18 de septiembre 2006 - 00:00

Vocero habitual del gobierno prevé 4 años de reformas institucionales

(Incluiría nueva reforma constitucional del kirchnerismo)

Carl Schmitt y Cristina Kirchner
Carl Schmitt y Cristina Kirchner
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Un columnista dominical que escribe sobre el futuro argentino algo tan obvio como «nada garantiza la ausencia de estremecimientos por motivos internos o externos», realmente tiene poco que decir y rellena su columna. Sin embargo Eduardo van der Kooy de «Clarín» -autor de esa frase para la antología del periodismo- tiene una afirmación tan importante como preocupante.Téngase en cuenta que consume mensajes directos de la Casa Rosada o sea que es vocero oficial, como el diario donde escribe. Así trae esta información: «Los próximos cuatro años no estarían marcados por las demandas económicas sino por las reformas de índole institucional... la posibilidad de otra modificación constitucional que corrija supuestos errores de la sancionada en 1994". En realidad, la reforma de 1994 fue un mamarracho a partir de su penosa motivación: Carlos Menem para lograr llegar a 10 años y medio de mandato y Raúl Alfonsín para poner un tercer senador con lo cual, a falta de ideología coherente que le permita vigencia política al radicalismo -igual fue un fracaso porque en la última elección sacó su partido 2% en todo el país- por lo menos le lograba una dieta parlamentaria a algunos de sus hombres. Del mamarracho a que un gobierno como el de Néstor Kirchner encare «una reforma constitucional» es para alarmarse. ¿Querrá, como Evo Morales en Bolivia, que luego la constituyente se proclame soberana, se ponga encima de los tres poderes constituidos y hasta que modifique la reglamentación de su convocatoria para aprobar por simple mayoría y no los dos tercios sus decisiones de cambio a la Carta Magna? Es una acechanza grave en un gobierno encaminado a una dictadura con todas las modificaciones que le aprobó a la actual Constitución. Pensemos que con las cajas más abultadas en el Estado en más de 120 años -es sabido, porque «los chinos comen»- logró sólo 40% en la elección pasada. ¿Que pasaría si, lograda su reelección, el gobierno les demora las partidas extras de dinero a las provincias hasta que no le permitan designar sus propios constituyentes? Tendríamos, con una reforma así una dictadura constitucional, figura constitucional descrita y así mencionada por Carl Schmitt ya en 1920 y adelantándose a Adolf Hitler cuyo régimen nació en elecciones y mantuvo la Constitución de Weimar, salvo un decreto que suprimía todas las garantías individuales que mantuvo vigente hasta su muerte. Cuando analiza otra actualidad el columnista muestra no baches sino lagunas. ¿Quién asegura que en los próximos cuatro años no van a predominar las «demandas económicas» en países sin desarrollo como el nuestro, saturados de demandas sociales insatisfechas, alta desocupación de más de tres millones de personas, empresas saqueadas por el moyanismo con precios congelados y mucho más? Dice que Cristina Kirchner no aceptará la candidatura presidencial. El abreva en fuentes oficiales pero ya la lógica mínima lo decía. Cita el ejemplo de Michelle Bachelet, con popularidad en picada, y se compra el autoargumento de la mandataria de que la critican tanto porque es mujer. La critican, simplemente, porque el crecimiento de la economía chilena afronta tener que hacerlo con gas caro, algo que no le sucedía en 11 años por el subsidio de Carlos Menem a Patricio Aylwin. Pero Bolivia despertó a ver el problema mundial de la energía. Con este panorama, que marca el determinismo económico en la evolución histórica de los pueblos -lejos de lo que pueda entender un periodista como Van der Kooy- Chile no necesitaría ahora a Bachelet sino al que la precedió, Ricardo Lagos, que con su carisma algo menos incisivo la critica. Un precio cuadruplicado del cobre chileno -porque «China absorbe y todo el mejoramiento de tantos países en subdesarrollo está basado en el avance de ese país asiático»- no basta para suplir el lógico e inevitable aumento de la energía en Chile. Ese es el drama Bachelet.

LANATA, JORGE.
«Perfil».


Dos informaciones valiosas aportó ayer Lanata. Una, actual. La otra, de archivo. Ambas vinculadas con el mismo binomio: SIDE/politiquería. El ex director de «Página/12» (al que llama «Página/ oficial») ofreció la mejor versión que se haya dado hasta ahora de cómo se ventiló la condición de ex agente de la SIDE durante el gobierno militar de Juan José Alvarez. Lo que dijo Lanata: que el legajo de Alvarez llegó al diario desde la SIDE, a través de Martín Granovsky, ex secretario de redacción del diario y ahora al frente de la agencia oficial «Télam».

También contó que el que ofreció la «carpeta» en la redacción fue el «encargado» del diario, Ernesto Tiffemberg: según Lanata la periodista que firmó la nota, Victoria Ginzberg, sólo fue una especie de dactilógrafa de algo que no investigó.

El que le dio el legajo a Granovsky, siempre según Lanata, fue Fernando Pocino, encargado de las operaciones periodísticas de la SIDE. Cuenta los antecedentes de Pocino: está allegado a Cristina Kirchner y a Granovsky, trabajó en el Congresocomo agente de inteligencia, fue el encargadode la purga de personal que realizó Fernando de Santibañes, es el superior del actual jefe de personal y tiene acceso a los legajos igual que Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher. Lanata consigna también que a Pocino no lo quieren los espías profesionales, como sugiriendo que fueron ellos mismos los que ventilan la información que él está publicando para quitarse de encima el estigma de la indiscreción, el más grave que puede pesar sobre un servicio de inteligencia.

Los datos de Lanata valen por su precisión -no en vano conoce la redacción de «Página/ 12» como pocos- y por la ironía de que « contesta» la nota de Verbitsky del mismo día: ayer el columnista de «Página» se pregunta cómo es que se ventiló la información que publicó su propio diario. Seguramente se respondió leyendoa su antiguo jefe. También contradice Lanata la versión de Eduardo van der Kooy en «Clarín», quien señala como autor de la operación de la SIDE a otro director, Alberto Mazzino, encargado también de cuestiones de prensa.

En cuanto a la información de archivo que reproduce el periodista, se trata de la investigación que realizó la SIDE sobre el matrimonio Kirchner, encargada a efectivos de Río Gallegos por Gustavo Mango, director del organismo en tiempos de Carlos Soria, que es quien ordena esa pesquisa (ahora se desempeña como intendente de General Roca, en Río Negro).

Lanata recuerda que el encargado de burlarse de parte de Duhalde de la denuncia de los Kirchner fue Aníbal Fernández, ahora ministro del Interior del entonces agredido. Y que durante aquellos episodios la senadora Cristina Kirchner dijo que «cuando uno ve cómo actúa la SIDE se da cuenta de que todos estamos en libertad condicional». Después Lanata expone el plan que tenía Kirchner para reformar el organismo, reduciéndolo. No aclara si todavía está vigente ese programa.

Finalmente, Lanata da una lista de funcionarios del gobierno actual involucrados con el gobierno militar. Menciona a Héctor Timerman por haber dirigido el diario «La Tarde». La envidia que tenía Lanata por Jacobo Timerman lo lleva a exagerar con su hijo Héctor. Era un chiquilín cuando salió «La Tarde», nunca actuó y ese diario «light» fue un fracaso por un mero afán de ganar plata. No promovió ninguna dictadura, ni se ocupaba de política y los periodistas de «La Opinión» -sancionado por el Proceso y detenido Jacobo Timerman- mirábamos y cargábamos a los periodistas simples que, pasillo por medio, rellenaban páginas con temas de enorme simpleza. «La Tarde», que duró pocos meses, tal su fracaso, fue un desvarío de Jacobo de usar más la rotativa Harris que a la noche imprimía «La Opinión». Tan elemental que le decíamos a los de «La Tarde»: «No nos dejen la rotativa impregnada de perfume y cremas».

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Aporta poca información sobre el caso de la «carpeta» de Alvarez. Sólo dice que apareció en un momento en que este diputado se estaba apartando de Roberto Lavagna (a quien el columnista trata de «prócer actual de la política»). Vincula el ataque a Lavagna con un ataque en ciernes contra el grupo Techint, al que el ex ministro habría estado vinculado (lo que obligaría a revisar su condición de prócer). Además, afirma que el diputado Eduardo Camaño amenazó con ventilar los nombres de funcionarios del gobierno actual ligados a la administración militar como antídoto de una supuesta investigación sobre su paso por la presidencia de la Cámara.

Después Morales Solá se refiere a las preocupaciones por vetas de antisemitismo en la administración actual. Dice, con acierto, que más que por sus inclinaciones el gobierno es señalado por sus amistades (sobre todo la de Hugo Chávez). Consigna bien que Kirchner resultó peyorativo al denominar «raza» a la comunidad judía, en un discurso en el que pretendía defenderse de actitudes discriminatorias.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


El columnista dedica dos páginas de su diario a intentar despegar al gobierno de la publicación hace una semana de los antecedentes del diputado Juan José Alvarez como agente de la SIDE y a justificar su viejo proyecto de la abolición de la actual central de espionaje por su implicación histórica en crímenes abominables.

El primer objetivo le hace decir a Verbitsky que la fuente de la publicación en la cual es columnista pudo ser una empresa privada a la que se confió el trabajo de informatizar los legajos de los agentes. Más creativos, y quizá más cercanos a la verdad, estuvieron los otros columnistas de domingo que ayer señalaron a mesas paralelas de la SIDE integradas por santacruceños con órdenes de la Casa de Gobierno para usar información sobre adversarios con el fin de hacerles daño.

Era esperable que este periodista reivindicasela actuación de Alvarez como funcionario público con Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde, ya que este diputado fue quien inauguró la práctica oficial (que ahondó la gestión Kirchner) de privatizar en el CELS que maneja Verbitsky la consulta de antecedentes de candidatos a nombramientos en fuerzas armadas y de seguridad. Los expedientes de designaciones siguen el circuito habitual pero han agregado el «Veraz» que les hace el CELS a los candidatos, con fuerza de poder de veto ilevantable por cualquier funcionario público.

Si no se tratase de una publicación de « Página/12», resultaría equilibrado el juicio de Verbitsky sobre los «pecadillos» de Alvarez, Alicia Kirchner o Felisa Miceli cuando eran felices e indocumentados (diría García Márquez) hace 25 o 30 años y se desempeñaban en tareas menores y administrativas en sus primeros empleos. Pero como se publica en el diario que hizo escarnio durante tres días de la figura de Alvarez ese comentario pierde entidad y no mejora una columna en la cual Verbitsky hace un ejercicio de ética de la oportunidad con el solo propósito de negar que el gobierno sea el responsable de este ataque al diputado y de justificar la idea de disolver la SIDE en su actual conformación.

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