De todas las industrias, la construcción probablemente sea una de las que menos evolucionó.
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El único recurso no renovable
La construcción suele hablar de materiales, energía y emisiones. Pero existe un recurso aún más valioso que todos ellos: el tiempo.
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Seguimos construyendo de una manera sorprendentemente parecida a la de hace mil años: mampuesto sobre mampuesto, resolviendo problemas en obra y tomando decisiones cuando ya es tarde corregirlas sin costo adicional.
Mientras otras industrias avanzaron hacia procesos cada vez más planificados, precisos e industrializados, la construcción todavía convive con una gran incertidumbre.
Y, sin embargo, cuando hablamos del futuro de la construcción solemos concentrarnos en la sustentabilidad, la eficiencia energética o los materiales.
Son temas fundamentales. Pero existe un recurso aún más valioso.
El único recurso verdaderamente no renovable es el tiempo.
La energía puede volver a generarse. Los bosques pueden volver a crecer. Incluso el dinero perdido puede recuperarse. Pero el tiempo no vuelve. No se fabrica, no se recicla y no se puede comprar.
Por eso creo que deberíamos empezar a hablar de sustentabilidad de una manera más amplia. No solamente en términos de carbono, energía o materiales, sino también en términos de tiempo.
La buena noticia es que la industria ya comenzó a cambiar.
La construcción industrializada representa un verdadero cambio de paradigma. Implica trasladar gran parte de la complejidad desde la obra hacia el proyecto, la ingeniería y la fabricación. Significa pensar antes de ejecutar, planificar antes de construir y resolver los errores antes de que se conviertan en problemas.
Herramientas como BIM (Building Information Modeling) permiten generar un gemelo digital del edificio y construirlo virtualmente antes de colocar el primer elemento en obra. La posibilidad de equivocarse en el modelo para no equivocarse en la realidad reduce costos, optimiza recursos y permite tomar decisiones con mucha mayor previsibilidad.
Porque la verdadera innovación no consiste solamente en construir más rápido.
La verdadera innovación consiste en construir con más certezas.
Certezas sobre los tiempos.
Certezas sobre los costos.
Certezas sobre la calidad.
La industrialización puede adoptar distintas formas. Cada tecnología tiene ventajas específicas y debe aplicarse según el contexto, la escala y las necesidades de cada obra.
Lo importante es entender hacia dónde va la industria.
Y en ese camino, la madera masiva aparece como uno de los sistemas con mayor potencial para transformar la manera en que construimos y, a su vez, incorpora una dimensión adicional: la posibilidad de combinar un material natural y renovable con la más alta tecnología.
A través de sistemas como el CLT (Cross Laminated Timber) y las vigas laminadas GLT, la madera alcanza niveles de resistencia, precisión y desempeño estructural que hasta hace pocos años parecían impensados.
Siempre digo lo mismo: si a las cualidades de un material ancestral como la madera se le suma la tecnología, se obtiene un material imbatible.
Es el hormigón del futuro.
Pero con un nivel de sustentabilidad muy superior.
Lo que más me interesa de la madera masiva es que demuestra lo que ocurre cuando la naturaleza y la tecnología trabajan juntas. Durante cientos de años utilizamos la madera como material de construcción. Hoy la ingeniería permite seleccionar cada pieza, certificar sus prestaciones, optimizar su comportamiento estructural y fabricar componentes con precisión milimétrica.
La naturaleza produce el material. La tecnología lo perfecciona. Y hay algo más.
La madera no solo es un recurso renovable. Mientras crece, captura carbono de la atmósfera y lo almacena durante toda la vida útil del edificio. En un contexto donde la construcción busca reducir su impacto ambiental, contar con un material capaz de convertirse en parte de la solución abre una enorme oportunidad para el futuro de nuestras ciudades.
Pero lo que más quiero destacar de estos sistemas no es solamente su desempeño estructural ni sus ventajas ambientales.
Es lo que permiten hacer.
La posibilidad de diseñar, fabricar y montar con niveles de precisión inéditos reduce incertidumbres, minimiza errores y transforma la manera en que construimos.
Y cuando esto sucede, aparece una ventaja que muchas veces pasa desapercibida. La velocidad.
La posibilidad de fabricar componentes en entornos controlados y montarlos con precisión en obra permite reducir significativamente los tiempos de construcción.
Y ahí es donde vuelvo a la pregunta inicial.
¿Cuánto vale el tiempo?
Si una persona recibe su casa un año antes de lo previsto, no gana solamente una obra terminada. Gana un año para disfrutarla, para compartirla con sus hijos, con sus nietos, con sus amigos.
Gana tiempo de vida.
Muchas veces hablamos de sustentabilidad como si fuera únicamente una cuestión ambiental. Pero construir mejor también significa minimizar incertidumbres, mejorar la calidad de los procesos y aprovechar mejor el recurso más escaso de todos.
La construcción del futuro será más industrializada, más eficiente y más sustentable.
Pero, sobre todo, será una construcción capaz de devolverle tiempo a las personas.
Porque la energía puede renovarse.
La madera puede volver a crecer.
Incluso el dinero puede recuperarse.
El tiempo no.
Director Ejecutivo de GWD Group
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