¿Volvemos al fraude de hace 75 años en el país?
Se habla mucho de fraude en estos comicios del domingo, sobre todo contra partidos menores y especialmente contra el candidato de Recrear, Ricardo López Murphy. No les es fácil a los partidos menores y menos a L. Murphy, que no tiene partido, reunir 75.000 fiscales para estar presentes para su vigilancia en todas las mesas del país. El fraude fue una tradición y casi un folklorismo del pasado argentino y lo sucedido últimamente en la interna radical, en la elección de candidatos en Lomas de Zamora por el justicialismo y en la barbarie del sindicalista Luis Barrionuevo en Catamarca, quemando urnas, más la impresión de boletas falsas para engañar a electores de algún adversario han reactualizado en forma alarmante el riesgo de fraude como en los años 1930. Un libro de Julio Ramos, editado hace 3 años, «Los hijos del sueño. Poema obrero», reflejó en detalle las épocas del fraude en la década de 1930. Veamos una parte referida a ese tema de este extenso poema que describe la vida desde el comienzo del siglo pasado hasta 1960.
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Revista "Caras y Caretas". Archivo.
sobre aquel tiempo mi amigo:
de vergüenzas fui testigo
y además, participante;
muchos repartos conmigo
contaron de concursante.
con tanto que me pasó?...
Cuando el civil me enroló
me sentí ya responsable.
«Mi voto no es negociable»
este pobre se juró.
como asomado al balcón
más no daba relación
a mi persona y lo visto;
por gil se cree más listo
el que aún es muchachón.
-y era obrero ya iniciado- el
país fue convocado
para otro acto eleccionario.
Si era un Primer Mandatario
me pareció algo sagrado.
en vísperas de elección
pensando en la decisión
de elegir yo una boleta;
p'asegurar la libreta
la puse bajo el colchón.
me fui al lugar de la cita;
se votaba en la escuelita
pobre como la barriada;
la gente estaba enfilada;
los fiscales con levita.
Se sumaban a la fila
sólo algunos sufragrantes...
Los más pasaban delante
a saludar un fiscal
y como lo más normal
se rajaban al instante.
«Serán de los que se venden»
pensé yo para mi adentro;
otros fueron al encuentro
de un tipo emperifollado;
los arrió como a ganado
para... «votar en el Centro».
Un tuerto se me acercó:
-Pibe... Ojo con los fiscales.
Si jodés, de aquí no sales...
Mejor no hacerse el vivillo.
Votá a Ortiz y a Castillo
y te evitás otros males...
No supe si era amenaza
o buenamente advertencia.
Se alejó de mi presencia
y julepeó otros votantes.
«Le ha de pagar la indecencia»
pensé sobre el atorrante.
Antes no fui ni al oscuro
y me tenía intrigado.
Vaya... ¡Si era el excusado!
Vi en la mesa rostros fieros
de mismos politiqueros
que ya me habían asqueado.
-¡No habrá fiscal Socialista...!
Gritó un tipo de repente.
Viera el efecto en la gente
al oír al alarmista.
-Y bueno... hay que ser realista,
si no te vas... de aquí te echan
dijo un tipo a mi derecha
y enfiló hacia la salida;
sobrevino una estampida
y la fila fue deshecha.
Que faltara el Socialista
era signo de chacota;
al votante ni pelota
le daba entonces la trenza;
sólo sacaba vergüenza
y, a veces, la jeta rota.
Muy pocos nos mantuvimos
sin plegarnos al espiante.
Me fui corriendo adelante
hasta quedar como sexto;
en la fila como resto
no habría diez sufragantes.
Desde la mesa de mando
los fiscales nos miraban
y en la fila simulaban
buscando hacerse chiquitos
¡Y pa' colmo los malditos
en llamarnos demoraban!
Los que estaban de rajada
con El Tuerto hicieron pacto;
ni pensaban ya en el acto
sí en la libreta firmada.
Viera El Tuerto, en dos patadas,
llevó sello y lapicera
y ahí no más, en plena acera,
metió firmas un fiscal;
quedó la parte legal
cubierta de esa manera.
Un milico, en su caballo,
hacía acto de presencia
pero tanta reverencia
gastaba en cada fiscal
que pa' todos fue señal
de que estaba corrompido.
Alegando «andar bebido»
a la mañanita, ahí mismo,
al fiscal del Socialismo
él lo había detenido.
El Tuerto hizo otra pasada
con su carga de amenazas
-Mejor d'irse pa'laj casas,
así no les pasa nada...
Y con libreta firmada...
Total... Aquí no hay ganancia;
ya arregló la Concordancia
para quién será el poder...
¿Pa' qué uno se va a joder
si en nada cambia la instancia...?
Vaya a saber qué cobraba
pero era bueno el trabajo;
el ánimo pa'l carajo
le juro se lo tiraba
y en cada vuelta sumaba
dos o tres a su legajo.
Los primeros de la fila
al frente fueron llamados;
parecía exagerado
el que pasaba al oscuro
pero eso sí -le aseguro- salía
de él espantado.
Me dije: «No soy miedoso»
y arremetí p' adelante.
-¡Ajá!... Con que principiante...
Me dijo un viejo baboso
y se hacía bien el oso
por si me daba votado.
No me le moví de al lado.
-Y bueno... Si ése es su gusto...
Sonriendo y medio a disgusto
me entregó el sobre firmado.
Con pretensión de votar
fue que yo entré en el oscur o;
me propuse, sin apuro,
-¡vaya con mi ingenuidad!- elegir
con equidad
algún candidato puro...
-¡Picátelas... ya votaste!
Se oyó la voz de un extraño.
Vi en la ventana del baño
-apuntando a mi cabeza- un
gran chumbo de dos caños
y reculié con sorpresa.
La libreta, muy sonriente,
me dio ese viejo fiscal.
Quise contarle mi mal
al custodio uniformado;
pero me vio y se hizo a un lado
aquel milico inmoral.
El fraude tuvo variantes
según fuera la barriada;
en las pobres se violaban
las urnas sin miramientos;
había que estar más atentos
en zonas adineradas.
Pa' operarle a los caudillos
estaba El escalafó n;
se empezaba en el montón
pa'votar en todos lados.
¿Libreta?... de algún finado
o por falsificación.
Hubo viudas que alquilaban
la libreta del finado.
El tipo, del otro lado,
revivía en los comicios;
me cagaba el calzoncillo
ver su foto de costado.
Con años Luna ascendió,
según él me lo contaba.
Yo apenas si me iniciaba
y él era sota en el mazo.
En la «operación cambiazo»
donde más se destacaba.
Era una forma de pago
cuando el voto se compraba:
si al tipo le desconfiaban:
-Sobre vacío es recibo
pa' que nadie se haga el vivo,
se advertía al que tranzaba.
«El cambiazo» era una forma,
sobre todo en las internas,
donde la urna es cisterna
-mierda con mismos olores-.
«El cambiazo» estaba en terna
d'entre las burlas mayores.
Un tipo entraba primero
con sobre falsificado;
sería un voto anulado
cuando hicieran el recuento
pero, desde ese momento,
quedaba un bueno en su mano.
Hacia un auto, a las tres cuadras,
llevaba el sobre afanado;
allí iba «el electorado»
a pedirlo con boleta.
Cerradito y bien callado
quedaba en su camiseta.
En la mesa hacía el cambiazo.
Tomaba el sobre buenazo
que, ya a solas, se guardaba
y, al salir, el que entregaba
... tenía olor a camiseta.
Luego enfilaba en la recta
que llevaba al auto aquél.
Por dar su sobre firmado
se sentía bien pagado
con un billete de diez.
Nadie así puede eludir
el voto que se comprobaba.
Si un sobre no retornaba
-firmado, limpio y vacío- era
al pedo armara lío,
la plata no le pagaban.
Lo preparan pa'l siguiente
con misma boleta adentro
y lo mandaban al encuentro
de la mesa de fiscales.
-«Metés éste, que es el nuestro,
traé el otro cuando sales».
En las mesas más difíciles
treinta «cambiazos» por urna
eran triunfo para Luna,
uno de tantos «punteros»
a los que daba fortunas,
quien quería ser primero.
-Mis cambiazos son trescientos
votitos asegurados
... si hay morlacos al contado
pa'jugarse la patriada.
Así Luna cotizaba
el haber sido llamado.
-«Pago diez y pido trece
por cada voto seguro.
Pienselón, que no hay apuro.
Treinta por ciento es mi precio;
aunque suelo ser más duro
... a ustedes yo los aprecio».
Y siempre lo contrataban
pa' distritos complicados.
Estudiaba electorados
y designaba ayudantes
que ubicaban sobornantes
que así quedaban citados...
Pagaba menos de diez
al que veía apretable:
-¡Puta, si sos sobornable
reducí tus pretensiones!
Como vos tengo a montones.
No abusés que soy amable...
Soñaba con votaciones
por ese dinero entrado;
me dejaba de encargado
de repartir kerosén;
pa'l comicio, yo también,
cobraba por convocado.
Usted Don Julio, que es joven,
quizá esto no lo vivió
más no dude que existió
y peor en otros lados.
El voto fue desvirtuado
y el fraude lo suplantó.
Pero me curé en salud:
no voté ni a concejales.
Pa' solución de mis males
puse precio a la Libreta.
(No había mejor receta
en épocas inmorales.)
Noté que el politiquero
en el fondo busca el queso;
si hace algo por el progreso
es pa' cubrir la evidencia.
En cuanto gané experiencia
cada tanto ligué un hueso.




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