Otra vez leemos en Ambito Nacional de 13-3-01 que el ministro Storani se preocupa por la cantidad de armas ilegales sueltas, y dos provincias intentan canjear armas por comida.
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El que instaló el tema fue el Dr. Zaffaroni, cuyas ideas sobre el sistema penal son las que hoy nos rigen y cuyo resultado es la muerte diaria de inocentes a manos de de-Osvaldo Albano Abogado lincuentes. Hasta propició colocar detectores de armas en sectores de la ciudad.
En otra oportunidad señalamos que Beccaría -el padre del derecho penal moderno-escribió en 1714 que «Falsa idea de utilidad es la que quitaría a los hombres el fuego porque incendia o el agua porque anega. Las leyes que prohíben llevar armas son leyes de esta naturaleza: sólo desarman a los no inclinados a delinquir, mientras que no a los que tienen el valor de violar las leyes más sagradas de la humanidad. ¿Cómo respetarán las menores y puramente discrecionales? Estas leyes empeoran la condición de los asaltados mejorando la de los asaltadores, no disminuyen los homicidios sino que los aumentan, porque es mayor la confianza en asaltar al hombre desarmado que a los armados».
Así ningún malviviente va a entregar su arma, menos aún va a caminar por donde coloquen detectores y por lo demás, la crónica nos dice de cientos de personas que no llevaban armas y que fueron asesinadas o violadas alegremente.
Ideal
No dudo en un ideal sin armas, pero para ello primero hay que sacarles las armas a los delincuentes y para eso hay que arrestarlos y condenarlos a prisión, y para que todo eso suceda, hay que tratar de eliminar armas más poderosas como la hipocresía y la imbecilidad.
Para esto último habrá que colocar antes que todo detectores en el Congreso Nacional, en la Casa Rosada y en algunos Tribunales.
Claro está sin olvidar a José Ingenieros cuando, en «El hombre Mediocre», escribió: «Los gobernantes no crean tal estado de cosas y de espíritus: lo representan».
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