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"Que desempate Cobos"
• La instancia del empate fue, de todos modos, accesoria al objetivo primordial: frente a un escenario adverso, Kirchner rastreó un potencial beneficio. Y por eso dispuso que se mantenga la paridad para que sea Cobos quien deba intervenir en la votación, con un resultado prefijado, ya que el mendocino había anticipado que lo haría a favor del 82%. Al devolverle protagonismo, Kirchner cree que repotencia a Cobos en detrimento de Ricardo Alfonsín, hoy por hoy, el candidato de la UCR más temido por la Casa Rosada y Olivos. El diagnóstico que augura que el vice remontará la pendiente y empardará al bonaerense es incierto, pero, perdidoso, el Gobierno entendió que ese episodio le puede servir para generar conflictos dentro del universo opositor.
• Ese razonamiento, marcado por la obstinación de licuar el costo del veto presidencial, supone que el reposicionamiento de Cobos -que ayer alimentó la Presidente al acusarlo de ser un vicepresidente «okupa» y mandar a todo su staff, desde Diego Bossio hasta Débora Giorgi a repetir el rap de la traición cobista y denunciar que se pretende «desfinanciar el Estado»- altera el «status quo» dentro de la UCR, perjudica a Alfonsín y aporta un elemento crítico en la consolidación de un frente panradical, ya que el mendocino genera más recelos que «Ricardito», quien, a diferencia del vice, podría ser el fronting de un megapacto que sume a Elisa Carrió y hasta sectores de la progresía, como Pino Solanas -anteayer, Miguel Bonasso deslizó esa opción-. Esa alternativa parece improbable si el postulante mayor es Cobos. «Estuvieron un año prometiendo cambios, y en la única oportunidad que tienen de ganar una votación, el mérito se lo lleva Cobos. Para ellos fue una tragedia», confió anoche, excesivo, un senador K. Todo es más simple: el Gobierno buscó purgar su propia derrota tratando de transferir un conflicto a sus detractores.
• El relato K contradice otras hipótesis: una de ellas sugiere que el empate fue producto de una rebeldía de Pichetto frente a las preferencias que el matrimonio expresa por Nicolás Fernández, que opera, en la práctica, como un jefe de bloque bis. Anoche, en Gobierno y en el Senado, se desmentía esa sospecha. Otra mirada conspirativa sugería que Gerardo Morales contribuyó, también, a que Cobos tenga otro instante de gloria, en un pase de facturas a Alfonsín y con la pretensión, por estos tiempos utópica, de que frente a una sangría entre el hijo del ex presidente y el vice, surja componedor Ernesto Sanz. El susurro, que enfureció a Elisa Carrió, planteó además que esa costura fue producto de un acuerdo sinárquico entre Olivos y el senador jujeño.
Razonamientos febriles para un suceso más simple: dos veces perdedor en 24 horas, el Gobierno trató, desesperado, de amortiguar los costos; contagiar el daño.


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