31 de agosto 2006 - 00:00

Un camino que recorre 300 años de historia

Un camino que recorre 300 años de historia
En una era de autopistas por las que el tiempo circula a máxima velocidad, aún es posible adentrarse en un desvío en el que el vértigo se ha paralizado y el tránsito irreverente se ha convertido en un remanso solemne. Se trata de la Ruta del Adobe, que se ubica en el departamento Tinogasta, al oeste de Catamarca, provincia de tradiciones y acervo cultural.
Es un trayecto de 55 kilómetros por poblados y sitios que llegan a superar los 300 años de existencia a la vera del progreso, uniendo las ciudades de Tinogasta y Fiambalá.
PARTIENDO DEL PUESTO
Desde la ciudad de Tinogasta por la Ruta Provincial N° 45 en pocos minutos se arriba a El Puesto, uno de los primeros poblados de la zona que tuvo su auge en los siglos XVII y XVIII, cuando concentraba el engorde de ganado y el comercio de las mulas que se usaban en la travesía al Alto Perú y hacia los países vecinos. Al caminar por la calle principal se aprecian las casas de estilo colonial y asoman desde los patios los lagares de cuero para preparar el vino patero. Los habitantes de El Puesto tienen sus raíces en las primeras familias que se asentaron a comienzos del siglo XVIII.
Al final de la calle se encuentra el
Oratorio de los Orquera, una antigua capilla familiar terminada en 1745 que continúa en perfecta conservación y sigue siendo el destino de las procesiones por la Festividad del Rosario. Tiene la forma de una nave única bajo un techo de vigas curvadas de algarrobo, con una torre circular que aún siente el vacío de la campana trasladada a la iglesia de Andacollo. En la iglesia sobrevive un óleo de la Virgen amamantando al Niño, una imagen sumamente singular en el imaginario religioso argentino.
El Oratorio, enteramente restaurado y al cuidado de doña Rosa Orquera de Ávila, heredera de la familia que lo mantuvo durante siglos, conserva algunas reliquias invaluables, entre ellas una imagen de la Virgen del Rosario procedente de Chuquisaca (Bolivia).
La Ruta del Adobe continúa algunos kilómetros hasta La Falda. Esta zona inhóspita sorprende al presentar en un recodo del río a la iglesia de Andacollo, de insólito estilo neoclásico, y construida en el año 1833 íntegramente en adobe, con algunas molduras talladas en una mezcla de cemento y cal.
Su restauración es el próximo avance para evitar el deterioro constante que generan el vigor del clima y el viento Zonda.
En el pueblito de Anillaco (homónimo al riojano), luego de cruzar un bosque de algarrobos, se arriba a la cabecera de la merced de 100 leguas entregada por sus méritos al capitán Juan Gregorio Bazán de Pedraza. La Residencia y Mayorazgo del Anillaco fue uno de los asentamientos agroganaderos y comerciales más importantes de la región. La producción era intercambiada por valores y joyas en metales preciosos que se exponen, junto a otros objetos históricos, en el mismo lugar.
El conjunto, residencial, agropecuario y religioso, fue terminado entre 1712 y 1714. En aquella época tuvo un papel relevante por su ubicación estratégica en una región desierta y asolada por las guerras calchaquíes, a cuyo término Bazán fue honrado por el rey como Hidalgo de Privilegio. Hoy todavía asombran los restos de la edificación con estilo andaluz, dispuesta en forma de U y prolongada en un gran patio cerrado con entrada para carruajes.
La iglesia de Anillaco, capilla que data de 1712, fecha señalada en el dintel de la entrada, fue declarada Monumento Histórico Provincial, y es considerada la más antigua de Catamarca. Presenta paredes de hasta un metro de espesor y un altar trabajado en torta de barro. En el interior de la nave es posible apreciar un retablo levantado en barro de una plasticidad y originalidad notables. Poco tiempo antes de haberse terminado la iglesia, el capitán Bazán de Pedraza es nombrado gobernador de Paraguay. Nunca más regresa y -según algunos historiadores- la propiedad es dividida en dos. Una parte habría dado origen al Mayorazgo de Fiambalá (1739), mientras que el Mayorazgo de Anillaco fue vendido al cura Manuel Villafañez y Tejeda por 300 pesos plata.
LAS PLAZAS DE ARMAS
El siguiente hito en el circuito es el yacimiento arqueológico de Watungasta, Monumento Histórico Nacional situado en la confluencia de la Quebrada de La Troya con el valle de Abaucán, y a sólo unos metros desde la ruta.
Su origen se remonta al período de 1471-1536 dC, época de dominio inca en la que alcanzó la categoría de ciudad administrativa y productiva de primer rango. Entre 1630 y 1670 el lugar fue escenario del enfrentamiento de los indios calchaquíes, cruentas guerras que exterminaron al pueblo, provocando la dispersión de los aborígenes. Los que quedaron fueron evangelizados por los españoles que reutilizaron el asentamiento indígena.
En la actualidad desde el morro se observan las disposiciones de la antigua urbe con su doble plaza de armas («Aukaypata» y «Cusi Pata»), edificios en forma de «kanchas» rectangulares y depósitos de alimentos («collcas»), todas construcciones con muros formados por enormes ladrillos de adobe y cimientos de piedra.
Por su accesibilidad, este monumento necesita una urgente puesta en valor que lo proteja de la rudeza de la mano del tiempo y del hombre.
Dos kilómetros antes de arribar a la Villa de Fiambalá se encuentra la Comandancia de Armas de Fiambalá, construida en 1745. Su mentor fue Diego Carrizo de Frite, quien trajo la primera cepa de vid, probablemente desde Chile.
La Comandancia de Armas es un complejo formidable formado por dos salones principales y otras construcciones que encierran un patio central. En ese entonces había dos algarrobos de los cuales uno todavía ampara con sus ramas del sol del mediodía. Las habitaciones pertenecían a distintas familias promesantes que únicamente se alojaban en las festividades y que reconocían que la propiedad del sitio pertenecía en realidad al patrono San Pedro.
En una de las salas se observan dos murales ya deteriorados, un carruaje perteneciente a la actual familia propietaria, Navarro Días, además de monturas, pinturas, tinajas, petacas y arcones.
LA FESTIVIDAD
La festividad o Fiesta de San Pedro, que se celebra el 29 de junio, tiene como eje a la contigua iglesia de San Pedro (1770), también Monumento Histórico Nacional y soberbiamente preservada. La iglesia fue realizada por el capitán realista Domingo Carrizo respetando la arquitectura colonial del siglo XVIII.
Para la construcción de la nave única se apoyó sobre las vigas de madera el techo de cañas atadas con tiento (tiras de cuero), y sobre las cañas se colocó una capa de cortaderas, luego cubiertas por una última mano de barro.
La iglesia cobija una colección de pinturas cuzqueñas de la virgen y diversos santos, y la imagen de madera tallada y articulada de San Pedro traída por Domingo Carrizo desde el Alto Perú. Para la fiesta siempre se le cambia la ropa y el calzado, dado que el llamado "Santo caminador" pasea durante la noche por la población protegiendo a sus feudos, y a la mañana siguiente amanece, invariablemente, con los zapatos gastados.
Allí se encuentra el Museo de Sitio del Cuadro de San Pedro, con los particulares objetos encontrados en el centenario vertedero de la casona. En esa lista hay elementos como candeleros, mates, botellas, recetas de cocina, etiquetas de cigarrillos "Gavilán", "Zorzal", "Barrilete" y "Cleveland", ladrillos de adobe con huellas de animales, llaves, bisagras, piedras pómez, etc.
La Comandancia de Armas es el último monumento de la Ruta del Adobe antes de llegar a Fiambalá, la segunda población en importancia de Tinogasta, distinguida por sus termas naturales, enclavadas en una impresionante quebrada de color rojizo.
La Ruta del Adobe es un circuito cultural fascinante formado por las historias y leyendas de una región llena de mística y tradiciones remotas. Un museo ecléctico de 55 kilómetros por iglesias construidas con las mismas técnicas pero de fachadas y estilos disímiles. Una muestra incomparable de detalles arquitectónicos presentes en arcos ojivales y dinteles, en techos formados con vigas curvadas naturalmente por el viento o en los cursos de agua, en rústicos cañizos atados con tientos de cuero y retablos de puro adobe. Un espacio de arte que ofrece la imaginería excéntrica de una etapa decisiva en la historia sudamericana.

Cristina Capilla
Técnica en Turismo de la
Secretaría de Turismo de Catamarca

Dejá tu comentario