19 de julio 2001 - 00:00

La crisis se supera sólo con acuerdos

Desde el presente se suele enjuiciar muy críticamente la falta de visión de la dirigencia política en el pasado, al no haber sabido evitar las interrupciones institucionales.

La visión retrospectiva de la caída de Frondizi lleva a cuestionar la ceguera con la cual la dirigencia de entonces no percibió la significación del proyecto de transformación económica que representó y el costo institucional que implicaba para la Argentina su caída. Que la mayoría de los partidos políticos dejara caer al gobierno constitucional -y que incluso algunos de ellos conspiraran con sectores militares para el golpe- por negarse a integrar un gabinete de salvación nacional que podría haber permitido su continuidad, nos parece hoy un error imperdonable.

Algo similar sucede cuando se mira la caída de Illia. Que la dirigencia argentina no advirtiera en ese momento el costo de una nueva interrupción institucional, que sectores de los partidos políticos y el sindicalismo conspiraran con grupos militares para deponer al presidente, hoy nos parece una equivocación injustificable. El oficialismo de esa época, aislándose y sin buscar ampliar su base política y la oposición asistiendo pasiva a un golpe militar que era vox populi fueron una manifestación de esta falta de visión respecto de la crisis que se vivía.

Una situación análoga sucedió con el quiebre institucional que tuvo lugar en 1976. Que las fuerzas políticas no fueran capaces de intentar a través del Congreso un recambio institucional que hubiese permitido desplazar a Isabel Martínez de Perón y designar en su reemplazo a una figura política de consenso electa por el Congreso parece hoy una falta de visión sin justificación. Las declaraciones de Ricardo Balbín dos días antes del golpe, afirmando no tener soluciones, fue una evidencia de la incapacidad o impotencia de la dirigencia argentina para enfrentar la crisis que entonces afectaba a la Argentina.

Resulta fácil la condena hacia los errores de la dirigencia argentina en el pasado, desde la visión del presente habiendo transcurrido cuatro décadas o un cuarto de siglo de crisis que no encontraron en su momento la solución adecuada.

Pero la reflexión central en este momento en el cual la Argentina enfrenta una crisis sin precedentes por la simultaneidad con la cual tiene lugar en los campos políticos, económico y social, es si hoy no estamos cometiendo los mismos errores que criticamos del pasado.

Hoy no hay riesgo de golpe militar -las Fuerzas Armadas han dejado de ser protagonistas de la política y nadie se ha preguntado en los últimos meses sobre qué piensan respecto de la crisis-, ni de interrupción del sistema institucional. Pero el país enfrenta el riesgo de un quiebre social inédito, derivado de una crisis económica que está entre las tres o cuatro más graves del siglo.

Nunca la Argentina en su historia tuvo una tasa de desempleo tan alta durante tanto tiempo y si no se logra encauzar la economía en las próximas semanas, la crisis social será inédita.

De las decisiones políticas de hoy, no depende la sobrevivencia del sistema institucional como en el pasado, pero sí el evitar el estallido de una crisis económico-social.

No hay posibilidad de encauzar la crisis económica y evitar el desborde de sus consecuencias sociales sin liderazgo y cohesión política, y éste debe lograrse mirando los errores del pasado, para no repetirlos en el presente.

Es que actualmente no podemos estar cometiendo los errores que tan fácilmente hoy criticamos respecto del pasado.

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