11 de mayo 2007 - 00:00

¿Y si renuncia él?

Sancho partió sin hablar de la gobernación, otros permanecen en sus cargos hablando demasiado. Y poco decorosamente. Tal el caso de Aníbal Fernández, ministro del Interior, que en este ciclo crítico santacruceño se destacó por declaraciones que rayaron el ridículo o la insidiosa actitud maniquea de acusar sin sentido para salvar el pellejo. O mentir, como enseñaba Goebbels y aprendieron brujitos menores del duhaldismo. Ya Fernández dispone de un registro espectacular de tonterías, intrascendentes, pero el hombre que envió a la Gendarmería a Santa Cruz pasará a la historia por una frase memorable: dijo -y expuso hasta con ejemplos físicos, cómicos gestos para la audiencia televisiva- que los manifestantes heridos se habían «autolastimado». Veinticuatro horas antes, claro, de que su propio gobierno echara al gobernador Sancho por excesos en la represión. Si la Argentina no fuera subdesarrollada, un ministro de esas características debería dudar de la continuidad en el puesto (puede excusarse en que sus expresiones fueron consecuencia de lo nervioso que estaba su jefe Kirchner porque algunos díscolos, al parecer, insultaron desde la calle a la madre del Presidente).

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