El Museo Histórico del Cabildo y la Revolución de Mayo, presenta hasta el mes de noviembre la exhibición “La mirada generosa. Sameer Makarius” (El Cairo, 1924- Buenos Aires, 2009) En la gran sala de la planta baja del Cabildo, una gigantografía reproduce la grata imagen de la arquitectura colonial del edificio. Luego, hay una fotografía del Obelisco de 50 x 60 centímetros, un formato mayor al del resto de las piezas, que atrapa la mirada del espectador. En pleno día, Makarius captura una escena porteña. Allí se divisan los autos y la gente que atraviesan la rotonda del Obelisco. La imagen es extraña, la parte superior del monumento aparece recortada y en su base, avanza una marea de sombras que se contrapone a la luz plena, el contraste subraya el carácter misterioso y, de algún modo, sombrío, de la foto.
Seductora muestra del antiguo Buenos Aires
La exposición de las fotografías de Sameer Makarius tiene lugar en el Cabildo hasta noviembre.
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Karim Makarius, hijo del artista, cuenta que su padre “llegó a la Argentina sin conocer el idioma ni las costumbres. Pero sin duda influido por el genial Henri Cartier Bresson, a quien conoció en Francia, salió a explorar la ciudad con su Leica”. En los diversos recorridos descubrió el Puente Nicolás Avellaneda, la cancha de fútbol y el ferrocarril de La Boca; los bares y el paisaje del Parque Lezama; la villa miseria de la Isla Maciel, la Bolsa y los silos de Puerto Madero; los palacios, mercados y negocios, la gente y el trajín urbano. Sus fotos se han publicado en dos libros notables: “Buenos Aires y su gente” (1960) y “Buenos Aires mi ciudad” (1963. Eudeba). La exhibición del Cabildo, curada por Karim Makarius y María Laura Pérez Veronesi, comienza en 1953 cuando Saamer arriba a la Argentina, país donde se consolida su carrera y reside hasta su muerte. El acento de la muestra está puesto tanto en el análisis crítico de la obra, como en las circunstancias de una vida novelesca, signada por el talento y el drama de la Segunda Guerra Mundial.
La Argentina es tierra de buenos fotógrafos y al promediar el siglo XX dicha técnica se convirtió en un medio de expresión ideal. En la exhibición y el libro que en 2019 el Malba dedicó a narrar la historia de la fotografía argentina moderna (estudio que hasta entonces sólo había encarado el Museo Paul Getty de Los Ángeles) el curador Facundo de Zuviría destacó que cuando Makarius llegó a Buenos Aires, se convirtió en la gran figura. En 1957 presentó en la galería Galatéa sus abstracciones “Fotografías. Fotogramas en color”. En 1961 su formidable Serie bíblica, a partir de negativos pintados y dibujados, integró la muestra del grupo Otra Figuración. Makarius y Carolina Muchnik expusieron junto a Luis Felipe Noé, Jorge De la Vega, Rómulo Macció y Ernesto Deira. Sobre la obra de Makarius, el crítico Hugo Parpagnoli describió las figuras “destrozadas, anhelantes, calcinadas, que hablan de nuestro tiempo”. Y entonces, se quebró definitivamente el límite entre la fotografía y el arte. Parpagnoli, quien al poco tiempo sería director del Museo de Arte Moderno, observó “el hecho de que las láminas expuestas por Makarius son muy bellas y constituyen una auténtica novedad en las artes plásticas”.
Karim cuenta que, para sobrevivir, su padre se convirtió en anticuario. “Aldo Sessa era coleccionista y junto con mi padre tenían las mejores cámaras”, agrega. Varias de ellas están en una vitrina, como la Olimpus PEN, la Nikon, Canon, la Leica y otras de colección. No obstante, el mayor interés lo suscita el laboratorio instalado en el medio de la sala, con su ampliadora, las bateas para lavar las fotos y las cuerdas y broches para colgarlas. El carácter didáctico de la muestra se acentúa con un vídeo explicativo.
Los libros, documentos y catálogos, sumados a las imágenes, permiten rastrear los numerosos viajes de Makarius. Nacido en 1924 en Cairo, se educó en Berlín entre 1930 y 1940, vivió en Hungría durante la Segunda Guerra Mundial, en el límite con el gueto judío y se convirtió en uno de los primeros artistas constructivistas de Budapest. Denunciado por ayudar a las víctimas de los nazis huyó a Suiza en un camión de la Cruz Roja y allí conoció a Max Bill, que impulsó su carrera artística. Pasó un tiempo en París, volvió a Egipto, se casó con Eva Reiner y se radicó finalmente en Buenos Aires. Su trayectoria está bien documentada. Fue cofundador del grupo húngaro de arte concreto, y miembro fundador de los grupos Artistas No Figurativos Argentinos y FORUM.


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