Muchos emigrantes ya piensan en el regreso

Portada Principal

Madrid (enviado especial) -Los aviones con rumbo a Madrid parten de Buenos Aires, en promedio, con 80% de su capacidad ocupada, pero regresan con más de la mitad de sus asientos libre. Este es un reflejo más de la oleada de emigrantes argentinos que se intensificó desde mediados del año pasado y que a su vez se verifica observando las emotivas despedidas en Ezeiza y las caras desconcertadas al llegar a Barajas, el aeropuerto madrileño. A esta altura, cuando muchos ya llevan meses en las ciudades españolas, cabe una pregunta: ¿están encontrando quienes se van de la Argentina el desarrollo profesional y personal al que aspiraban cuando partieron?

«La situación de los argentinos que vienen a España poco tiene que ver con el viaje de ida que hicieron nuestros abuelos. Acá no hay una América para hacer», confiesa Gabriela Agosto, quien vive en Madrid desde hace cuatro años y está por terminar una tesis doctoral en Administración Pública.

Sabina (nombre ficticio), una uruguaya que llegó en junio de 2001 con un contrato irreal de trabajo que le permitió la entrada al país, cuenta que «sin papeles ni hay que intentarlo. E incluso con ciudadanía europea se hace muy difícil conseguir algo en tu profesión si estudiaste una carrera humanística, economía o abogacía. Conozco argentinos que estudiaron cine, con nacionalidad española, y que acá están trabajando de telemarketers». Tras trabajar en un bar de un pueblo cercano a Granada, en el que apenas ganaba para sobrevivir, Sabina ahora atiende en un local para turistas de Roses, una localidad de la Costa Brava catalana en el que le pagan en negro 550 dólares por mes (seis días por semana, nueve horas por día). Está pensando en volverse a Montevideo.

Demorarse unos minutos en la estación de trenes y autobuses Sants de Barcelona o caminar por la Gran Vía madrileña asegura reconocer a cada paso a alguien que habla de «vos» y camina con inocultable apariencia porteña pero, a diferencia de lo que ocurría en los '90, no se trata de turistas argentinos, sino de inmigrantes.

Entre los jóvenes emigrantes, muchos de ellos profesionales pero «sin papeles», el itinerario en general comprende alojarse en un departamento de un amigo (o de apenas un conocido) en Madrid o Barcelona, y a partir de allí ver si se puede «enganchar algo» en algún lugar de España, para luego compartir un piso con otros amigos (en general de cuatro ambientes), inmigrantes o estudiantes, cuyo alquiler variará según la ciudad, pero se puede conseguir por
180 dólares por habitación. La periodista Eva Rossi, argentina con varios años de residencia en la capital española, destaca que ya redactó un «mail tipo» para responder la avalancha de inquietudes que recibe de sus conocidos que quieren ir a vivir a España. «Creo que no existe allá (por Buenos Aires) una real noción de lo difícil que es conseguir trabajo. Algunos de los que vinieron en meses recientes ya están pensando en volver porque se encontraron con un panorama muy distinto del idealizado y se estaban consumiendo los ahorros que encima les quedaron en pesos y acorralados en Buenos Aires». Rossi agrega que muchos de sus «amigos españoles universitarios están acomodando cajas en tiendas como El Corte Inglés».

«Quienes vienen se van a encontrar con altísimos niveles de desempleo, una política inmigratoria cada vez más excluyente y una cultura europea que en general se define por oposición al otro, sean sudacas, moros, negros o indios», alerta la socióloga Agosto.

La desocupación en España, según el nuevo sistema de medición acorde con la Unión Europea, ronda 10%, pero entre jóvenes profesionales es bastante mayor.
En Galicia, por ejemplo, entre los que tienen entre 20 y 30 años con estudios universitarios, ese indicador llega a 25%. En este contexto, salvo en carreras como algunas ingenierías y en menor medida informática o arquitectura, la oferta laboral de calidad es escasa y la remuneración acorde con este dato.

Hace un año y medio comenzó a regir una nueva ley de extranjería que, según destaca el abogado madrileño
Luis Mariano Palacios Pérez, «no reconoce casi ningún derecho a los ciudadanos 'ilegales', ni siquiera a la sanidad, salvo urgencias». Además, destaca Palacios, «un inmigrante ilegal pueden ser expulsado en cualquier momento».

•Quejas

Junto a opiniones de fascinación por aspectos de la cultura local y la calidad de vida, nuevos residentes argentinos suman quejas por las permanentes alusiones a «los sudamericanos» o «los inmigrantes» en forma despectiva, versiones a veces caricaturescas de la crisis argentina, y a su vez una tendencia a relacionar el fenómeno inmigratorio con el dramático aumento del índice delictivo. Un 51% de los españoles asocia ambos fenómenos, según datos oficiales del gobierno, aunque hay obvias diferencias en la percepción del argentino y, por ejemplo, del marroquí.

Una elegante joven catalana pintó a
Ambito Financiero un panorama alentador: «Barcelona, como cualquier ciudad cosmopolita con mar, vio toda su vida pasar gente de distintos lugares. Estamos encantados de recibir argentinos con ganas de trabajar», explicó a este diario la licenciada en empresariales Montse de Dalmau en una calle del Barrio Gótico de Barcelona.

La valenciana
Desamparados Josa, ingeniera, le pide al cronista que les diga a los argentinos que «hay trabajo de camionero o para conducir autobuses, y se paga muy bien», aunque aun en ese caso el contrato debe ser hecho desde la Argentina. La misma Josa, que se manifiesta sorprendida por la cantidad de argentinos en su ciudad, reflexiona que una cosa «son las posibilidaddes de los ecuatorianos dispuestos a trabajar en el campo, y otra cosa son argentinos con acento bonito, con buena cultura general y bien educados, que son vistos como competencia en el mercado laboral».

El propio ministro del Interior,
Mariano Rajoy, reconoció al diario «El País» que «hay trabajos que los españoles no quieren hacer, como servicio doméstico, sector agrario, construcción y hasta hotelería». El mismo funcionario agregó que «un exceso de inmigración puede llevar a la delincuencia».

El riesgo de la persecución policial a los «ilegales» se aleja a medida que aumenta la distancia de las grandes ciudades, así como, aunque cueste decirlo, por el color de piel y los rasgos europeos de muchos argentinos. Sabina, la uruguaya, cuenta que cuando pasaron varios meses se acercó a la delegación de la Guardia Civil de la pequeña localidad andaluza en la que vivía e informó su situación de residente ilegal. «¿Usted violó a alguien o trafica con drogas? ¿No?, entonces vaya tranquila que nunca la vamos a molestar», le respondieron.

Dejá tu comentario