2 de noviembre 2026 - 16:41

Hackeo a Binance, su impacto en Argentina y la paradoja cripto de la descentralización

El mayor robo de activos digitales de la historia dejó al descubierto riesgos inesperados para ahorristas y expuso una gran contradicción en el mundo de las criptomonedas: un ecosistema que nació para ser libre de intermediarios depende cada vez más de grandes empresas centralizadas.

La evidencia apunta a que la vulnerabilidad no estuvo en la tecnología descentralizada, sino en la infraestructura centralizada de custodia de Binance.

La evidencia apunta a que la vulnerabilidad no estuvo en la tecnología descentralizada, sino en la infraestructura centralizada de custodia de Binance.

Cientos de miles de argentinos, clientes de la plataforma cripto Binance se habrían visto afectados el pasado jueves 29 de octubre por la suspensión de los retiros decidida por la empresa cuando, en una operación quirúrgica que duró apenas 20 minutos, salieron de la plataforma más de 6.300 millones de dólares en criptoactivos, conformando el mayor hackeo de la historia cripto, por encima de los 1.500 millones de dólares de Bybit en 2025.

Es posible que muchos de los inversores en estos activos digitales atraídos por el discurso cripto contra el sistema tradicional (o por alzas abruptas y significativas en sus cotizaciones) no sean conscientes de las fragilidades del ecosistema y del grado de penetración que entes centralizados tienen en su funcionamiento.

El mito de la descentralización

Los criptoactivos surgieron como alternativa a un sistema financiero basado en intermediarios. Bitcoin, nacido en 2008 en medio de una crisis financiera global, propuso un dinero electrónico entre pares, que se valida sin depender de intermediarios sean bancos o gobiernos.

Sin embargo, el ecosistema cripto se fue concentrando en grandes actores privados en sus distintas capas y funciones: mercados como Binance, que reúnen negociación y custodia; emisores de stablecoins (monedas digitales mayoritariamente atadas al dólar) como Tether y Circle; y fondos de inversión como BlackRock y Fidelity, que incorporaron masivamente criptoactivos en las carteras de sus clientes.

El hackeo a Binance con la consecuente caída en el precio combinada con la pérdida temporal en disponer de esos criptoactivos es la expresión más cruda de esa paradoja, la de una tierra prometida descentralizada y segura colonizada en grandes segmentos por entes centralizados.

Varias capas con distintos grados de confianza

En el ecosistema cripto pueden distinguirse varias capas que dialogan entre sí: redes blockchain, plataformas de negociación y servicios de custodia.

En las redes (Bitcoin, Ethereum) se validan transacciones mediante consenso distribuido sin administrador único. Esquemáticamente, en las plataformas, los exchanges centralizados concentran negociación y custodia, mientras los descentralizados se autogestionan en forma más autónoma, en ambos casos, a través de contratos inteligentes.

En lo que hace a la custodia en “billeteras”, la diferencia es el control de las claves privadas. A diferencia de las billeteras custodiadas, en entes centralizados como Binance, la autocustodia aproxima al usuario a la idea original de evitar instituciones intermediarias.

Sin embargo, la autocustodia no elimina los riesgos: simplemente los traslada. Quien conserva sus claves asume la responsabilidad total; su pérdida es irreversible.

Los riesgos existen en ambos modelos de custodia donde cada arquitectura distribuye de manera diferente las vulnerabilidades.

El ataque

Los primeros indicios apuntan a que los atacantes, supuestamente de origen norcoreano, comprometieron la infraestructura informática con la que Binance autoriza y firma retiros desde sus billeteras calientes. La empresa informó inicialmente que podría haberse intervenido la computadora de un ingeniero de DevOps, pero luego reconoció otros puntos vulnerables, y dijo no haber encontrado evidencia de que se filtraran las claves privadas. La investigación continúa.

Se habría utilizado EIP-7702, una actualización de Ethereum incorporada en mayo de 2025 que permite ejecutar varias operaciones de manera coordinada, delegando firmas. Es una herramienta del protocolo, no una falla de Ethereum. No hay indicios de que se hayan vulnerado las redes de Bitcoin, Ethereum o Solana, ni de que se trate de un error en un contrato inteligente como el que afectó a The DAO en 2016. La evidencia apunta a una falla en los controles operativos de una infraestructura centralizada de custodia.

Algunas billeteras de los atacantes habrían usado cuentas a través de Tornado Cash, un controvertido protocolo de “mezcla” de criptoactivos que dificulta vincular las direcciones de entrada y salida, con antecedentes de haber sido sancionado por la OFAC, organismo del Tesoro de Estados Unidos que aplica sanciones en temas de seguridad nacional y política exterior, en 2022, fallo que luego fue levantado por la justicia.

En síntesis, según la evidencia disponible, la falla no estuvo en la tecnología descentralizada, sino en la capa centralizada que custodia los fondos.

Entes (más o menos) centralizados al rescate

La respuesta al ataque evidenció otra paradoja del ecosistema cripto: el robo ocurrió por fallas de seguridad en un actor centralizado (Binance) y el daño solo pudo mitigarse gracias a la intervención de otras entidades centralizadas. Mientras que las transferencias de criptomonedas puramente descentralizadas como Bitcoin o Ether no pudieron ser bloqueadas ni revertidas, las empresas emisoras de stablecoins utilizaron su control sobre estos tokens para congelar los fondos robados y contener las pérdidas rápidamente.

En este sentido, Tether y Circle, emisores de USDT y USDC, bloquearon importantes cantidades vinculadas con los fondos sustraídos (más de 2600 millones de dólares). Aunque estos criptoactivos circulan sobre redes públicas y descentralizadas, no tienen gobernanza descentralizada: sus emisores conservan facultades para bloquear direcciones e impedir transferencias.

Una transacción puede ser definitiva en el registro de la blockchain y, aun así, el token puede quedar inmovilizado por decisión del emisor. La descentralización de la red no implica la del activo que circula por ella. Esas facultades resultaron eficaces para contener el daño en este caso, al mismo tiempo que exponen un poder significativo de estas empresas privadas sobre activos de terceros.

Para mitigar el ataque a Binance, intervinieron además otros actores del ecosistema cripto con diversos grados de descentralización que lograron inmovilizar los fondos del atacante y frenar sus operaciones. Por un lado, Aave, pese a ser un protocolo de préstamos descentralizado, logró pausar sus contratos preventivamente tras detectar los movimientos del hacker. Entidades con modelos más centralizados o de custodia tradicional, como Ripple y World Liberty Financial operando junto a BitGo, utilizaron su control corporativo directo para congelar de manera unilateral los activos emitidos. Finalmente, el Security Council de Arbitrum intervino bajo un esquema híbrido, actuando como un órgano de emergencia con autoridad delegada para bloquear fondos de forma inmediata, pero dependiendo de la decisión final de su sistema de gobernanza descentralizada para resolver el destino definitivo de esos activos.

Las estimaciones al 30 de octubre situaron los activos congelados en torno de 2.700 millones de dólares, y Binance comunicó después una cifra cercana a 3.000 millones.

No debe confundirse esa cifra con los aproximadamente 6.000 millones de dólares que Binance informó haber repuesto con recursos propios y fondos de protección. Los fondos congelados no son fondos necesariamente recuperados y devueltos a los clientes, y la reposición no equivale a recuperar lo robado.

Ante este tipo de incidentes conviene distinguir cinco capacidades en el funcionamiento del ecosistema: trazabilidad (rastrear los movimientos en una blockchain pública), congelamiento (impedir nuevas transferencias), recuperación (restituir los activos en cuentas congeladas a sus titulares), respaldo económico (la garantía del exchange para el resarcimiento) y monetización (convertir los activos en dinero y usarlos). Bitcoin y Ether, a diferencia de la mayoría de los stablecoins no tienen un emisor con facultades de congelamiento: sus transferencias son trazables, pero no existe un procedimiento ordinario para revertirlas

¿Quién se hace cargo cuando hay un problema?

Si bien la empresa Binance ha señalado que, a través de diversos mecanismos, ningún cliente va a perder sus tenencias, el haber suspendido temporalmente los retiros le ha impedido a sus usuarios vender, de haberlo querido, durante los primeros días sus tenencias en un mercado bajista.

La empresa anunció que cubriría los activos afectados y que ningún cliente debería perder sus valores. Al 1 de noviembre informó que había repuesto cerca del 95% de lo sustraído y que reabriría gradualmente los retiros. Pudo hacerlo porque, dado su tamaño, contaba con recursos corporativos, reservas y un fondo de protección (SAFU), lo que demuestra su capacidad financiera pero no equivale a un seguro de depósitos: la protección ante este tipo de eventos depende exclusivamente de la solvencia y la voluntad de la empresa.

Los términos de uso de Binance prevén ante determinado tipo de controversias, arbitrajes en el exterior en jurisdicciones y tribunales lejanos al país donde residen los inversores, cláusulas que suelen pasar inadvertidas para entusiastas inversores comunes.

Sin embargo, en Argentina, el artículo 37 de la Ley de Defensa del Consumidor permite considerar abusivas las cláusulas que restringen derechos del consumidor y el artículo 2654 del Código Civil y Comercial fija reglas de jurisdicción para contratos internacionales de consumo. Aun así, reconocer la competencia de tribunales argentinos no resuelve la ejecución de sentencias cuando la entidad y sus activos están en el exterior.

Tampoco debe confundirse el registro ante el regulador con una garantía. Binance Services Latinoamérica S.A. de C.V. está inscripta en su razón social como Proveedor de Servicios de Activos Virtuales (PSAV) ante la Comisión Nacional de Valores de Argentina, pero eso no le brinda el régimen prudencial que otorga una licencia bancaria, ni la garantía de depósitos, ni asegura la restitución ante un incidente.

Posible efecto en cascada y lecciones para Argentina

En un mercado tan interrelacionado como el cripto donde interactúan plataformas centralizadas y descentralizadas, con activos en garantía que requieren de disponibilidad para liquidarse automáticamente, con el uso de instrumentos derivados complejos que provienen del sistema tradicional, con una mayor opacidad en la información, sucesos como el de Binance pueden tener consecuencias difíciles de calibrar.

Por otra parte, el impacto de este tipo de incidentes con mercados tan relevantes puede no limitarse a sus clientes directos.

Plataformas menores dependen de grandes exchanges internacionales para ejecutar operaciones, acceder a liquidez o mantener activos en cuentas ómnibus. Si el mercado principal interrumpe retiros o tiene dificultades de solvencia, el problema puede trasladarse a esos intermediarios y a sus usuarios, creando un efecto en cascada. Por eso importa no solo quién tiene el contrato con el cliente, sino dónde se custodian los activos, quién controla las claves y cómo se separan los fondos propios de los de terceros.

En este marco la supervisión del ecosistema debería poder observar los engranajes de toda la maquinaria, por ejemplo: 1) sabiendo qué exchanges internacionales usan los proveedores locales, 2) dónde se custodian los activos, 3) qué proveedores de liquidez y emisores intervienen, 4) qué segregación patrimonial existe y 5) cómo se responde a la caída de un proveedor crítico, y lo más importante contar con herramientas para intervenir ante dificultades.

La velocidad también cuenta. Si los fondos pueden ser robados en minutos, no alcanzan los controles posteriores: se necesita monitoreo, análisis de datos y coordinación entre supervisores y actores del sector privado.

En el hackeo a Binance, es relevante tomar nota del escaso rol de los reguladores tanto en prevenir como en responder rápidamente ante el incidente. Todo parece indicar que el congelamiento parcial fue posible porque los emisores privados actuaron rápido, antes de que la totalidad de los fondos salieran del alcance de una autoridad central.

Este episodio muestra también, entre otras cosas, que centralización y descentralización no son modelos de seguridad contrapuestos, sino arquitecturas que enfrentan riesgos diferentes y generan vulnerabilidades específicas. La concentración de activos y facultades en Binance creó un punto único de falla que permitió robar miles de millones de dólares; la capacidad de intervención de Tether, Circle y otros actores permitió inmovilizar una parte sustancial.

La misma estructura centralizada que puede amplificar el daño también puede contribuir a contenerlo.

En su esencia la filosofía cripto parte de un principio según el cual cada inversor debe investigar por su cuenta todas las características de los activos que adquiere, evaluando los riesgos, lo que en los hechos resulta imposible para la mayoría de los clientes minoristas, dada la enorme sofisticación de estos productos.

En este contexto adquiere sentido el rol de los supervisores como responsables de proteger a los ciudadanos de a pie ante fuertes asimetrías en la información.

Los organismos de regulación en Argentina cuentan con personal idóneo, pero se encuentran fragmentados y necesitan capacitaciones constantes, recursos y herramientas tecnológicas para poder cumplir con sus mandatos, de forma tal de prevenir o actuar eficazmente ante situaciones como el hackeo a Binance.

Carlos Weitz. Ex presidente de la Comisión Nacional de Valores. Profesor en la Maestría de Finanzas. Universidad de Buenos Aires

Daniel Díaz. Profesor Especialización de Posgrado en Gestión Estratégica de la Tecnología Informática. Universidad Nacional de Rosario

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