Vuelve a tambalear el apoyo de la UCR a candidatura de Lavagna

Política

El radicalismo se encamina hacia la convención nacional partidaria del 23 y 24 de marzocada día con menos garantías de poder consagrar a Roberto Lavagna como su candidato a presidente. No es ya la disputa sobre si Ernesto Sanz será o no quien lo acompañe como vicepresidente, sino algo más profundo: el definir si el ex ministro «permitirá» que un radical ocupe ese puesto. A esa puja debe sumarse la desazón de los intendentes que ven peligrar sus gestiones tras un candidato que sólo les garantiza enemistad de la Casa Rosada, pero poco margen para un triunfo. A pesar del optimismo de la conducción del Comité Nacional de la UCR -que mañana tendrá una reunión de delegados para definir estrategia electoral y el viernes otra del grupo de apoyo más cercano a Gerardo Morales-, la situación del radicalismo está hoy fragmentada en una colección de malas noticias:

  • Buena parte de los intendentes que aún le son fieles a la estructura partidaria se debaten por estos días en una duda tenebrosa. Están convencidos de que Lavagna no podrá ganar la elección presidencial. Se ven, entonces, empujados a una campaña sin retorno que los dejará mal parados frente al gobierno nacional, con el peligro que eso supone para continuar luego con su gestión.

  • Sufren, además, el mismo maltrato por parte de Lavagna que hoy aqueja a la dirigencia radical, que debe soportar desplantes del ex ministro -de quien se sabe siempre piensa que está ubicado un escalón abajo de lo que correspondería para sus méritos-a la hora de definir hasta los más mínimos detalles de campañas, visitas y hasta compartir fotos.

    Esa metodología de Lavagna es la misma que hoy se percibe en la negociación por la nominación del candidato a vicepresidente que los radicales dieron siempre por descontado que les correspondería. El «ninguneo» perpetuo, la demora en definiciones y la reserva de su rol de gran elector del candidato que nomine la convención de la UCR, tiene en medio de un virtual ataque de histeria a la conducción radical, que debe atajar, al mismo tiempo, críticas internas de todo tipo.

    «La obligación de la UCR es llegar a la convención del 24 de marzo y aprobar la fórmula presidencial con Lavagna a la cabeza y la plataforma de campaña. Pero para que cumpla, para ese día tiene que estar definido que el vicepresidente le corresponde al radicalismo. Si no se resuelve eso puede haber problemas», confiaba ayer un alto dirigente de la UCR a este diario. En otras palabras: para entonces el ex ministro debe deponer actitudes y abrirse a reconocer al radicalismo como socio, en particular dentro del armado del binomio presidencial.

  • Fragilidad

    Esa explicación es la prueba más clara de la fragilidad con que se mueve hoy el radicalismo en esa coalición aun sin forma que armó con Lavagna. Y es además la razón de por qué el ex ministro termina alimentando con sus actitudes selectivas las presiones del alfonsinismo y la desilusión de los intendentes que aún quedan en el redil partidario.

    No hay nada peor en política que seguir a un candidato de dudoso carisma y que no tiene garantizado el triunfo. Es lo que sienten hoy muchos de esos intendentes radicales. El primer atisbo de este síndrome apareció en los alcaldes de Córdoba.

    Fueron los primeros en plantearle al presidente de la UCR local, Mario Negri, el peligro de apoyar a Lavagna y enemistarse definitivamente con Kirchner, con el riesgo que eso supone para el financiamiento de sus comunas. Para contrarrestar ese efecto, dijeron, lo mejor es ir a elecciones con candidato propio, sin chance de ganar pero evitando irritar a la Casa Rosada, que dejaría de halagarlos con anuncios de obras.

    Así, como otros intendentes fieles al radicalismo R, se debieron contentar hasta ahora viviendoen un «hotel dos estrellas» de dudosa limpieza,mientras sus correligionarios K disfrutaban de un «resort» político lleno de placeres, de la mano de Julio Cobos. Esa fue, en parte, la explicación de por qué Negri tuvo una actitud tan esquiva con la conducción del Comité Nacional en la convención partidaria de Rosario.

    Este efecto pudo haberse evitado si el derroterode campaña de Lavagna lo hubiera llevado a una posibilidad más cierta de disputar el poder en octubre. Pero hasta ahora no fue así. El efecto que denunciaban los cordobeses se ha profundizado. Los intendentes radicales están convencidos de que con Néstor o Cristina el oficialismo ganará las elecciones, y por eso la pregunta: «¿Por qué ir a perder de la mano de un candidato como Lavagna, que no es radical, nos minimiza como partido y al mismo tiempo nos deja al desnudo frente a la venganza del gobierno?».

  • Mientras el presidente de la UCR, Gerardo Morales, vive conteniendo esos planteos, la clásica interna del alfonsinismo bonaerense agrega su dosis a la confusión. No es un secreto que Lavagna se niega a posar para la foto junto a Leopoldo Moreau o Federico Storani en sus recorridas por la provincia de Buenos Aires. Esa decisión ya le valió un mensaje de Moreau: «Si querés los votos en la convención pedile a Morales que te los junte».

    No fue casualidad que esa actitud haya sido casi contemporánea con la idea de Storani de autopromoverse como candidato a vicepresidente -siempre conservando los ritos clásicos de esas pretensiones-, lo que le generó otro huracán partidario a Morales que aún intenta controlar. Ni que Raúl Alfonsín apareciera por esos días declarando que no estaba dispuesto a seguir remando por la candidatura del ex ministro.

    El jujeño vive hoy en un difícil equilibrio. Nadie le niega su condición de único habilitado para capitanear la intrincada negociación con Lavagna.

  • Como si fuera poco, suma también el intento de contener a Margarita Stolbizer que, no haría falta aclarar, no cierra en ninguno de los esquemas anteriores. Para colmo, Stolbizer no pasa por uno de sus mejores momentos. Después de haber levantado voluntades en la convención de Rosario cuestionando la opción Lavagna y apoyando a un «candidato presidencial propio» que hoy no existe, no terminó bien sus conversaciones con el ARI. Carrió, como todo político, actúa en ocasiones sobre hechos consumados, y así «Margarita» se enteró-por televisión de la nominación de Carlos Raimundi como candidato a gobernador bonaerense. Varios aristas coreaban esa decisión aclarando: «No aceptamos negociar con imposiciones», que es lo mismo que decir: «No aceptamos a Stolbizer si pretende la gobernación».
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