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Un ambicioso plan con el dólar para sobreponerse a una crisis
Se cumplen 2 años y 7 meses desde que el 1 de enero del año 2000 Ecuador adoptó la dolarización para superar una aguda crisis económica. Hoy el tema del dólar como variante para suplantar el peso ronda en la Argentina, también en crisis y como alternativa de anclaje a un tipo de cambio que sustituya a la caída convertibilidad y aquiete el proceso inflacionario. Hemos enviado a una periodista-economista especialmente varios días a ese país. El tema es complejo y para ser analizado a fondo debe desarrollarse en 5 notas en ediciones sucesivas. Habrá que tener en cuenta, con vistas a una posible implementación en la Argentina, que son economías de distinto potencial y que siempre se ha hablado de dos «clases» de dolarización posible: «a la que te criaste», digamos, resuelta unilateralmente por un país sin acordar con los EE.UU., que es como la que hizo Ecuador. La otra, con acuerdo norteamericano, que implica desde el pago de «señoreaje» (pagan los EE.UU. por el uso de su moneda como hoy se cobra en la Argentina un interés por las reservas depositadas afuera) al aporte de dólares en caso de necesidad desde el país del Norte. No obstante que puede haber diferencias de países en la adaptación de la dolarización surge del análisis efectuado, como se verá en las notas, que aparecen en Ecuador consecuencias ya conocidas en nuestro país durante la convertibilidad por la coin-cidencia en moverse con una moneda «muy fuerte»: invasión al país de habitantes desocupados de sus vecinos, imparable llegada de productos extranjeros con una grave consecuencia sobre la industria local ecuatoriana que debe moverse con altos costos internos que surgen de pagar salarios en dólar. Se acrecientan las importaciones -hasta las superfluas porque se compra con «moneda fuerte»- y otra sorpresa en Ecuador: hay «inflación en dólares», algo que con la convertibilidad aquí no ocurrió. Ecuador hoy es el país más caro de Latinoamérica y no es agradable.

Pero para el grupo de dolarizadores, se trataba de un plan más ambicioso, y prometían que con este esquema cambiario inmediatamente las tasas de interés convergerían a niveles internacionales, bajaría la inflación y alentaría el ingreso de capitales foráneos, permitiendo la recuperación de los capitales productivos.
Y en ese sentido, no todo fue tan auspicioso y poco a poco las autoridades ecuatorianas comienzan a entender que ningún sistema cambiario genera mágicamente riqueza si no hay un plan que permita fortalecer por sí misma a la economía: con o sin dolarización, Ecuador es hoy un país muy similar a Ecuador que existía antes de la crisis. Hay más control fiscal, porque al no haber crédito no hay forma de financiar déficit, bajó el desempleo porque 10% de la población activa ha emigrado, la economía creció durante dos años consecutivos favorecida por los precios del petróleo, la construcción de un oleoducto, los envíos de remesas desde el exterior y un tipo de cambio que hasta poco tiempo atrás todavía estaba sobrevaluado. Pero el gobierno no logra dar con la fórmula para salir de la pobreza estructural, mejorar la seguridad jurídica y el capital humano, tres de los factores que están desalentando la inversión y reduciendo la competitividad de la producción del país. Basta recorrer las calles de Ecuador para confirmar que esto es así.
• Fracasos
La lucha contra la inflación es materia pendiente. En 2000 los precios crecieron 91% (más que la inflación que se intentó combatir que fue de 60,7% en 1999) y el año pasado 22,4%. Hay que tener en cuenta que se trata de inflación en dólares. Para los defensores de la dolarización esa suba era previsible porque se dolarizó a un tipo de cambio muy alto con lo cual el traslado a precios es mayor, pero este año los precios están convergiendo a niveles de un dígito (acumulan 7% entre enero y julio) y por primera vez en julio hubo deflación de 0,7%. Desde otros frentes la interpretación es bien distinta: la inflación está contenida porque se congelaron los precios de servicios como teléfonos, electricidad, y transporte y por un acuerdo con los productores para no subir los precios básicos de los productos. Además señalan que la deflación de julio no se debió a otra cosa que al menor consumo porque la inflación deterioró el poder adquisitivo de los salarios y las devaluaciones vecinas están invadiendo con importaciones a Ecuador, con lo cual el país está dejando de crecer.
Y algo de eso hay. Ecuador creció 2,3% en 2000 y 5,6% 2001. Para este año se proyectaba un crecimiento de 4,5%.
Pero ya los datos del primer trimestre muestran dificultades para alcanzar esa cifra: entre enero y marzo el PBI cayó 0,9% y ahora el gobierno debió bajar la meta de crecimiento entre 2% y 2,5% del PBI.
El poder adquisitivo es todo un tema. Así los precios se hayan estabilizado, como sostiene el gobierno, lo habrán hecho en niveles altos con un importante deterioro en el poder adquisitivo de los ingresos. Para tener una idea: según datos del Instituto de Estadística y Censos Ecuatoriano, la canasta básica familiar valía a julio pasado u$s 336,3 mientras que el salario mínimo es de apenas u$s 140. Es decir, con el salario mínimo apenas se cubre 41,6% de la canasta. Asimismo, el salario promedio de los hogares ronda los u$s 221 con lo cual tampoco cubre la canasta básica. Sobre esos datos, se estima que la pobreza hacia julio pasado afectaría a 79% de los ecuatorianos (más de 9 millones de habitantes) contra 30% que existía en 1995.
• El desempleo
Desde la dolarización el desempleo ha cedido, aunque todos los ecuatorianos dicen que hoy deben trabajar muchas más horas que antes para llegar a fin de mes. Bajó de 15,1% en 1999 a 10,3% en 2000 y 9,6% el año pasado. Los críticos de la dolarización aseguran que parte de esta reducción se debe a la fuerte emigración que se registró en los últimos dos años: se estima que se fueron unos 800.000 ecuatorianos, y que el año pasado enviaron al país unos u$s 1.400 millones (7,8% del PBI del país), lo cual contribuyen a abastecer de dólares a la economía.
Las tasas de interés es otro tema pendiente. A pesar de la dolarización se mantienen en niveles altos: entre 18% y 20% en el sector bancario; 50% para los créditos solidarios y por fuera del sistema las empresas se financian a 10% mensual. En todos los casos, se trata de tasas por créditos en dólares. A pesar de ello, los prodolarizadores dicen que los ecuatorianos hoy pueden comprar en cuotas, algo que antes no se podía hacer. La balanza comercial también ha ido desmejorando. Desde 2000 vienen decreciendo las ventas externas: se exportaron u$s 2.510 millones en el primer semestre de 2000, u$s 2.477 millones en igual período del año pasado y u$s 2.371 millones en iguales meses de 2002. En cambio las importaciones van en aumento: en iguales períodos pasaron de u$s 1.411 millones a u$s 2.339 millones y suman u$s 2.964 millones entre enero y junio de este año. Así, la balanza comercial salta de un superávit de u$s 1.099 millones en los primeros seis meses de 2000 a un déficit de u$s 593 millones en iguales meses de 2002.
En el caso de Ecuador el déficit comercial preocupa por dos razones: por un lado porque el aumento de las importaciones destruye parte del aparato productivo y segundo, porque una condición para que funcione cualquier economía dolarizada es que ingresen dólares que puedan acompañar a través del crecimiento de la oferta monetaria el crecimiento de la economía. De lo contrario los dólares se vuelven escasos y eso lleva a subir las tasas de interés pudiendo abortar incluso tal crecimiento. Por ahora no es el caso de Ecuador que recibe todos los años una cantidad importante de remesas del exterior, que la invaden los dólares falsos y que, al ser una economía dolarizada, se ha convertido en un centro de lavado de narcodólares que ingresan de las fronteras vecinas.
Pero los indicadores económicos están lejos del paraíso que se pensó cuando se implantó este sistema. Para algunos especialistas eso demuestra que la dolarización ya fracasó. Para otros, las cifras macroeconómicas están convergiendo a los niveles previstos y es sólo cuestión de tiempo. «Hay que esperar y seguir perfeccionando este esquema», piden.
Sin embargo, por ahora nadie sabe precisar si los beneficios superan a los costos que se debieron asumir y que no son pocos. Y a pesar de los datos adversos, todos parecen preguntarse y contestarse lo mismo: ¿es la dolarización la culpable de los problemas que tiene actualmente Ecuador? Y la respuesta es no. Así lo señala tanto el que apoya la dolarización hasta las ultimas consecuencias, como quienes elaboran propuestas alternativas para salir de ella.
En definitiva, más allá de cualquier interpretación que uno pueda darles a las estadísticas de este país, dolarización o no dolarización no es la cuestión central para resolver los problema de Ecuador. Se trata sólo de una discusión cambiaria.
Hay muchas otras cosas que hay que hacer en el sector monetario, fiscal, financiero, empleo, productividad. Lo que sí está claro, y en ello la Argentina conoce demasiado, es que es muy difícil mantenerse con un esquema de cambio rígido cuando las economías vecinas practican las devaluaciones competitivas para ganar comercio.


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