Opiniones

Probar, fallar, aprender y mejorar: el prototipado para la innovación social

Los prototipos son una estrategia para crear espacios donde equivocarse es un paso permitido, e inclusive incentivado.

En el campo de la innovación nos gusta trabajar con problemas complejos. Mientras más enredados, mejor: nos dan más que pensar, más cosas por hacer y más impacto que generar. El sector social se caracteriza justamente por plantear este tipo de desafíos, que involucran a múltiples actores, son de largo plazo y operan a gran escala. Son estas las condiciones ideales para sacar el máximo potencial de la técnica de experimentación por excelencia: el prototipo.

Los prototipos son pruebas y experimentos que sirven para aprender sobre nuestras ideas, validar hipótesis, e iterar. El objetivo de los mismos es siempre aprender para evaluar nuevos caminos y plantear otros prototipos, que se acerquen más a los objetivos.

La imperfección y el dinamismo son parte de su encanto, así como lo es su austeridad en el uso de recursos, tanto de tiempo como dinero. Resulta curioso, pero un prototipo demasiado terminado es contraproducente ya que la idea es que solo sirvan para generar un feedback útil para luego seguir adelante.

¿Qué se puede prototipar? Todo: servicios, experiencias, productos, aplicaciones digitales, interfaces. Una vez que sabemos qué idea queremos probar, la podemos materializar en una variedad de formatos, entre ellos: storyboards, diagramas, juegos de rol, maquetas, dibujos, objetos físicos y pantallas.

Estos son algunos de los beneficios que puede llevar el diseño de prototipos al sector social:

Tangibilizar ideas: Al materializar una idea, podemos acercarnos más a entender cómo podría funcionar una iniciativa en la realidad. La idea deja de ser un enunciado para convertirse en un objeto que se puede ver, tocar, señalar y compartir, en fin, que se puede experimentar con los sentidos. A partir de esta interacción prototipo-actor podemos obtener reacciones y respuestas a nuestras preguntas con un grado de veracidad que difícilmente podrían surgir con otras metodologías.

Movilizar equipos: El prototipo también puede ser una herramienta para hacer que las cosas sucedan. En ámbitos de trabajo donde las reuniones y discusiones están a la orden del día, las ideas pueden quedar dando vueltas en el aire ad infinitum. En estos casos, un prototipo se convierte en un artefacto que permite disparar nuevas conversaciones, preguntas e ideas, y fomentar la toma de acción.

Probar, antes de escalar: preparando el terreno: En un campo en donde se aspira a iniciativas de gran escala y largo plazo, el prototipo se vuelve un espacio controlado y a corto plazo de evaluación de posibilidades. Al trabajarlo de forma colaborativa entre diferentes actores del sector social, se pueden aprovechar los aprendizajes de sus primeras implementaciones, y fundamentar su escalabilidad hacia un impacto mayor o su desvío hacia una nueva dirección.

Fallar en pequeño para triunfar en grande: Aunque la cultura de innovación ha buscado revertir la idea del fracaso como retroceso, en muchas instituciones y organizaciones, sigue siendo un tema tabú. El costo financiero y, especialmente en el ámbito gubernamental, el costo político al que puede enfrentarse una persona, equipo o área, si una iniciativa no funciona como es esperado, pueden inhibir la innovación y llevar a evadir cualquier tipo de riesgo.

Los prototipos son una estrategia para crear espacios donde equivocarse es un paso permitido, e inclusive incentivado, porque se entiende al error como un método de aprendizaje, una experiencia que hará a las próximas iniciativas más sólidas y al equipo más resiliente.

En un reciente proyecto de INSITUM elaborado para una entidad gubernamental, fue fundamental entender la experiencia actual por la que pasan las personas cuando un familiar fallece, y con este conocimiento, diseñar un nuevo flujo, más humano, eficiente y comprensivo con las particularidades de la situación.

Parte del proceso de trabajo fue el diseño de prototipos de los componentes de la nueva experiencia con el fin de facilitar una gestión que era engorrosa para las personas y que les implicaba incurrir en múltiples traslados, gastos de tiempo y dinero innecesarios.

Tres días de prueba con el prototipo del sistema, en un hospital real, fueron suficientes para detectar varias barreras que llevaban al fracaso del prototipo. La necesidad detrás de la idea era real, y el fracaso en el proceso permitió entender cómo el sistema debía ser mejorado. Hoy, ese proyecto es una realidad y un ejemplo concreto de las ventajas de fallar, ajustar y probar para escalar.

(*) Líder en Innovación Social, INSITUM Argentina

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario