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Es peligrosa una contrarreforma de jubilaciones
En segundo lugar, y a diferencia de una rebaja impositiva tradicional, la reforma previsional le quitó efectivamente, ingresos al Estado, pero también le quitó pasivos al Estado.
Dicho de otra manera, si la contabilidad pública se llevara en forma correcta, al estilo de la contabilidad privada, quedaría reflejado que cada aporte personal que se hace al Estado en materia previsional le genera al sector público un ingreso, pero también le genera una deuda, dado que se compromete a pagar una jubilación en el futuro. La reforma previsional, en ese sentido, es claramente superior, en materia fiscal, que cualquier otra rebaja de impuestos, porque las otras rebajas, las exenciones, le quitan recursos al fisco sin restarle gastos futuros, en cambio la reforma previsional le quitó ingresos, pero a la vez, redujo la deuda del Estado. Este es un punto central, la reforma reduce ingresos, pero reduce pasivos que no por no estar contabilizados son menos exigibles que los otros. Espero que los que miran al sistema previsional sin tener en cuenta este pequeño detalle contable, no lleven el balance de sus empresas de la misma manera, porque sino están en problemas serios.
La gran revolución de la reforma previsional, la que hoy envidian los europeos y norteamericanos con demografías similares, es que, justamente, reduce la deuda más importante que tienen los estados en el mundo, la deuda con sus futuros jubilados que si se contabilizara correctamente mostraría que el déficit cero de muchos países, incluido el nuestro es, como decía el tango, igual que la fama: puro cuento. El argumento de que en la «emergencia» es mejor sacrificar el futuro para cumplir con el presente es el que nos ha llevado a la crisis actual, porque el futuro llega, se convierte en presente y obliga a una nueva emergencia. En todo caso, lo que sí debe hacerse es una reforma impositiva y del gasto compatible con la reforma previsional y con jubilaciones actuales dignas y no al revés, ya que de lo contrario no arreglamos la «emergencia» y encima aumentamos el problema hacia adelante.
Es cierto que con la reforma el Estado aumentó su deuda contabilizada, pero redujo su deuda no contabilizada, con lo que, en términos netos, la situación es claramente mejor, sin considerar, además, que un porcentaje, lamentablemente menor por el desborde del gasto en otras áreas, de los ahorros en las AFJP se destina a crédito de largo plazo al sector privado, poniendo la semilla de un mercado de capitales doméstico imprescindible para el crecimiento de las empresas, en especial las medianas y pequeñas que no tienen acceso al mercado de capitales internacional. Si el Estado se retira del mercado de deuda nueva con esta política de déficit «casi cero», habrá más ahorros de largo plazo para canalizar hacia el sector privado local y la esperanza de recuperación de la economía. Además, los que proponen dar marcha atrás con la reforma, suponen que es lo mismo pagar un ahorro que un impuesto, pero si ahora que es un ahorro se evade 50% ¿se imaginan en la situación actual cuánto se evadiría si fuera un impuesto? Y allí estaríamos en el peor de los mundos porque el Estado aumentaría su deuda futura, sin incrementar demasiado su ingreso presente.
Justamente, hoy el problema con la reforma previsional es que con el aumento de la evasión tanto en el sistema de reparto, como en el de capitalización, la deuda pública no contabilizada está volviendo a incrementarse, por los compromisos que ya tiene el Estado hacia el futuro con el sistema de reparto y el de capitalización, y por la que tiene implícitamente con los que hoy no aportan, pero que habrá que atender cuando lleguen a la edad de jubilación. En ese sentido, el traspaso total «a la chilena» hubiera sido claramente superior para explicitar la verdadera deuda pública argentina.
Respecto de las extraordinarias ganancias de las administradoras, no es la intención de estas líneas defenderlas ni mucho menos. Aquí se está defendiendo un extraordinario proceso de reducción de gasto público futuro.


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