Dejar la casa de los padres dejó de ser un paso casi automático para transformarse en un objetivo que, para miles de jóvenes argentinos, depende mucho más del bolsillo que del deseo. Conseguir un empleo ya no garantiza la posibilidad de alquilar una vivienda y construir un proyecto propio. El peso creciente de los alquileres, las expensas, los servicios, las garantías y el resto de los costos de ingreso empuja a una generación a postergar la emancipación residencial, incluso cuando ya trabaja, estudia o desarrolla una carrera profesional.
La investigadora en Psicología de UADE, la Mg. Juana Jurado, explicó que independizarse dejó de representar exclusivamente un símbolo de madurez para convertirse en una decisión atravesada por múltiples variables.
Sostuvo: "La salida de la casa familiar ya no depende solamente del deseo de independencia. Hoy intervienen factores económicos, familiares y emocionales que modificaron completamente ese proceso".
Según explicó, la primera transformación resulta claramente económica. El costo mínimo necesario para sostener una vivienda independiente supera ampliamente los ingresos de un trabajador joven promedio. Esa diferencia obliga a muchos a permanecer en la casa de sus padres, aun cuando cuentan con empleo estable.
Fuente: Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE)
Para Jurado, esa realidad configura una especie de "adultez ambigua". Se trata de jóvenes que trabajan, estudian, consumen, toman decisiones propias y proyectan su futuro, aunque todavía dependen del hogar familiar para resolver la cuestión habitacional.
"No necesariamente permanecen con sus padres porque no estén preparados para vivir solos, sino porque los ingresos no alcanzan para sostener esa decisión en el tiempo", explicó.
Jurado agregó que muchos jóvenes encuentran espacios de autonomía en otros aspectos de la vida cotidiana. Viajar, estudiar, invertir en tecnología o desarrollar proyectos personales representan formas de independencia parcial mientras la vivienda continúa fuera de su alcance económico.
Sin embargo, esa convivencia también genera contradicciones. El estudio muestra que la familia continúa funcionando como una importante red de contención, aunque al mismo tiempo aparecen sentimientos de frustración y cierta sensación de estancamiento por no lograr una autonomía plena.
Los datos permiten observar esa dualidad. El 27% de los consultados asocia la convivencia con tranquilidad y apoyo, mientras que un 14% expresa frustración por no independizarse y otro 13% reconoce sentirse estancado.
Además, dos de cada tres jóvenes aseguran identificarse, al menos parcialmente, con la idea de seguir manteniendo hábitos propios de la adolescencia dentro del hogar familiar.
Aun así, el deseo de mudarse continúa presente. El 58% de quienes viven con sus padres manifestó su intención de independizarse cuando las condiciones económicas lo permitan. Otro 21% todavía duda y el porcentaje restante aseguró que, por ahora, no piensa abandonar el hogar familiar.
Fuente: Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE)
La investigación también detectó otro fenómeno cada vez más frecuente. Uno de cada siete jóvenes volvió a vivir con sus padres después de haberse independizado. Entre las principales causas aparecen el regreso desde el exterior, una separación de pareja y el incremento de los costos vinculados con la vivienda.
Alquilar exige mucho más que pagar una renta
El informe de UADE también deja en evidencia que el alquiler representa solamente una parte del problema. Mudarse implica afrontar una serie de gastos que elevan considerablemente la barrera de ingreso.
El coordinador del Instituto de Economía (INECO) de UADE, Martín Álvarez, explicó que cuando se habla del costo del alquiler también deben contemplarse la garantía, la mudanza, las comisiones, el equipamiento básico del inmueble y la necesidad de contar con ingresos estables para sostener el contrato durante varios años.
En ese sentido, sostuvo que facilitar el acceso a la vivienda exige trabajar sobre todas esas variables y no únicamente sobre el precio mensual de la renta.
Álvarez consideró que podrían impulsarse programas destinados a reducir los costos iniciales de ingreso, mejorar los sistemas de garantías y brindar mayor previsibilidad para quienes buscan alquilar por primera vez.
También recordó que el deterioro del poder adquisitivo durante los últimos años profundizó el problema. Según explicó, "la relación entre salario y alquiler continúa muy tensionada, al punto que un monoambiente en la Ciudad de Buenos Aires puede representar cerca de la mitad del ingreso mensual de un trabajador joven".
Fuente: Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE)
Para el economista, la estabilidad también juega un papel determinante. No alcanza con reunir el dinero necesario para ingresar a una vivienda. El verdadero desafío consiste en saber si ese alquiler podrá sostenerse durante todo el contrato sin que un cambio económico obligue a regresar al hogar familiar.
El desafío de acceder a una vivienda propia
Desde el mercado inmobiliario también observan un cambio profundo en el comportamiento de los menores de 30 años. Oscar Puebla, arquitecto y director de Puebla Inmobiliaria, explicó que ese segmento etario aparece cada vez menos tanto en las operaciones de alquiler como en las de compraventa. Aun así, consideró que el valor mensual del alquiler no siempre constituye el único factor determinante.
Según indicó, hoy existe una oferta mucho más amplia de inmuebles que durante los años de menor disponibilidad y es posible encontrar departamentos con valores que parten desde los $500.000 mensuales. Además, sostuvo que quienes cuentan con una buena garantía, especialmente familiar, suelen encontrar menos dificultades para acceder a un contrato.
Para Puebla, la postergación de la independencia también responde a un cambio de hábitos y prioridades. El corredor observó que actualmente quienes más buscan alquilar son parejas jóvenes que proyectan formar una familia, una situación menos frecuente que años atrás. Añadió: "La responsabilidad de construir un proyecto familiar muchas veces funciona como el principal impulso para dar el paso hacia una vivienda propia o alquilada".
Para muchos jóvenes, permanecer en el hogar familiar dejó de responder únicamente a una elección personal. El aumento del costo de alquilar, junto con las dificultades para sostener una vivienda propia, prolonga la convivencia entre distintas generaciones bajo un mismo techo
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Horacio Ludigliani, desarrollador de Grupo Ludigliani, puso el foco sobre otro problema estructural: la escasa disponibilidad de crédito hipotecario para los jóvenes. Según analizó, cuando financiar la compra de una vivienda deja de ser una alternativa, el alquiler pasa a convertirse prácticamente en la única puerta de acceso al mercado habitacional, lo que concentra una mayor demanda sobre ese segmento y mantiene una fuerte presión sobre los precios.
El empresario también advirtió que, en muchos casos, los ajustes de los alquileres y el aumento de las expensas evolucionan por encima de los ingresos de los inquilinos, situación que dificulta sostener la independencia en el tiempo. A su criterio, ampliar la oferta de créditos hipotecarios a 30 años y consolidar herramientas como los seguros de caución permitiría facilitar tanto el acceso a la vivienda como la seguridad de los propietarios.
Ludigliani agregó que el mercado laboral también enfrenta nuevos desafíos. Consideró que el avance de la inteligencia artificial comienza a reemplazar algunos puestos de ingreso para los más jóvenes, un fenómeno que podría demorar todavía más la posibilidad de alcanzar estabilidad económica y acceder a una vivienda.
Mientras tanto, los datos de la UADE muestran que la independencia residencial dejó de responder únicamente a una cuestión de edad. Hoy depende del nivel de ingresos, del acceso al crédito, de la estabilidad laboral, de la evolución del mercado de alquileres y del respaldo que todavía representa la familia para millones de jóvenes argentinos. "Sin herramientas que faciliten el acceso a la vivienda y con un mercado laboral que cambia permanentemente, la emancipación continuará postergándose para buena parte de esta generación", concluyó Ludigliani.