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Un tren, fuente de acción espectacular

«Imparable» (Unstoppable», EE.UU., 2010, habl en inglés). Dir.: T. Scott. Int.: D. Washington, C. Pine, R. Daw 

Por algún motivo, desde sus más primitivos inicios, el cine recurrió al tren casi como si más que una máquina fuera una especie de fuerza de la naturaleza. La llegada del tren de los hermanos Lumiere aterrorizó al público que habría visto locomotoras, pero nunca «viniéndosele encima» desde el celuloide, y la primera película narrativa tal como la concebimos hasta la actualidad fue el «Asalto al tren» de Thomas Ince. Claro que tanto thrillers como «La dama desaparece» de Hitchcock o «Crimen en el expreso de Oriente», o dramas bélicos como «El tren», de John Frankenheimer, o «El expreso de Von Ryan», de Mark Robson, usan esa fuerza mecánica imparable como vehículo para historias que tienen que ver con alguna otra cosa.

Por eso, el detalle que vuelve realmente original a «Imparable» de Tony Scott es que no es una película sobre otra cosa que no sea el tren. Más allá de que sea un tren cargado con químicos que podrían causar un desastre, ésta no es una película de cine catástrofe, sino una curiosa aventura ferroviaria que intenta pasar por naturalista, aunque obviamente no es otra cosa que otro de esos entretenimientos entre descerebrados y kitschs que Tony Scott logra convertir en placeres culposos de culto. Como hizo en «Días de trueno» (ésa era de autos de carrera y está filmada con una estética y un concepto similares a ésta).

Un largometraje tiene cinco o seis actos de 20 minutos cada uno (la famosa lata que contiene cada rollo de una película). Este aburre durante medio acto para luego lanzar alguna escena de super acción espectacular. Los trenes de Scott lucen aún mejor que los aviones caza de «Top gun» o los autos de carrera de «Días de trueno», pero el problema es que de un modo similar a esos títulos, los trenes son lo único que importa, y la presencia de Denzel Washington como mártir de la locomotora no interesa mucho. Ni hablar del anodino cast de actores insulsos que se preocupan por el posible accidente desde las oficinas del ferrocarril. La que casi salva el factor humano de «Imparable» es Rosario Dawson, pero tampoco le escribieron un papel demasiado interesante como para que pueda competir con las asombrosas escenas del «Runaway train» (el homenaje al film de Andrei Konchalovski es obvio).

Ahora bien, cada una de las escenas de acción ferroviaria son magníficos ejemplos de eficacia cinematográfica y, también, una materialización de aquel dicho de Orson Welles: «hacer cine es como jugar con el trencito más caro del mundo».

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