir una hemorragia prevista que, después de las elecciones, los apartó de algunos rincones de poder.

Un efecto dominó: el ex presidente se retiró del Mercosur y en su lugar ingresó Carlos Chacho Alvarez, su confidente de otrora; a Eduardo Camaño lo corrieron de la jefatura de la Cámara de Diputados de la Nación, y a Osvaldo Mércuri, del mismo sitial bonaerense.

Todo ocurrió en una semana difícil para el sector: en tres días, el duhaldismo sólo retuvo la vicegobernación bonaerense, vía Graciela Giannettasio -que se abrazó el lunes pasado con Cristina Fernández- y la ilusión de ocupar, en marzo, la vice tercera de la Cámara baja nacional.

Lo demás se diluyó. Antes controlaban la línea de sucesión de Felipe Solá a través de Giannettasio, Antonio Arcuri -vice del Senado- y Mércuri. Ya no: en un hecho inédito desde 1983, el PJ oficial no ocupa -salvo la vicegobernación- cargos en el Parlamento bonaerense.

La coronación de ese fenómeno es la ¿definitiva? exclusión -forzada- de Duhalde del ring político. Al menos, es lo que él dice y proclama. Por eso, Chiche quiere convertirse en la conductora del duhaldismo residual que José María Díaz Bancalari sugiere dejar de llamar duhaldismo.

• Reproches

El lunes, en su última actuación como diputada por Buenos Aires -es senadora, aunque todavía no juró-, Chiche se despachó duro y mucho contra el gobierno. Orientó sus reproches sobre la Ley de Presupuesto que el gobierno pretende tratar este miércoles en la Cámara baja.

Alimentó, además, los cuestionamientos contra
Rafael Bielsa por sus vaivenes y festejó la ocurrencia cuando en el bloque desarchivaron la doctrina Yoma, que sostiene que cuando un legislador presenta su renuncia ya no le pertenece sino que pertenece al Congreso.

Aquel argumento lo tejió el futuro embajador en México cuando
Alicia Saadi presentó su dimisión para permitir la asunción de su hermano como senador y luego decidió dar marcha atrás como la semana pasada hizo Bielsa.

Husmeando papeles, un duahldista lo encontró y Chiche lo multiplicó como panes.

«Está con la cara pintada»,
relató un legislador que participó de la reunión de bloque y quien preferiría una pacificación en el trato con la Casa Rosada. Pero ella no está sola: la escolta un núcleo duro donde circulan Alfredo Atanasof, Mabel Müller y Oscar Rodríguez, entre otros. Hoy no son los más importantes.

Pero ¿tiene la ex primera dama chances de capitanear ese núcleo crítico? Las apuestas no benefician a Chiche. Eso sí: su relación con varios dirigentes del PJ, como Díaz Bancalari, se ha vuelto nula, y eran casi de la familia. La razón es simple: las reiteradas visitas de quien fue su compañero de lista a la Casa Rosada para reunirse con Kirchner y su declarada postura de sintonizar con el gobierno convirtieron -otra vez- al nicoleño en blanco de las críticas de la dama bonaerense.

Al jefe del bloque le cuestiona, cuentan los afines a la senadora, que no tuvo una posición de mayor respaldo a
Luis Patti cuando el kirchnerismo bloqueó su jura. Todo lo contrario de otro duhaldista, Jorge Landau, rival de Patti en Escobar, quien se encargó de fundamentar a favor del ex comisario.

Landau
se alineó porque, detalle que no recordaron otros duhaldistas, Patti le aportó votos para el PJ bonaerense. O, para ser más preciso, para la senaduría de Chiche Duhalde. Entonces, desde su bloque unipersonal, Chiche planea reforzar su postura crítica contra el gobierno. Pero ese método, en todo caso, será protagonizado por otros.

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