Después de 19 meses de gobierno de esa Alianza que fue tan útil para ganar, pero que tan mala ha resultado para gobernar, podemos decir, sin ninguna exageración, que todo ha empeorado: los índices económicos y sociales, también la situación política y hasta el problema de la corrupción. Parece desgranarse sin remedio el poder del gobierno y esto produce un colapso de credibilidad y falta de confianza que es la causa fundamental de todos los males, agravada inexplicablemente por decisiones desacertadas, como la modificación de la convertibilidad, que desde su anuncio disparó el riesgo-país a 1.300 puntos, creó incertidumbre e incorporó más riesgo cambiario en los mercados y últimamente en el público; algo que no ocurría desde hace muchos años. Analicemos cuál ha sido la evolución de los distintos índices:
• Crecimiento del PBI
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La Argentina desde 1975 a 1990 creció menos de cero. Durante la última década del gobierno justicialista lo hizo en forma sostenida (60%) a pesar de cuatro crisis externas (México, Asia, Rusia, Brasil). Este aumento estuvo basado en un formidable proceso de inversión directa que fue de $ 149.458 millones en 10 años. Sólo 20%, $ 30.000 millones, fue en privatizaciones. El gasto primario consolidado (Nación-provincias) subió al ritmo del crecimiento y el aumento de los recursos, fuertemente durante la gestión de Domingo Cavallo: 75% en seis años, y a menor ritmo durante la de Roque Fernández: 15% en tres años. El crecimiento del gasto no es sólo responsabilidad de los ministros de Economía. La gran mayoría de la dirigencia política, la prensa y gran parte de la sociedad han tenido y tienen una clara tendencia a aumentar el gasto público, los intentos por racionalizarlo se ven siempre como antipopulares. Paradójicamente, en la Argentina los mayores índices de déficit fiscal se corresponden con los peores índices sociales. No es cierto que la recesión que nos aqueja lleve 3 años. Hasta setiembre de 1998 la economía creció con fuerza y ese año terminó con +3,90% de PBI. Por otro lado, el último trimestre de 1999 el índice se estaba recuperando, a pesar de que fue un año recesivo en la Argentina e internacionalmente. En el 2000 en cambio, que todo el mundo creció, nuestro país cayó -0,5%, cuando se esperaba un efecto rebote, potenciado por un gobierno en sus comienzos que tiene siempre una cuota extra de esperanza, que esta administración dilapidó en aras de intereses político-partidarios (elecciones en la Capital Federal), con el discurso de la «herencia recibida», un mal diagnóstico con impuestazo incluido que planchó la economía y que sumado a la falta de estrategia, la ha mantenido en decadencia.
• Déficit
En 1989 el déficit fiscal más el cuasifiscal había alcanzado el insólito porcentaje de 12% del PBI y caímos en la hiperinflación con tasas de hasta 5.000% que se superó con la convertibilidad que trajo 10 años sin inflación. El déficit bajó a limites razonables (1% a 2% del PBI) en la década, aunque hubiera sido posible y deseable su eliminación en el período de alto crecimiento. Ahora debe hacerse, en pésimas condiciones. En 1999 el déficit base caja cerró en $ 7.347 millones (2,4% del PBI, contabilidad creativa mediante, porque en realidad había terminado más bajo, pero se forzaron pagos para aumentarlo) y no en 11.000 como decía el gobierno. A diciembre del 2000, después del impuestazo, la rebaja de sueldos y de gastos, terminó en $ 6.936, prácticamente igual. Cuando se trató el Presupuesto 2001, se tomó la equivocada decisión de violar la Ley de Solvencia Fiscal y aumentar el déficit previsto de $ 4.500 millones a $ 7.000 millones. Señalamos en el recinto el error y el cuasiseguro incumplimiento del déficit futuro. Tal vez ése hubiera sido el momento de proponer déficit 0. Durante el primer trimestre del año 2001, el déficit llegó a $ 3.000 millones, con un desfase de $ 1.000 millones con respecto a las metas comprometidas con el FMI y con fuerte caída de la recaudación que pronosticaba $ 12.000 millones de déficit para fin de año como lo advirtiera el Dr. López Murphy. Decir la verdad le costó el cargo. Ahora parece haberse tomado conciencia de la gravedad del problema, lamentablemente, cuatro meses más tarde, con el riesgo-país disparado y con el crédito perdido.
• Deuda y riesgo-país
La deuda pública nacional que era casi inexistente cuando terminaron con un golpe militar el gobierno de Isabel Perón en 1976 ($ 5.800 millones), subió 10 veces a casi $ 50.000 millones durante el gobierno militar y a $ 90.000 cuando se fue Alfonsín. Hay que aclarar que la deuda consolidada en el gobierno radical, la «anotada» era de $ 63.000 millones, pero habían $ 27.000 millones más devengados, es decir ya comprometidos, como lo señalan Melconian y Santangelo en su trabajo sobre la deuda pública argentina y Juan Llach en su libro «Otro siglo, otra Argentina». Desde esos $ 90.000 millones creció, durante la década justicialista a casi $ 122.000 millones en diciembre de 1999. Durante el año 2000, primer año de la Alianza, llegó a $ 128.000. Es necesario tener en cuenta que durante el alfonsinismo dejamos de pagar la deuda (default) con lo cual nuestra calificación como deudores bajó, junto con nuestro prestigio, que en realidad se convirtió en un prontuario con enormes costos que pagamos desde entonces. En diciembre de 1999 nuestra calificación (Standard & Poor's) era de BB+. Hoy, a pesar del sueño del investiment grade, hoy hemos bajado la calificación a B-, con perspectiva negativa y para Moody's a Caaa1. El riesgopaís subió de 466 puntos en diciembre de 1999 a más de 1.600 puntos, muy por encima del promedio de los emergentes. Vale la pena recordar que el primer gran shock del riesgo-país se produjo luego de la irresponsable renuncia del ex vicepresidente Alvarez que lo llevó a 1.100 puntos. Después, la contradicción interna y el desmanejo político del gobierno y sus partidarios diluyeron el efecto del blindaje y el megacanje. Las reservas internacionales han bajado $ 11.000 millones desde que Menem dejó el gobierno.
• Pobreza y desempleo
También los indicadores sociales han empeorado notablemente. El índice de pobreza que en 1989 era de 47% y que bajó en 1994 a 16% subió más de 10 puntos y se mantuvo alto después del tequila. En diciembre de 1999, un año recesivo, estaba en 27%. En el primer año del gobierno de la Alianza se elevó a 29% y seguramente ha seguido creciendo. Durante los '80, el desempleo abierto, tal vez el peor problema de carácter estructural en la Argentina, era relativamente bajo, 7% a 8%, aunque con situaciones claras de desempleo encubierto u oculto. Se mantuvo durante los primeros años de la convertibilidad. Pero llegó a 18,4% en 1995, con la crisis mexicana. Bajó gracias a las reformas a 12,4 en 1998 para subir a 13,8 en octubre de 1999. Hoy la tasa de desempleo es de 16,4%. En un año y medio ha subido casi 3%. Sería necesario crecer 3% sostenido durante 3 años para volver al índice de 1999, que ya era muy alto. Todos estos factores que aquí se analizan están hoy perversamente combinados contra la Argentina en una situación de crisis provocada por la contradicción interna de la UCR, el Frepaso y ahora Acción por la República, y agravada por la debilidad presidencial. El resultado es falta de gobernabilidad por incapacidad del gobierno y sus aliados, que provoca inseguridad, miedo, inestabilidad social, piquetes, cortes de rutas y una sensación de haber perdido el rumbo. No hay duda de que hasta ahora todo va peor con De la Rúa. Es increíble el retroceso en menos de 20 meses. Sin embargo, no debería ser así, nuestro país tiene muchos factores a favor: energía y combustibles, excelentes comunicaciones, minería, el ingreso per cápita más alto y el mejor índice de desarrollo humano (34) de América latina, poco analfabetismo, estabilidad, gran riqueza del sector agropecuario que sigue con cosechas récord, bastantes transformaciones en la industria y un sistema financiero que ha demostrado con creces su fortaleza. Se puede salir adelante. Falta conducir y armonizar las ideas y el esfuerzo de todos, sin hipocresía, con eficacia, realismo y patriotismo para no retroceder y así consolidar nuestro futuro. Es perfectamente posible.
Dejá tu comentario