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"Usábamos los ojos como radares" (ex combatiente)
En Ushuaia, Tierra del Fuego, Eduardo Duhalde encabezará el acto central con un homenaje a los caídos en la guerra del Atlántico Sur. Ayer, el jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, reiteró que la invasión militar del 2 de abril fue un "error estratégico". "No lo quiero calificar de locura, pero el país no estaba preparado y no era el método más favorable", declaró Brinzoni. Su antecesor y ex combatiente, Martín Balza, admitió ante un diario chileno que los ingleses derribaron muchos aviones gracias a la colaboración de las fuerzas armadas trasandinas. En víspera del 20° aniversario, un vocero del Foreign Office reivindicó la soberanía sobre las islas, aunque lo supeditó al deseo de los kelpers. "Seguirán siendo británicas, en tanto sus residentes así lo quieran", declaró el portavoz de la Cancillería inglesa, Denis Macshane. Curiosamente, en un artículo que se publica a continuación, queda reflejado un criterio distinto y novedoso de Londres en materia de negociaciones sobre soberanía, y que puede servir de antecedente para Malvinas. En Gibraltar, se dejará atrás la vieja tradición de anteponer los deseos de los lugareños para trabar las conversaciones. "Aunque los gibraltareños se opongan", declaró el ministro de Relaciones Exteriores, Jack Straw, al referirse a la decisión de acordar con España.
El coronel Julio César Navone
Periodista: ¿Cómo recuerda aquel 2 de abril de 1982?
Julio César Navone: Fue una mañana de otoño. Yo estaba en Paso de los Libres, en Corrientes, hacía muy pocos días que había nacido mi segundo hijo, tenía apenas cuatro días. Fue sorpresiva la noticia de que debíamos movilizarnos. Era teniente 1°, jefe de una batería de artillería del Grupo de Artillería 3, con asiento en Paso de los Libres. Nuestro jefe era el teniente coronel Balza, que nos reúne y nos cuenta la orden recibida, novedad a la que éramos totalmente ajenos...
P.: ¿Ustedes ni siquiera sospecharon?
J.C.N.: No, para nada. Teníamos la suerte de tener los soldados que aún no se habían ido de baja, tenían un año y pico de incorporados. Habíamos tenido algunas actividades de alistamiento, pero propias del carácter exigente de nuestro jefe. Pero en ningún momento él nos comentó nada...
P.: ¿Con qué armamento contaban?
J.C.N.: Teníamos los cañones Otto Melara recién recibidos. Se habían comprado ese año así que habíamos tirado apenas 150 tiros con esos cañones. En tres días empezamos a armar la unidad. A todo Ejército se le había impartido la orden de alistarse. Nosotros estábamos en un clima templado. Pensamos que era difícil que nos convocaran. Pero como el Grupo de Artillería 9 de Colonia Sarmiento tenía un material más viejo que el nuestro, creo que por esto se resolvió que en apoyo de la Brigada IX fuera el Grupo de Artillería 3. Así que a los cuatro días, el 6 o el 7 de abril, ya estábamos partiendo de Paso de los Libres con destino a Malvinas.
P.: ¿En qué fueron transportados?
J.C.N.: Salimos en tren. Fue una experiencia muy linda... Todo el pueblo estaba en la calle (se emociona)... despidiéndonos. Es muy emocionante para nosotros. Salimos caminando desde el cuartel hasta la estación del ferrocarril. Estaba toda la gente con banderas argentinas. Ahí tomamos conciencia, por lo menos en nuestra ciudad, de que el pueblo nos acompañaba, nos respaldaba. Yo volví ahora como director de la escuela en Paso de los Libres y volví a recoger aquel afecto. Fueron varios los hijos de Libres que nos acompañaron a Malvinas. Eramos jóvenes y partíamos, llenos de ideales, cargados de ilusiones y con el respaldo de tanta gente que confiaba en nosotros... Sólo faltó que alguien del Comando de Brigada hubiera estado junto a nosotros, por lo menos para acercarnos una palabra de aliento.
•Poca gente
J.C.N.: Por la información periodística yo pensé que Malvinas estaría fortificada. Que había suficientes medios. De Ingeniero White nos embarcamos en un Hércules a Malvinas y cuando llegamos observé que había muy poca gente.
P.: ¿Qué día llegaron ustedes a Puerto Argentino?
J.C.N.: Creo que el 11 de abril. Poco más de una semana después de haber recuperado las islas. En un clima totalmente diferente, con mucho frío, sin habernos preparado mentalmente con lo que debíamos enfrentar...
P.: ¿Habían sido equipados con ropa adecuada a ese clima?
J.C.N.: No, fuimos completando el equipo en Martín Coronado, cerca de El Palomar, donde nos entregaron unos duvet de abrigo de origen israelí. No los habíamos visto nunca. Yo por lo menos...
P.:Al haber estado en Malvinas poco más de una semana después del 2 de abril ustedes fueron una especie de adelantados...
J.C.N.: Nuestra batería fue la primera unidad de artillería en pisar tierra malvinense. Balza optó por viajar con nosotros en el primer vuelo. Fueron 6 cañones, 50 hombres, 20 tiros por pieza... El resto de nuestros camaradas nunca pudo cruzar a Malvinas.
P.: ¿Qué lugar les asignaron?
J.C.N.: Inicialmente en Puerto Argentino, con todos los cañones orientados hacia el Sur, por las presunciones de inteligencia. Alguno pensó que sería como un desembarco en Normandía (se sonríe, irónico). Por ahí esperábamos a los ingleses. Luego tuvimos que movernos y orientarnos hacia el Oeste, hacia las alturas de monte Longdon, Dos Hermanas y Harriet, hacia la bahía San Carlos, que es donde desembarcaron... A mí me mandaron al pie del monte Dos Hermanas con mi batería...
P.: ¿Cuál era la cadena de mandos?
J.C.N.: Se fue modificando. En un momento estaba el general Menéndez, que era el gobernador, y se pone a hablar por teléfono con el general Jofre y le dice: 'Hola, ¿por dónde andás?', y Jofre le contesta: 'Estoy en Puerto Argentino'. Menéndez ni estaba enterado. Nuestra vinculación era con el general Jofre...
P.: ¿Cuándo se produce el momento de mayor enfrentamiento con los ingleses?
J.C.N.: El combate más intenso es el de la noche del 10 al 11 de junio, donde muere el teniente Ramos, que era mi observador adelantado. Y lo hicimos con tal eficacia que comprometieron aviones Harrier, que valen 10 millones de dólares cada uno, contra nuestra batería que tenía un valor de un millón. Cuando los ingleses llegaron donde estaba la batería, me preguntan dónde estaban los radares. Yo les contesté que eran mis ojos. Creyeron que iban a encontrar otra tecnología.
P.: ¿Y el momento más doloroso?
J.C.N.: El momento de la capitulación fue el más doloroso. La batería había tirado 500 toneladas de munición, movida a brazos; más de 17.000 tiros.

