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Génova: empieza la cumbre del G-8 y se temen serios enfrentamientos

En tanto, los «monos blancos», como se conoce a uno de los movimientos antiglobalización debido a los mamelucos que visten, ya anunciaron una marcha hacia la inexpugnable «zona roja», donde se celebrarán las reuniones del G8, cercada por vallas metálicas y custodiada por 5.000 policías. El resto de la ciudad, también dividida en zonas de acceso restringido para evitar desborde durante las protestas, será controlada por otros 13.000 efectivos del ejército y carabineros. El imponente dispositivo de seguridad se completa con misiles tierra-aire instalados en previsión de un supuesto atentado terrorista con aladelta contra los líderes mundiales.
Según la policía, protestarán en Génova alrededor de 100.000 miembros del «pueblo de Seattle», nombre con el que se bautizó el movimiento de protesta antiglobalización que incluye un heterogéneo universo de anarquistas y ecologistas, católicos de izquierda y promotores de la desobediencia civil. El cuartel general de los «globalifóbicos», en estos días, es el estadio Carlini y se especula que desde allí puede partir el «asalto» a la «zona roja» anunciado por Luca Casarini, del Genoa Social Forum, que reúne a los centros sociales del norte, centro y sur de Italia. «Mañana marcharemos todos juntos al asalto de la zona roja, hacia un choque que fue provocado», dijo Casarini.
El líder de la protesta de los centros sociales -generalmente muy combativos y con una tradición de choques con la policía- se mostró igualmente preocupado porque no se realice la marcha, porque «la policía podría circundar el estadio».
Las últimas horas previas a la reunión, que comenzará oficialmente al mediodía cuando Berlusconi reciba a los jefes de Estado y de Gobierno en el Palacio Ducal, fueron una vez más de enorme tensión. Tres falsas alarmas, la primera en Milán, la segunda en Florencia y la tercera en Turín, en las primeras horas de la mañana, activaron ayer la maquinaria imponente de la seguridad en alerta permanente desde hace días.
Uno de los momentos de mayor tensión se vivió en Milán a las 9.00 de la mañana, hora local, cuando se descubrió un tubo sospechoso, a metros del Consulado de España. Los expertos de la policía intervinieron para desarmarlo y resultó ser sólo un simple tubo para dibujos.
También una olvidadiza pasajera que dejó una bolsa con ropa en la estación ferroviaria de Florencia provocó otra emergencia.
Pese a la psicosis y el clima casi bélico que reina en Génova, exacerbado por la explosión de tres paquetes bomba esta semana y la expulsión de casi 850 personas que planeaban manifestarse de forma violenta, un tranquilo Berlusconi controló personalmente que todo estuviera en orden antes del arribo de sus huéspedes y fue a pie a la Prefectura, mostrando su confianza en el dispositivo de seguridad. Al concluir la inspección, Berlusconi ordenó cambiar las pasarelas -«son demasiado viejas», dijo el premier-que llevan desde el muelle a la European Vision, la moderna nave, orgullo de la marina italiana, donde se hospedarán siete de los Ocho Grandes para que no sean molestados por los manifestantes. De esta idea hizo mofa el líder cubano Fidel Castro al señalar que los gobernantes de las siete principales economías del mundo y Rusia «son defensores de sus sistemas cuyas instituciones ya no pueden ni reunirse». La iniciativa también fue rechazada por el imponente servicio de seguridad de Bush que optó por un gran hotel cerca del Palacio Ducal para la estadía del presidente.

