4 de julio 2001 - 00:00

Agúndez: "La realidad nos obliga a endurecer leyes"

Jorge Agúndez, presidente del bloque radical de senadores
Jorge Agúndez, presidente del bloque radical de senadores
El Senado aprobará hoy el proyecto de ley que eleva de 6 a 25 años la pena para los delincuentes que toman rehenes. Sin embargo, su aprobación no vendrá a resolver el grave problema de inseguridad. Por lo menos, es lo que piensa el presidente del bloque radical, el senador Jorge Agúndez, quien reconoce que sólo es una medida coyuntural ante el creciente aumento de la violencia.

El proyecto en cuestión viene siendo trabajado desde hace dos meses por la Comisión de Legislación Penal y Regímenes Carcelario del Senado, que preside Agúndez. No obstante, la iniciativa original es de autoría del senador José María García Arecha y de Jorge Mikkelsen Loth.

Ayer, Agúndez dialogó con Ambito Financiero, en donde expuso la necesidad de que las provincias y las policías trabajen coordinadamente como forma de resolver la inseguridad. También reconoció que los mismos legisladores flexibilizan o endurecen las leyes de acuerdo a la situación y al momento que se viva. Lo que sigue es parte del diálogo que mantuvo el senador con este diario:

Periodista: ¿Hay acuerdo en el Senado para endurecer las penas por toma de rehenes?


Jorge Agúndez:
Nosotros hemos analizado el tema. Es un poco complejo debido a que hubo reformas, en especial sobre el artículo 142 bis, que ya contempla el agravamiento de la pena por privación ilegítima de la libertad cuando una víctima era una mujer o un menor de 18 años. Esto se hizo hace 20 años y la pena básica era de 5 a 15 años. Pero nosotros entendemos que tiene excepciones para agravarse más. Por eso ahora incorporamos la figura o palabra rehén, que es aquella persona tomada como escudo humano para cometer un delito o exigir determinadas condiciones. Esto evidencia en el delincuente una mayor actitud criminal y un mayor desprecio por la vida humana, por lo tanto creemos que la pena debe ser de 6 a 20 años. Cuando se trate de una mujer o de un menor la pena será de 10 a 25 años.

• Modificaciones

P.: También hay un agravamiento para el caso de que una persona tomada como rehén resulte muerto...

J.A.:
Sí, y en ese caso corresponde la prisión perpetua.

P.: ¿Es factible esta nueva reforma en el Código Penal, después de la derogación del la ley del «2x1» y de dar mas facultades a la Policía?


J.A.:
Es cierto que hemos tenido muchos planteos sobre que las reformas al Código Penal hay que hacerlas en modo integral, no hacer toqueteos que después lo desbalancean. Pero también es cierto que a veces hay que dar respuestas a lo que pide la sociedad en un momento determinado. Nosotros no desbalanceamos esto, tal es así que nos hemos reunidos con jueces a quienes les hemos consultado estas cuestiones.

P.: ¿Creen que estas modificaciones son una solución al grave problema de inseguridad que hay en el país?


J.A.:
No creo que por sí sola pueda resolver el problema, pero creo que nosotros como senadores tenemos que poner nuestra parte como legisladores. Los que deberán interpretar, con formas más acorde al reclamo de la sociedad, son los jueces que deberán aplicar la pena. Tendrá que saberlo también el Poder Ejecutivo a través de su Policía que es la que deberá actuar.

P.: La ampliación de las facultades a la Policía recibió cierto cuestionamiento no de parte de la sociedad sino de algunos juristas que dicen que es inconstitucional.


J.A.:
Bueno, los jueces tendrán la posibilidad de establecer si las facultades que se otorgaron fueron excesivas o no, pero realmente había que hacer algo con el tema de la inseguridad. Nosotros pusimos una parte, la otra la deberá poner no solamente la Justicia sino también el Poder Ejecutivo. Los jueces tendrán que ver si se cumple. No vaya a ser cosa que pasemos de mayores atribuciones a mayor «gatillo fácil».

P.: ¿Usted considera que se está ante una «sensación de inseguridad» o realmente se está frente a un incremento poca veces visto de delitos?


J.A.:
Hay un aumento, pero no de la forma en que aparenta. Lo que pasa es que cuando se repite un episodio varias veces pareciera que tiene mayor envergadura. Es cierto que hay inseguridad y que hay otros métodos de cometer delitos que antes no se veía. Es cierto, en definitiva que ésta es una de las demandas a la que nosotros debemos responder.

P.: La sociedad no visualiza aún un plan de seguridad, y sólo ve respuestas a cada coyuntura.


J.A.:
Eso es así. Y nosotros hoy estamos haciendo eso. Hacemos reformas parciales, pero bueno esto tiene una significación mucho más importante. Acá existe un Consejo de Seguridad Interior, que agrupa a todas las provincias, que tendría que estudiar y diseñar la política criminal, sin embargo desde que entró en vigencia y por mucho tiempo no participaron Buenos Aires, Capital Federal y Córdoba, que son las provincias que tienen 60 por ciento de los agentes de seguridad. Entonces, esto también es una falta.

• Enfrentamientos

P.: ¿Cree que es necesario un Ministerio de Seguridad?

J.A.:
Creo que el Consejo de Seguridad es suficiente. Acá las provincias y las policías deben trabajar mas coordinadamente. No puede haber una provincia con más seguridad y otra no. No puede haber una provincia con mejores cárceles y otra no. Lo que tenemos es suficiente pero tiene que trabajar bien y fuerte.

P.: Sin embargo, sucede que en las reuniones del Consejo de Seguridad sólo hay enfrentamientos de modelos, las discusiones se limitan a exponer quiénes son garantistas y quiénes duros, cuando en realidad en el país existen cuestiones que merecen una atención más amplia.


J.A.:
Me parece que esto sucede porque en los partidos políticos se define con toda responsabilidad que esto es una cuestión de Estado.

P.: En muchas ocasiones han sido los mismos legisladores que de acuerdo al momento han flexibilizado las leyes que hoy endurecen.


J.A.:
Bueno, en estos últimos tiempos nosotros hemos aplicado política de endurecimiento. En esta Argentina a veces nos levantamos garantistas y nos acostamos represores, pero ésta es la realidad porque van cambiando las situaciones. Cuando hay tiempo de bonanzas, de bienestar, coincide con que no hay tantos hechos delictivos, entonces todos somos garantistas. Pero cuando pasan atrocidades y las vemos por la tele nos ponemos más duros. Es cierto, pero es una ambivalencia propia del ser humano, propia de la emotividad y del ánimo de cada uno.

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