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Es que la administración de Cristina Kirchner operó con fuerza para que el grupo español Marsans abriera el capital de Aerolíneas a empresarios locales, lo que finalmente ocurrió con el preacuerdo alcanzado con el dueño de Buquebus, Juan Carlos López Mena.
Además, el Gobierno argentino pidió elevar del 5 al 20 por ciento su participación en Aerolíneas, a cambio de parte de la deuda que la compañía aérea tiene con el Estado.
La operación generó rispideces entre ambos gobiernos, porque en principio no cayó bien que la Argentina presionara para impulsar cambios accionarios en una compañía de capitales ibéricos.
Pero luego, la buena sintonía entre los gobiernos de Cristina Kirchner y Rodríguez Zapatero sepultó cualquier posibilidad de que el conflicto subiera de tono.
Es decir, Rodríguez Zapatero prefirió resignar la posible presión a favor del Grupo Marsans, para preservar su relación diplomática con la Argentina.
Ahora, el Estado argentino tendrá una participación del 20 por ciento en la compañía, los empleados un 10 y el resto se repartirá, en principio, entre Marsans y López Mena.
Todo indica que el dueño de Buquebus terminará quedándose con la mayoría accionaria de la compañía, con el 37 por ciento del capital y el management de la empresa.
Así, Marsans retendría sólo el 33 por ciento del paquete accionario.



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