3 de enero 2001 - 00:00

Urnas: 4 radicales para fijar la táctica oficial

Alfonsín, Rafael Pascual, Carlos Becerra y Federico Storani se reunirán muy discretamente el 19 de enero próximo para examinar la estrategia electoral del oficialismo para este año. El encuentro servirá para analizar la posibilidad de fragmentar esos comicios en distintos turnos según sea la provincia en cuestión, según adelantó ayer este diario. También lo que indican las encuestas distrito por distrito y los principales argumentos a los que deberá apelar el gobierno para lograr su mejor performance. Un dato que conviene destacar desde el comienzo: del encuentro van a participar solamente radicales porque una de las cuestiones más espinosas que se discutirán ese día es de qué manera la UCR y el Fre-paso presentarán en público su tormentoso vínculo.

La idea de desarticular los comicios de este año comenzó a analizarse ayer en la mesa de Fernando de la Rúa (ayer pasaron por su despacho José María García Arecha, Marcelo Stubrin y Antonio Berhongaray, además de los funcionarios de rutina, y todos se sofocaron por la carencia de aire acondicionado con que el Presidente agasaja a sus invitados). En el Ministerio del Interior ignoraban hasta ayer la alternativa de «tupacamarizar» las elecciones y lo hicieron saber a través de un cable de la agencia oficial. El grado de desapego de Storani por sus responsabilidades ya roza la comicidad. Al ministro debieron explicarle que cuando se habla de desdoblar no quiere decirse que habrá comicios de diputados y de senadores en fechas distintas (lo que provocaría que se pierda dos veces en muchos distritos) sino que las elecciones seguirían siendo conjuntas pero no se convocarían para el mismo día en todo el país. Otra peculiaridad que deberían tener estas elecciones, si finalmente se opta por el fraccionamiento, es que la catarata sería muy acotada en el calendario: en su cláusula transitoria quinta la Constitución establece que las elecciones de renovación del Senado deben realizarse dentro de los dos meses anteriores al 10 de diciembre. Es decir que el gobierno podría llamar a las urnas el 14, 21 y 28 de octubre, el 4, 11, 18 y 25 de noviembre y el 2 de diciembre. A Storani se lo explicará detenidamente De la Rúa.

Impacto

El objeto de multiplicar las fechas no es solamente compensar resultados exitosos con otros que ya desde ahora se suponen malos en una presentación feudalizada de los comicios que impida que se compare el volumen total de votos que sacó cada partido en el orden nacional (en principio favorable al PJ que controla los distritos más importantes). El gobierno apunta principalmente a presentar de mane-ra conjunta, en un mismo día, las dos elecciones acaso más impactantes de ese día: la de la Capital Federal, donde se presume un triunfo de la Alianza frente a Domingo Cavallo, y la de la provincia de Buenos Aires, cuyo triunfo se atribuye desde ahora al PJ de Carlos Ruckauf.

Otro problema que se analizará en la mesa a la que invitó ayer el secretario de Inteligencia Becerra es el de la caída de popularidad del gobierno, sobre todo a lo largo del segundo semestre del último año. La biblia oficial para analizar este fenómeno es la encuesta de Analogías (Analía del Franco/Luis Stuhlman) en la que se describe ese deterioro en la provincia de Buenos Aires. Según ese sondeo, la Alianza como fuerza cayó de 31% a 18% de adhesión de junio a diciembre; el PJ se mantuvo estable en el mismo período con 25 por ciento.

Estos datos, que se reproducen casi sistemáticamente a lo largo de todo el país, entusiasman al gobierno: revelan, según su lectura, que la pérdida de adherentes pasó a nutrir a un conjunto de indecisos-desencantados pero no benefició automáticamente al PJ. Desde este escalón los operadores electorales del gobierno pasan a otro: la conveniencia de reflotar en sus peores rasgos el enfrentamiento de Carlos Menem. El senador José María García Arecha lo propuso hace tiempo en la intimidad del gobierno con el argumento de que el rechazo a Menem es el sentimiento que más debería explotarse para que los desencantados de De la Rúa no se arrojen en brazos de la oposición (es obvio que el razonamiento sirve para el área metropolitana más que para distritos del interior donde la figura del riojano conserva mejores índices de adhesión).

La elección bonaerense ofrece todavía un problema adicional, que es la incógnita sobre la candidatura de Alfonsín (ver nota en Contratapa). En la mesa del 19 se examinará también ese tema con el interesado. Hasta ahora nadie descarta en el gobierno que el jefe partidario vaya a competir en la provincia. Si pide tiempo, creen De la Rúa y sus amigos, es para evaluar la situación general del gobierno para marzo o abril y también para desentrañar qué sucede en el campo adversario. Es cierto que Ruckauf parece condenado a hacerse representar por Eduardo Duhalde, aun cuando un triunfo del ex gobernador puede resultar amenazante para 2003. Pero Alfonsín quiere estar seguro de que las cosas serán así: está dispuesto a perder frente al PJ pero si ese partido está representado ante uno de sus dirigentes principales. No debe olvidarse que, con tal de no perder con una figura secundaria y femenina (tal vez en la UCR sean sinónimos), Chiche Duhalde, el caudillo de Chascomús prefirió admitir la formación de la Alianza.

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