Esperan desactivar hoy la protesta con anuncio de suba y mejoras generales

Axel Kicillof lo planteará a través de un decreto que incluye una serie de cambios y nuevas condiciones para la fuerza de seguridad.

El gobierno de Axel Kicillof anunciará hoy un incremento en el salario del personal de la Policía bonaerense en el marco de una protesta que se extendía por el interior de la Provincia, pese al pedido del presidente Alberto Fernández para que depongan la actitud.

“No es una paritaria. Se va a otorgar un aumento que va a ser dispuesto y comunicado por decreto”, insistían anoche desde La Plata en un intento por sofocar la idea de que la inédita movilización de las fuerzas de seguridad de las últimas 72 horas haya servido para gatillar un porcentaje de mejora salarial que, hasta anoche, nadie anticipaba y que formará parte de un anuncio más amplio en materia de un plan de seguridad integral.

Como se sabe, además de un petitorio de 14 puntos, los miembros de la policía reclaman un incremento de 65%, muy lejos del reconocimiento del propio jefe de Gabinete bonaerense de que los salarios del sector están retrasados en un 30%.

El mensaje del Presidente, acompañado por el gobernador, la vicegobernadora Verónica Magario, Sergio Massa, Máximo Kirchner y una veintena de intendentes propios y de la oposición no logró desactivar la sublevación de los efectivos que esperarán el anuncio de hoy para definir los pasos a seguir.

“Qué venga D’Elía, qué venga La Cámpora, de acá no nos movemos”, bramaron los agentes y oficiales después del mensaje presidencial.

La propuesta de solución al conflicto llegó finalmente de la manera menos pensada. Que sea la Ciudad de Buenos Aires la que termine “pagando” la mejora salarial con el aporte de un punto de su coparticipación, que según los cálculos iniciales representaría unos 35 mil millones de pesos.

Pese a que no hubo afectación del servicio de seguridad, el epicentro del desmadre se localizó en el Conurbano, la zona más afectada por el delito. Y la central alternativa de operaciones del ministro Sergio Berni en Puente 12, La Matanza, el faro de las concentraciones.

Se trató de una jornada frenética entre reuniones y contrareuniones. Signada en su mayoría por desencuentros.

La Provincia sabe muy bien que la fuerza está por debajo de los valores salariales ideales. Incluso cobrando casi la mitad que los policías de la Ciudad.

Durante 2016 y 2019 los aumentos no estuvieron ni cerca de la inflación de cada año y la pérdida del salario de bolsillo se volvió una realidad complicada.

El punto máximo de tensión se dio después del mediodía cuando los uniformados decidieron rodear la Residencia de Olivos con sus armas reglamentarias y en patrulleros de la fuerza, como parte de su protesta. El repudio de todo el arco político no tardó en llegar. Tanto la oposición como el oficialismo levantaron la voz para dejar en claro que el lugar no era el indicado.

El propio Alberto F. intentó dialogar con los voceros del reclamo, pero éstos no aceptaron. “Sin cámaras, no entramos”, respondieron. Por la mañana, el Presidente se había pronunciado en relación al conflicto durante una recorrida por Quilmes: “Los reclamos se responden frontalmente, no andando en patrullero y tocando sirenas”, dijo.

Fue minutos antes de que un policía se trepara a una antena de 25 metros de altura en Puente 12, con la intención de hacer notar más el reclamo.

El jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco, ya había dejado en claro que los anuncios sobre mejoras salariales y laborales serán “lo suficientemente amplios” como “para que se terminen las protestas” que tienen lugar en distintos puntos del distrito. Y dejó en claro que “hay quienes se suben a esto con motivaciones políticas”. Pese a las promesas, nada cambió. Y la tensión fue in crescendo con el pasar del día.

Ya en la tarde, los intendentes, que hasta el momento tampoco se habían manifestado en profundidad, comenzaron a dar a conocer su posición. No llamó la atención. No se trataba de una parada fácil. Sin embargo, la orden llegó. Al igual que la línea: a favor del reclamo y en contra de las formas.

“Es inadmisible rodear la Quinta Presidencial con patrulleros y oficiales armados. Este tipo de acciones invalidan todo tipo de reclamo”, sostuvo el jefe comunal de Ituzaingó, Alberto Descalzo.

“No confundamos ni asustemos a la gente, que ya bastante angustia tiene con la pandemia. Hago un llamamiento a la cordura”, sumó desde Hurlingham, Juanchi Zabaleta.

Desde Lomas de Zamora, Martín Insaurralde sostuvo que “no se puede condicionar a un gobierno elegido democráticamente que mostró total voluntad de resolver problemas a través del diálogo”.

El asedio a la Quinta Presidencial generó horas de tensión enrareciendo el clima en un marco de pandemia. Con la fuerza del estado puesta en responder al avance del virus. Pero sobre todo fue una imagen de cómo un justo reclamo puede perder valor por equivocar los caminos como parte de un accionar de tinte político.

“De acá no nos movemos”, aseguraban los policías en la Residencia de Olivos pasadas las 18 horas, cuando el presidente recibía a Kicillof y a un grupo de intendentes (ver aparte). En la calle, los policías avisaban que pasarían la noche hasta tener una respuesta.

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