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UCR: cambiar algo para que nada cambie

Cena de la verdadera conducción del radicalismo para acordar estrategias. Habrá fuerte debate en la Convención pero sin ruptura. PASO ilusoria.

Todas las conversaciones que mantuvieron entre si ayer los radicales comenzaban por un tema único: el insulto de Elisa Carrió a Nicolás Massot en Diputados y los dardos que la chaqueña le tiró a todo el Gobierno por la falta de apoyo a los candidatos de la UCR en Córdoba. No es extraño que fuera así ya que en este punto los radicales y Carrió hablan el mismo idioma, el de los códigos de la militancia, mientras que el PRO está un poco alejado de ese léxico.

La furia en la UCR es mucha y parte de ella se destilo en una cena que sin mucho disimulo mantuvo la conducción partidaria real en Plaza Mayor para organizar la Convención partidaria que se viene la semana próxima y donde los radicales (reyes de la formalidad institucional) deben ratificar su pertenencia a Cambiemos y decidir otros temas como una PASO o el apoyo directo a Mauricio Macri como candidato presidencial.

El primer resumen de esa cena confirma lo que se intuía: no hay lugar hoy, ni votos, para pensar en una ruptura dentro de Cambiemos. Si puede haber una proclama que pida modificar el protocolo de relaciones de la UCR dentro de la alianza de Gobierno y una convocatoria en firme a ampliar Cambiemos con integrantes varios; inclusive algún planteo de una PASO presidencial, pero por ahora todo esta bajo ambiente controlado. Por eso, conviene repasar posiciones.

A cualquier radical le gustaría ir a una PASO; se sabe que la interna es el deporte favorito. Y la bronca de algunos radicales con la Casa Rosada alimenta de sobra esa voluntad. No se habla aquí solo de los rebeldes como Ricardo Alfonsín o Federico Storani, sino de algunos participantes habituales de las mesas políticas que organiza el macrismo. “Este gobierno se retira de las provincias amigas y apoya enemigos”, se decía esa noche.

El problema es que para ir a una PASO los radicales necesitarían un candidato serio para competir. El nombre de Martín Lousteau fue meneado en varias ocasiones para ese propósito, pero el problema es otro: “¿que intendente bonaerense va a querer colgar su boleta de un candidato que mide poco mas de 4 puntos?” Algunos en esa mesa acordaron, entonces, una movida de ese tipo, para no ser solo de chiste, puede avanzar solo si adentro de Cambiemos se considera útil que algún candidato salga a hacerle de sparring a Macri.

De todas formas, hay un dato que se lanzó allí que no puede evitarse: los radicales siguen considerando que solo María Eugenia Vidal podría ocupar en serio un lugar alternativo a Macri.

Hay cuitas internas-personales entre los radicales que se ventilan en esas mesas pero que por ahora no amenazan con complicar la Convención. Esa noche se anotaron con los platos españoles Mario Negri, Luis Naidenoff, Alfredo Cornejo, Gerardo Morales, Daniel Salvador, José Cano, Ángel Rozas, Ernesto Sanz y Enrique Nosiglia.

Gestos divertidos sobraron esa noche. Nosiglia felicitó a Negri por la pelea en Córdoba casi en el mismo tono que lo hizo Carrió, aunque sin la espectacularidad de las puestas de la chaqueña. Negri agradeció, sobre todo sabiendo que Nosiglia había jugado a pleno en Córdoba por Ramón Mestre. Como chicana hubo un diagnóstico porteño que volvió a alimentar la imposibilidad de una PASO: “nada se puede hacer si Lousteau esta tercero en la Capital”. A la salida uno de los presentes lo justificó en los comentarios finales: “Coti siempre es así; juega a 10 bandas, alienta el quilombo y despues negocia la unidad”, casi precepto sagrado para el arte de la política.

Las declaraciones de Cornejo también despiertan incomodidad en el grupo. Le critican al mendocino que desembarque en declaraciones con ocurrencias distintas cada semana, casi siempre en un lógico ejercicio de defensa frente al ninguneo de la Casa Rosada al partido. “En política se siguen estrategias, no ocurrencias”, se lamentaba uno de los presentes.

Nada de lo que sucede en la UCR, entonces, alienta la idea de una batalla incontrolable en la Convención que provoque una ruptura irreparable en Cambiemos más allá de los discursos y protestas que se escucharán; no es por falta de ganas, sino de tiempo y de votos.

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