Valijero: Chávez dice que no debe ninguna explicación
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El venezolano Guido Antonini Wilson, protagonista del escándalo de la valija.
«Se trata de una investigación policial y no soy yo ni Kirchner quienes investigaremos ese caso», dijo en su programa. «Ya comienzan a decir que eran unos dólares de Chávez, tratando de manchar al gobierno de la Argentina y de Venezuela y más aún, tratando de ponernos a pelear», aseguró.
Detrás de esa interpretación conspirativa estánlos hechos: el gobierno de Kirchner reaccionó con una velocidad inusitada para sacar de su puesto a uno de los funcionarios clave del área de Julio De Vido, el multifacético Claudio Uberti, jefe, entre otras cosas, de las relaciones comerciales con Venezuela.
Antes de tomar esa decisión, Kirchner ya le había pedido -hoy no se le puede exigir mucho a Venezuela- una cabeza caribeña para compensar y dejar terminado allí el asunto.
Después de algunas dilaciones, el venezolano aceptó y entregó a Diego Uzcátegui, coordinadorde la oficina del presidente de PDVSA y jefe de la filial local de la petrolera, pero no hubo disculpas públicas al gobierno argentino como esperaba algún ministro criollo para desligar definitivamente a la administración Kirchner del escándalo y circunscribirlo a una desprolijidad más de la tumultuosa caravana de dólares que se adjudican a las operaciones de PDVSA.
Nada de eso sucedió. Cuanto más intrincada se vuelve la trama de los negocios de Antonini Wilson con el gobierno de Venezuela y con la Argentina, menos probable aparece que Chávez ayude a Kirchner a desprenderse del problema.
Para la fiscal María Luz Rivas Diez era clave volver a tomar declaración testimonial a todos los agentes de la Policía de Seguridad Aeronáutica y de la Aduana que actuaron la madrugada del 4 de agosto, cuando el Cessna Citation 750 X alquilado por ENARSA a Royal Class llegó a la terminal Sur de Aeroparque.
Algunos de esos agentes ya comenzaron a ampliar su declaración original y de esos relatos ya está surgiendo que esa noche se dijo mucho más entre los policías y los pasajeros arribados que las historias que hasta ahora se conocen. Resultan más creíbles los alardeos de Antonini Wilson sobre sus vinculaciones con el gobierno de Chávez, que justificar su viaje en una invitación que le habría hecho Daniel Uzcátegui de subir al avión, el hijo del removido funcionario de PDVSA, que con 19 años tenía un trato más que familiar con el valijero.
Siguiendo esos argumentos, esta semana se sabrá si los tres argentinos que integraban el pasaje -Uberti, Exequiel Espinoza, presidente de ENARSA, y Victoria Bereziuk-, más el resto de la delegación de PDVSA salieron inmediatamente de la Aduana dejando a Antonini Wilson y Uzcátegui hijo con el trámite de secuestro de los u$s 800.000 o hubo en el medio diálogos cruzados como ya trascendió.
Chávez le sigue recordando a Kirchner que ambos gobiernos están en el mismo barco, o avión en este caso. «Nosotros no tenemos, como dijo Kirchner, nada que tapar y nosotros tampoco tenemos nada que ocultar, absolutamente nada. Ah, pero tratan de dañar la relación, de mancharla», afirmaba ayer el venezolano en su programa. «Están tratando de sembrar cizaña, lo que no saben es la profundidad de la relación que tenemos con Cristina, con Néstor», remató el venezolano.
Pero mientras eso sucede, el FBI ya busca a Antonini Wilson en EE.UU. Tiene como orden para hacerlo el pedido de la jueza Novatti, pero cuando lo encuentre -en Venezuela se sostiene que eso ya pasó por propia presentación del «valijero» a la Justicia y que de hecho existen declaraciones suyas en poder de ese organismo investigador- tendrá que cotejar, antes de iniciar un improbable trámite de extradición, otras denuncias que existen en la Florida contra el venezolano. Una de ellas fue presentada la semana pasada por el representante de residentes caraqueños allí por lavado de dinero, un delito que los norteamericanos no dejarán sin investigar.



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