Lo que se sabe de las campañas presidenciales del Perú es que rara vez son convencionales y pocas veces son sensatas. Y lo que es más, los actores políticos del Perú establecieron recientemente nuevos patrones de comportamiento desvergonzado. El ex presidente Alberto Fujimori y su principal asesor, Vladimiro Montesinos, huyeron el año pasado de la nación andina cuando se evidenció que se estaban hundiendo en un pantano de acusaciones de corrupción. Se desconoce el paradero de Montesinos. Fujimori pidió asilo en Japón en noviembre tras enviar por fax su carta de renuncia al Perú, concluyendo con ello un decenio en el poder.
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Pero las campañas de los dos contendientes que quieren el antiguo puesto de Fuji-mori no han sido menos insólitas. Afortunadamente, la porción de celo electoral de esta saga terminará el domingo con la segunda ronda de votación entre Alan García, ex presidente que condujo al Perú a su peor crisis económica, y Alejandro Toledo, ex asesor del Banco Mundial que ha negado o esquivado las acusaciones de licencioso comportamiento en su vida personal. El número de partidarios de García se ha acercado al de Toledo según varias encuestas de opinión. Una encuesta de Apoyo Opinión y Mercado SA de Lima mostró a los dos candidatos en un empate estadístico, según el diario «El Comercio» de Lima.
No es de sorprender que muchos peruanos tengan serias dudas sobre la capacidad de gobernar bien de ambos hombres. Sin embargo, o los inversionistas no entienden o no les importa. La diferencia entre el rendimiento del llamado bono de intereses vencidos del Perú y los bonos comparables de la tesorería estadounidense se ha estrechado desde 9,2 puntos porcentuales el 23 de abril a sólo 6,8 puntos porcentuales el viernes pasado, indicio de que los inversores perciben que el riesgo está disminuyendo en el Perú. Eso no es así.
Independientemente de quién gane las elecciones, dos cosas son seguras. Primero, el siguiente presidente no tendrá un mandato y se le dificultará lograr que se aprueben medidas impopulares. Recientes encuestas de opinión muestran que desde un quinto hasta casi un tercio de los peruanos con derecho a voto planean depositar votos de protesta contra ambos candidatos dejando sus boletas en blanco o marcándolas incorrectamente. Y lo que es más, no se espera que ningún candidato obtenga la mayoría en el Congreso, aunque Toledo dijo recientemente que podría lograrlo.
Segundo, el siguiente presidente necesitará tomar atrevidas medidas si quiere evitar que el país caiga en la ruina financiera y sacarlo de la declinación económica. La economía peruana se encuentra en una situación de pánico. La inversión extranjera directa y la inversión nacional privada han disminuido notablemente y el otrora vibrante programa gubernamental de venta de activos estatales se detuvo en los últimos seis años. Asimismo, el creciente déficit presupuestario aumentará si no hay una mejor recaudación fiscal, recortes en el gasto o ambos.
Así que el próximo presidente tendrá pocas posibilidades de cubrir los actuales niveles de gasto gubernamental y no podrá aumentar el gasto público rápidamente, algo que ambos candidatos prometieron, a menos que se endeuden considerablemente en los mercados internacionales.
José Cerritelli, estratega de ingreso fijo de Bear, Stearns & Co. calcula que el Perú tendrá que pedir prestado hasta $ 1.600 millones en los mercados de deuda locales e internacionales para cubrir el déficit presupuestario tan sólo del año entrante.
Cerritelli, peruano, dice que el país podría intentar pedir prestados hasta $ 1.200 millones de esta cantidad a los inversionistas internacionales. Esta sería la primera aparición de la nación andina en los mercados de bonos mundiales desde 1997, cuando emitió bonos Brady para consolidar los préstamos bancarios incumplidos.
Esta opción de financiamiento -pesada según los estándares peruanos-podría ser una de las razones por las que Pedro Pablo Kuczynski, ex presidente de operaciones internacionales de First Boston (ahora Crédit Suisse First Boston) fue invitado a la campaña de Toledo como el principal asesor económico. Si Toledo gana, la impecable reputación de Kuczynski podría ayudarlo a convencer a Wall Street y a los inversores a que participen.
Tanto Toledo como García han hablado de bajar, no de subir, los impuestos y de hacer nuevos gastos. Toledo quiere duplicar el gasto en educación y aumentar el crédito disponible de un programa de vivienda del gobierno de menos de 500 millones a 4.000 millones de dólares. García también quiere impulsar el programa gubernamental de vivienda y prometió regresar a la educación estatal gratuita, sin los cargos misceláneos que dice se le han aplicado.
Pero las ambiciosas promesas y la falta de claridad sobre cómo se costearán no son las principales preocupaciones de los peruanos promedio. Lo que les preocupa a los peruanos es que ni García ni Toledo les inspiran confianza tras un año de escándalos e investigaciones. La principal encuestadora, Apoyo, realizó un simulacro de votación nacional el viernes pasado que muestra a Toledo con 41% de los votos en comparación con 38% para García, un empate estadístico dado el margen de error de la encuesta de 2,5 puntos porcentuales.