Carlos Menem acusó ayer a Eduardo Duhalde de haberse «quitado la máscara de la neutralidad» en la puja interna por la candidatura presidencial del peronismo y de concentrar su tarea en atacarlo a él. En un comunicado que se conoció anoche en La Rioja, como resultado de una activa jornada del ex presidente, Menem dijo que Duhalde se ha dedicado además a «aportar a la campaña sucia» para sacarlo a él del campo electoral. Sin embargo, la respuesta es corta y suave, como si el riojano piensa que tantos ataques, desde la izquierda hasta el duhaldismo, lo estuvieran beneficiando. En realidad es así. Aun con la recorrida de De la Sota por TV no logra igualar la difusión que logra Menem vía tantos ataques.
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Ese comunicado del ex presidente fue la respuesta a los dichos del matrimonio Duhalde acumulados el martes por varios medios. Ese día, por caso, Chiche Duhalde había pedido las cámaras de un canal de cable para mortificarlo a Menem con expresiones de este tipo: «Carlos Menem ha sido nefasto para el país y él tiene la culpa de mucho de lo que ocurre» o « la interna justicialista va a terminar con Menem si no termina antes la Justicia». Sobre la participación del riojano en esa interna, la esposa del Presidente, que cumple funciones con manejo de gente y de cuantiosos fondos pero sin la designación que la sujetaría a controles legales, sancionó ligeramente que Menem « no podría ser candidato por haber mentido sobre la existencia de sus cuentas en Suiza» (usó el plural cuando sólo se conoce una cuenta, de 1986).
Ese mismo martes, Duhalde había usado dos radios para anunciar que Menem no es su candidato en la interna presidencial del peronismo, lo cual es obvio. En ningún momento desmintió la frase que le atribuyó un diario del fin de semana sobre que si Menem fuera el candidato presidencial del PJ el 30 de marzo Duhalde viajaría a más de 500 kilómetros de distancia de su domicilio para eximirse de votarlo.
• Fueros conyugales
El presidente designado no se pronunció a favor de José Manuel de la Sota, que es ya inocultablemente el candidato de Olivos. Pero su esposa hizo uso de los fueros conyugales para blanquear la opinión familiar: De la Sota, dijo Chiche González, «se presenta como candidato más serio».
Ese martes, Duhalde había dicho que el riojano persistiría, frente a sus críticos, en la nominación porque era un hombre «obsesionado por el poder».
La respuesta del ex presidente expresa:
«El Dr. Eduardo Duhalde ha decidido quitarse la máscara de presunta neutralidad con que pretendía exhibirse en el tema de la interna del Partido Justicialista y ha mostrado que su principal designio -y evidentemente su principal preocupación, antes que gobernar- es atacar a Carlos Menem, aportar a la campaña sucia que se viene desarrollando contra mí y alentar cualquier vía para sacarme del campo electoral. Esto es tan evidente que no necesita ser probado. A confesión de parte, relevo de pruebas. Estos comportamientos tienen un motivo: pese a tantas calumnias e infundios, mi candidatura está más firme que nunca, los peronistas y un amplio sector del electorado independiente la respaldan porque recuerdan la Argentina de los años '90 han padecido lo que vino después y confían en nuestras propuestas para el futuro y en nuestra capacidad para devolver al país la gobernabilidad, la estabilidad, el crecimiento y la seguridad.»
«El Dr. Duhalde ha dicho que yo estoy 'obsesionado por el poder'. Quiero recordarle que yo no llegué a la presidencia de la Nación como fruto de intrigas, golpes o maniobras. Llegué con el voto de los argentinos, como había llegado antes a la gobernación de La Rioja en tres oportunidades. Siempre he respetado la voz del pueblo, que es la voz de Dios, y en el caso del peronismo, la voz de sus hombres y mujeres y la de sus legítimos cuerpos orgánicos. El Dr. Duhalde debería utilizar todo el tiempo que le queda en su cargo no a la pequeña política o a las campañas contra Menem, sino a resolver los problemas creados por la ineptitud de sus socios de la Alianza y por sus propias decisiones, que han convertido este tiempo, como él mismo lo admitió, en 'la peor etapa de la historia argentina'. Una etapa que ha duplicado los pobres, los indigentes y los desempleados, ha multiplicado las quiebras y ha convertido al país de los alimentos en una Nación donde millones de argentinos pasan hambre.»
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