Para un sector tan refractario a los cambios como el sindicalismo, el enroque de esta semana en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) promete repercusiones de largo aliento que incluirán un necesario rebalanceo de las cuotas de poder dentro de la CGT, en sintonía con los alineamientos políticos en el Frente de Todos. La salida de Antonio Caló y su reemplazo por Abel Furlán tendrá como primer impacto en el ambiente gremial un fortalecimiento del sector que lidera Hugo Moyano en desmedro de los “gordos” de los grandes sindicatos de servicios que siempre contaron con los metalúrgicos como aliados estratégicos.
Recambio en UOM altera el mapa de control en la CGT y empodera al sector de Moyano
La llegada de Abel Furlán al mayor gremio industrial amenaza con cambiar los equilibrios de poder en la central obrera.
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Los primeros instantes de Furlán, líder de la seccional Zárate-Campana de la UOM, como nuevo secretario general del gremio a nivel nacional, validaron esas previsiones. Cerca de Moyano celebraron su arribo y lo consideraron casi un triunfo propio tanto como en La Cámpora, que apuró una presencia estelar en el acto de asunción de otro victorioso de la elección del gremio de hace dos semanas: Máximo Kirchner acudió junto a la intendenta Mayra Mendoza y otros dirigentes afines al acto de toma de posesión de Adrián Pérez como nuevo titular de la seccional Quilmes, parte de la corriente que desembocó en el enroque de cúpula de esta semana.
Ayer, sin embargo, el metalúrgico desilusionó a sus patrocinadores del kirchnerismo al no presentarse en la Plaza de Mayo junto a la columna de La Cámpora que acudió masivamente al acto por el nuevo aniversario del golpe de Estado de la última dictadura. En varios espacios sindicales lo atribuyeron a un intento por tomar distancia y mostrarse más independiente en términos políticos, un propósito que se fijó apenas los medios de comunicación comenzaron a identificarlo linealmente con el sector que responde a Cristina de Kirchner.
En cambio, el cimbronazo en la CGT está sellado. Antonio Caló era considerado un leal por los “gordos” y cercano también a los “independientes” de buen diálogo con todos los gobiernos. La diplomacia sindical con la que ejerció su cargo desde 2004 tuvo como límite el sector de Moyano. De hecho el “Tano” fue secretario general de una versión de la central obrera a la que se denominó “Alsina” por la sede de la UOM en los últimos años de mandato de Cristina de Kirchner. Fue producto de una escisión en la central que promovió la entonces Presidenta y que dejó a cargo de la otra CGT a Hugo Moyano, en posesión del edificio de Azopardo 802 pero sin los atributos administrativos de la organización, que detentaron entonces Caló y los “gordos”.
Ese vínculo de Caló con el kirchnerismo se interrumpió en 2017 cuando hubo un respaldo orgánico del sindicato metalúrgico a favor de Florencio Randazzo. Esa distancia incluyó todo el proceso de rearme del espacio kirchnerista que derivó en el triunfo del Frente de Todos y que dejó a Caló del lado de los dirigentes “institucionalistas” como soporte lineal de Alberto Fernández. Furlán, en cambio, fue diputado del Frente para la Victoria entre 2015 y 2019 y por lo tanto testigo privilegiado de la reconciliación entre Cristina de Kirchner y Hugo Moyano.
A tal punto es clave el recambio en la UOM dentro de la CGT que uno de los reproches más duros contra Caló de parte de sus rivales internos fue haber resignado integrar un triunvirato de líderes de la central. Esa ambición, que el “Tano” publicitó en cuanto foro gremial tuvo oportunidad, logró el apoyo de los sindicatos industriales y también del Frente Sindical por el Modelo Nacional (Fresimona), encabezado por Moyano. Toda esa red de contención no alcanzó para convencer a Caló de darles pelea a los “gordos” e “independientes” que tenían resuelto repetir a Héctor Daer y Carlos Acuña en el triunvirato, y sólo ceder el tercer puesto a Pablo Moyano.
El jefe de los camioneros y la dirigencia de los gremios industriales, con Ricardo Pignanelli y Mario Manrique (mecánicos, Smata) al frente, no se lo perdonaron. Los opositores de Caló, tampoco. Y encontraron en esa debilidad manifiesta un elemento para martillar contra la figura del entonces secretario general, que acumuló más deterioro cuando varias seccionales le dieron la espalda en las elecciones locales de hace dos semanas.
Para Moyano, sumar a la UOM a su red de gremios afines podría representar la mayor acumulación de poder sindical desde los tiempos en que Néstor Kirchner lo eligió como su dirigente de confianza. El camionero ya controla la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT) y sostiene una alianza estratégica con el Smata, el segundo sindicato fabril en importancia. Con la UOM de su lado ya nadie podría hacerle sombra al menos en potestad de paralización de la actividad económica.




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