Zannini, el custodio

Política

Si hay alguien que resguarda los actos de Kirchner -quien le cuida la lapicera con la que firma-, ese fiel tutor es Carlos Zannini, secretario general de la Presidencia. Uno de los pocos, además -junto con la primera dama, Alberto Fernández y, en ocasiones, Julio De Vido-, que lo asiste o dialoga en las mínimas reuniones de Olivos o la Casa Rosada. Tanto privilegio tuvo su costo: Zannini debió sacar pasaje de ida sin marcar la vuelta a Santa Cruz, tierra de la que partió en su momento con alegría, para controlar al nuevo gobernador. Ese alfil presidencial deberá responder -y responsabilizarse- para que no se repita la fallida experiencia de Sergio Acevedo y Carlos Sancho. No era este envío, tampoco, otro sueño de Kirchner: pierde asesoría jurídica a la hora de los decretos y, también, cierto estímulo ideológico cercano a la izquierda: Zannini proviene de la izquierda maoísta, es cordobés de origen, padeció cárcel y en Santa Cruz fue catalogado como el «Corach provincial» por su arte en tutelar la Justicia santacruceña. En rigor, el ex ministro de Carlos Menem siempre pareció mucho más democrático.

No movilizó ayer al Congreso la crisis en Santa Cruz. Sería imposible en un jueves, cuando la mayoría de los diputados y senadores apura sus pasajes de avión para partir. Pero hubo reuniones reservadas en el kirchnerismo y debates en el radicalismo que aportaron datos clave sobre el futuro de la provincia.

En un cruce de kirchneristas por la tarde, diputados sureños confirmaron lo que sospechaba desde temprano: «Kirchner va a poner en la provincia a la primera división», fue la primera definición.

En ese sentido, daban por descontado que Carlos Zannini, que ya viajó a Santa Cruz, no volverá por un tiempo a Buenos Aires, a menos que sea como visita.

El secretario legal y técnico de la Presidencia, cordobés, sería el primer puntal que Kirchner pondría en el nuevo gobierno provincial para garantizarse un control directo de la conducción. Nadie más cercano al Presidente que Zannini para una tarea de ese tipo y casi el único a quien Kirchner le tiene confianza en las cuestiones de gobierno.

  • Molde perfecto

    Hubo también protestas en el Congreso al rol de los medios en Santa Cruz. Con la lógica que reconoce una sola causa para todos los problemas políticos, se endilga a los canales de noticias, como TN del Grupo Clarín, el «descubrir» la crisis de Santa Cruz en sus continuas transmisiones. «Es para presionar al gobierno por los problemas que sigue generando la unión de Multicanal y CableVisión», simplificaron ayer.

    Para el radicalismo, Santa Cruz es desde ayer el molde más perfecto de una crisis provincial con un final tan impredecible como incontrolable ya tanto para el oficialismo como para ellos.

    No todos los elementos están dados en la provincia para un estallido social terminal, que podría llevarse puesto a todo el aparato político local. Pero aunque las necesidades económicas de la población media hoy no estén en riesgo como para disparar una crisis mayor, la represión policial, el rigor presidencial en el manejo hasta de la más inocente información y el miedo controlado por años podrían hacer estragos si no son atendidos a tiempo, algo que no hizo hasta ahora el gobierno. Nadie quiere un estallido mayor que el visto en las últimas 48 horas, con heridos y fuerzas como Gendarmería copando las ciudades.

    La renuncia de Carlos Sancho a la gobernación por sí misma, además, no soluciona por ahora ninguno de estos conflictos y sólo una buena «muñeca» negociadora de su reemplazante, Daniel Peralta, con los gremios docentes y estatales podría calmar el panorama.

  • Resolución

    Ese es el resumen de las reuniones que mantuvieron los radicales en el comité nacional partidario. Allí emitieron una resolución que responsabiliza «al gobierno nacional y de la provincia de Santa Cruz por la crisis política e institucional del distrito, violación a los derechos ciudadanos y su ineficaz política de seguridad interior».

    La conducción de la UCR de casi todo el país se concentró allí en la previa del acto de lanzamiento de la candidatura presidencial de Roberto Lavagna en el Gran Rex.

    Hubo críticas a «la violenta represión ejercida por la fuerzas policiales» y apoyo al radicalismo santacruceño y al intendente de Río Gallegos, Héctor Roquel, al que ayer el gobierno le pidió la renuncia para securitizar la responsabilidad en el escándalo.

    El informe de situación estuvo a cargo de Alfredo «Fredy» Martínez, de cruces habituales con Cristina Kirchner en el recinto, algunos tan memorables como los que protagoniza el presidente de la UCR, Gerardo Morales. Martínez repitió lo que sucedió en los últimos días: «La gente perdió el miedo. Hoy los radicales podemos estar en manifestaciones y caminar por las calles de Río Gallegos sin problemas. Los funcionarios kirchneristas, en cambio, siguen encerrados en sus despachos», sentenció, «Se cae el régimen.»

    Hubo otro relato puntilloso a la mesa de conducción de la UCR en pleno sobre lo que se vive hoy en las calles de Río Gallegos a cargo de Carlos Lozano, un concejal de esa ciudad: «Nosotros hace más de 10 años que lo vivimos; seguramente acá en Buenos Aires recién hayan podido sacarse la venda de los ojos», les dijo, no sin cierto rencor, a muchos de los presentes.
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