1 de octubre 2026 - 12:00

De tocar fondo por el alcohol a levantar un imperio de concreto de u$s7.000 millones

Pasó de atravesar una etapa marcada por el alcohol a convertir una pequeña firma familiar en un gigante industrial estadounidense.

Una historia empresarial marcada por decisiones difíciles y un recorrido que tomó varias décadas.

Una historia empresarial marcada por decisiones difíciles y un recorrido que tomó varias décadas.

Forbes

Tenía 20 años cuando decidió trabajar por su cuenta en el rubro de la construcción. Décadas después, aquel joven que empezó con trabajos de terminación de concreto se convirtió en el dueño de una compañía valuada en miles de millones de dólares y en una de las mayores fortunas de Estados Unidos, con u$s7.000 millones.

El camino estuvo lejos de ser lineal de Mike Hollingshead, creció en una casa rodante en Tennessee, comenzó a trabajar desde muy joven y durante varios años reconoció que el consumo de alcohol interfería con su vida personal y laboral. Su propia descripción de aquella etapa es contundente: pasaba noches enteras de fiesta y tenía dificultades para concentrarse en el negocio.

Cómo el alcoholismo casi destruye su negocio

Hollingshead nació en Little Rock, Arkansas, en 1969, y se mudó con su familia a Smyrna, Tennessee, cuando tenía cinco años. Era hijo de un camionero y creció junto a seis hermanos y hermanastros. A los 18 comenzó a trabajar como terminador de concreto y dos años más tarde decidió iniciar su propio camino.

Su ingreso al sector se produjo casi por casualidad. Un conocido le ofreció pagarle 100 dólares por trabajar en una obra y allí comenzó a adquirir experiencia con el material. En 1989, su antiguo jefe se mudó a Texas y le propuso hacerse cargo de algunos trabajos pendientes. Como no tenía dinero suficiente para comprar el concreto, consiguió que los clientes pagaran directamente por las entregas mientras él accedía al crédito necesario.

Durante los años siguientes trabajó de sol a sol y, además, tenía otro empleo en una fábrica metalúrgica. El problema estaba fuera de la obra. Atravesaba una etapa de consumo excesivo de alcohol, salía durante toda la noche y no conseguía mantener el foco necesario para hacer crecer su actividad.

La situación también afectaba a su familia. Su esposa, Melissa, llevaba a sus hijos a una iglesia cercana mientras evaluaba dejar la relación. Finalmente, Hollingshead aceptó acompañarlos a un servicio religioso. Según él, aquel fue un punto de inflexión y asegura que desde ese día dejó de beber.

La decisión que cambió su vida y su empresa

Con su vida personal más ordenada, Hollingshead empezó a prestar mayor atención a un problema concreto de su actividad: los proveedores no siempre entregaban el hormigón a tiempo. En algunos casos, el material llegaba varias horas después de lo previsto y comenzaba a endurecerse.

La solución que imaginó fue construir su propia planta de hormigón elaborado. En 1999 consiguió un préstamo bancario y levantó la primera instalación detrás de la vivienda familiar, una casa de unos 900 pies cuadrados. La idea inicial era producir material para sus propias obras, pero rápidamente aparecieron clientes externos interesados en comprarle.

El comienzo tampoco fue sencillo. Necesitaba camiones y volvió a pedir financiación. El banco finalmente le prestó 50.000 dólares para comprar cinco vehículos usados en una subasta de Indiana. Uno sufrió una avería de motor durante el regreso y quedó abandonado al costado de la ruta porque no había dinero suficiente para trasladarlo. Otro se rompió en Nashville.

Ese tipo de dificultades terminó moldeando el modelo financiero de SRM. En vez de recurrir a inversores externos y ceder parte de la compañía, Hollingshead apostó por deuda para financiar adquisiciones. La estrategia le permitió mantener el control familiar, aunque también llevó a la empresa a acumular un volumen importante de obligaciones financieras.

La crisis financiera de 2008 fue otro momento crítico: las ventas de SRM cayeron un 40%. Hollingshead y su hijo Jeff, que comenzaba a incorporarse al negocio, optaron por seguir adelante y comenzaron a comprar empresas debilitadas por la crisis a precios muy inferiores a los que habían tenido antes.

Cómo transformó una pequeña compañía en un gigante de u$s 7.000 millones

La expansión tomó velocidad durante las siguientes dos décadas. SRM destinó alrededor de u$s3.000 millones a más de 120 adquisiciones, entre ellas ocho operaciones consideradas grandes acuerdos por un total cercano a u$s1.500 millones.

Actualmente, la empresa posee y opera 563 plantas de concreto, 33 canteras y 12 terminales de cemento, además de contar con más de 8.500 empleados distribuidos en 24 estados de Estados Unidos. En 2025 registró ingresos por u$s3.500 millones, casi seis veces más que seis años antes.

El negocio también se diversificó. El hormigón elaborado representa cerca del 85% de los ingresos, mientras que el cemento aporta alrededor del 7% y los áridos, como la piedra triturada, otro 4%. SRM participa además en grandes obras de infraestructura, incluidos 13 centros de datos vinculados con compañías como Meta, Oracle y Google.

El crecimiento tiene una contracara: SRM acumula alrededor de u$s3.700 millones de deuda. Fitch bajó la calificación de la empresa a B+, aunque mantuvo una perspectiva estable. Moody's y S&P también la ubican dentro de categorías especulativas. La compañía, mientras tanto, sostiene que su prioridad inmediata es reducir ese endeudamiento.

Hollingshead posee el 100% de SRM junto con su familia y suma otros activos por unos u$s750 millones, entre ellos terrenos de canteras, reservas minerales y un negocio de aviones. Con esos activos, la publicación calcula su patrimonio en u$s7.200 millones.

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