11 de abril 2023 - 00:00

Rey: “Creer que en esta era no existe la esclavitud es no querer verla”

Luego de escribir tres novelas policiales como ghostwriter y de su libro “No llores por mí, Catamarca”, se embarcó en esta investigación que tiene mucho de novela negra con giros inesperados y tensión emocional.

INVESTIGACIÓN. “Quise profundizar en las formas de esclavitud, los modos de comunicación si se está en peligro y las armas que se utilizan”.
INVESTIGACIÓN. “Quise profundizar en las formas de esclavitud, los modos de comunicación si se está en peligro y las armas que se utilizan”.

Huyendo de sus diversos lugares de origen, cinco jóvenes desesperados por un futuro que los aterra, caen en la trampa de un barco que es una ciudad industria flotante. Está dirigido por un estafador y asesino estadounidense que los esclaviza, y de donde intentan escapar. Ese es el punto de partida de “El último viaje del Fenicios” (Plaza & Janes), thriller que unió en su creación a la escritora, editora y periodista Alejandra Rey y al ingeniero y empresario Horacio Massaccesi. Sobre esa obra con mucho de denuncia dialogamos con Alejandra Rey.

Periodista: ¿Además de una novela de acción y suspenso, buscaron que fuera un libro de denuncia?

Alejandra Rey: Si se lo quiere poner en esos términos, sí, porque denuncia la esclavitud en algunas industrias, en la novela es la industria textil, que ranquea entre las que utilizan esa nueva forma de esclavitud. No del modo en que nosotros la presentamos, un barco que nunca toca puerto, que se autoabastece, que tiene mil personas entre guardias de seguridad y trabajadores, pero que bien podría existir. En el Fenicios se trabaja en alta mar para grandes tiendas de todo el mundo cosiendo prendas que se comercializan a precio vil. Tiene una tripulación que yo llamo “los nadie”, personas que por distintos motivos nadie busca ni extraña. Son sobrevivientes de una guerra africana, de Chernóbil o por haber matado a alguien. Gente que elige borrarse y, sin saber que van a ser esclavos, se suben a un barco que les ofrece ganar dinero y poder escapar.

P.: Qué los impulsó: ¿la fábrica de ropa trucha, la trata, la esclavización de migrantes?

A.R.: Horacio (Massaccesi), el coautor, que es empresario, vio en una tienda en Londres ropa muy barata, que normalmente cuesta el doble. ¿La hicieron a costo cero? Eso, pensó, solo se consigue con gente esclavizada. Y, a la vez, a mí me viene preocupando la situación de los migrantes que tocan la puerta a esa Europa que los colonizó, y que no se la abre, y si se la abre es para trabajos que no hace nadie, y esos nadie lo aceptan por un plato de comida. Y el esclavizador le cobra lo que les da, los alimentos, la vivienda, para mantenerlos atrapados en una deuda constante. Eso fue lo que nos impulsó. Partimos de donde el costo es más cero, un lugar donde no se pagan impuestos de ningún tipo, de las aguas internacionales. Así surgió el Fenicios, un barco que es una ciudad flotante, que puede cambiar de bandera, que puede ir a lugares donde lo registren los satélites, y si los registra no les interesa. El mar está repleto de barcos y no se los puede controlar todos. Ese fue el punto de partida.

P.: ¿Por qué eligieron protagonistas que tienen idiomas diferentes?

A.R.: No los elegimos nosotros sino los que mandan el Fenicios. Buscan que no se puedan comunicar entre ellos para impedir que surja una rebelión, eligen que sea una especie de babel. Los nuestros son: Anane, de 15 años que proviene de Niger, de un campo de refugiados de Médicos sin Fronteras; Rigoberto, boliviano de 16; Anatroli, de 35, que huyó de Ucrania, Ramiza, 14, de Albanpokosovar que era sometida por su padre; Timmia, 17, y Rodi, 15, italianas, que se fugan de una vida que las condenaba a la prostitución o la droga. Contamos la vida de esos nadie, gente a los que nadie busca, que nadie quiere ya buscar. Y es, justamente, otro grupo al que nadie le da bolilla y al que temen, los gitanos, que por una razón absolutamente fortuita van a buscarlos, a ayudarlos.

P.: ¿Cómo se juntaron un ingeniero y una periodista para escribir esta novela?

A.R.: Él traía el tema que había encontrado en su viaje y a partir de ahí todo fue saliendo muy de casualidad. Él como ingeniero aportaba los datos técnicos, los límites que la realidad imponía a la imaginación. A mi me encantó investigar formas de esclavitud, las formas de comunicarse si se está en peligro, la armas que se utilizan, seguir la vida de los personajes. Sumamos conocimientos y experiencias.

P.: En su caso contaba con la experiencia de su libro de investigación “No llores por mí, Catamarca”.

A.R.: Y tres novelas policiales como ghostwriter que me dieron el metier de la obra de ficción. Soy lectora de policiales. Me gusta la novela negra con giros inesperados y fuerte tensión emocional. Eso hizo que la propuesta de Horacio me interesara mucho, porque lo nuestro iba a ser un thriller con mucha épica.

P.: ¿Cómo eligen el nombre del barco esclavista?

A.R.: Tiene un doble sentido: el histórico del pueblo de navegantes y mercaderes, y por el otro el de que todos contribuimos desde ese lugar fenicio de hacer el negocio comprando barato, aunque sepamos que para que la ropa se venda a tan bajo precio hay braceras, braceros, que a veces lo pagan con la vida o al menos con la libertad. Eso nos llevaba a poner de relieve la vida de gente común que nadie busca. Eso ocurre en plena globalización, cuando se supone que estamos más comunicados, donde hay gente que pareciera pasar inadvertida, como los migrantes. Pérez-Reverte me dijo, en una entrevista que le hice por su novela “El italiano”, que “acaso no viva para contarlo, pero esos nadie van a ganar porque tienen la edad, las ganas, los motivos y nada que perder, y en algún momento van a revelarse a todo este mal que ocurre”.

P.: ¿Después de este libro qué proyecta escribir?

A.R.: Recién estoy disfrutando de la salida de esta novela. Tenemos idea de una posible secuela.

Dejá tu comentario

Te puede interesar