22 de febrero 2007 - 00:00

¿Y si van los dos Kirchner?

Un pingüino o una pingüina. Cazurro, con esa declaración, Néstor Kirchner insinúa a cada rato que bien podría ser él o su esposa el candidato a la presidencia de la Nación. Con sugerente unanimidad, todos los medios agregan: se definirá el sexo del mandatario futuro según el gusto de la población -léase encuestas-más cerca de la fecha electoral.

Ocurre, sin embargo, que en todo el país los dos dirigentes políticos que reúnen mayor adhesión son, justamente, los miembros del matrimonio oficial (aunque él, siempre, la aventaja por un margen apreciable). En consecuencia, si la opinión de los sondeos es tan determinante, ¿por qué no aceptar ese veredicto popular y conformar un binomio con las dos personas más aceptadas del espectro político? Por lo pronto, a Cristina de Kirchner -con sus viajes por el exterior, ahora viene México-le impondrán suficiente lustre no sólo para acompañar a su marido en la Casa Rosada, sino también para reemplazarlo si ocurriera una eventualidad (detalle no menor, ya que al oficialismo le disgusta dejar la sucesión en manos de un radical como Julio Cobos). Por otra parte, la familiar práctica peronista (ambos son todavía afiliados al partido) es común a estas iniciativas, aunque a nadie se le ocurriría comparar a la primera dama con la ex presidenta María Estela Martínez de Perón (tampoco, con la frustrada aspiración de Evita).

Se sabe que a Kirchner le encantaría obsequiarle a su esposa la presidencia. Tal vez no pueda si las encuestas no se lo permiten. Le queda, naturalmente, otra alternativa. Pero, al margen de estas especulaciones, lo cierto es que en varias conversaciones, negociaciones, el Presidente ha dicho: «Esto lo cerramos ahora, lo otro volvemos a discutir después de las elecciones». La frase de alguien que bajo ningún aspecto se piensa ir. Ni aunque ella sea el Ejecutivo.

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