Carlos Kunkel, el subsecretario general de la Presidencia, se está haciendo famoso por su vocación de vocero agresivo. Su último blanco fue Raúl Alfonsín, a quien le contestó cosas que el ex presidente no dijo (ayer Alberto Fernández le pidió públicamente a Kunkel que se desdiga). Ya en los años '70, cuando era diputado nacional, este Kunkel buscó la fama con sus apariciones públicas: cuando sus amigos militaban en la guerrilla montonera, él prefería aparecer en los medios oponiéndose a la moderación de Juan Perón.
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Con Kirchner le costó algún disgusto este exhibicionismo: bastó que una revista amiga lo presentara como su «estratega» para que el Presidente le recriminara esas ínfulas. Igual que la permanente referencia a que, en La Plata, durante los '70, él era el jefe del actual mandatario. Altisonante, bastante obvio, Kunkel acostumbra a expresar las posiciones más extremas del pensamiento oficial. De todos modos, suele ser selectivo en sus confesiones y desahogos: de su paso por el municipio de Florencio Varela en los '90, como secretario de gobierno del ultraduhaldista Julio Pereyra, este expansivo subsecretario dijo hasta ahora poco y nada. Como se ve, Kunkel también sabe guardar silencio. Informate más
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