La economía, ¿avanza o retrocede? No muestra grandes cambios en abril, dice el informe Beige Book. El consumo se aplanó, o cayó muy suave. Los viajes y el turismo cobraron fuerza. La industria no se frenó sino dio un leve paso atrás. El estudio, y su enorme bagaje de información anecdótica, detecta moderación en el crecimiento del empleo, de los salarios y los precios. ¿Cómo conciliar entonces la calma chicha reportada aquí con las estimaciones del producto bruto en el primer trimestre?
Wall Street y el temor de quedarse afuera
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El consenso espera una expansión de 2% (el pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta, 2,5%). De confirmarse sería el tercer trimestre consecutivo de marcha por encima tanto del crecimiento potencial de la economía –1,8% según la Fed– como del umbral de pleno empleo. En efecto, la desocupación se sostiene en 3,5%, medio punto más allá del nivel crítico de recalentamiento.
¿Qué debería hacer la Fed? Todos saben qué hará: izar la tasa un cuarto de punto para dejarla en 5,25%. ¿Bien hecho, entonces? ¿O una movida a destiempo? El índice líder que publica The Conference Board suena el alerta de una recesión con inicio inminente, a mitad de año. ¿Querrá Powell disparar el tiro de gracia? La canasta líder, es verdad, se pasó la mitad del año pasado vaticinando una contracción. Insiste, pero hasta ahora... el lobo no está. ¿Falsa alarma? Debe ser una conspiración porque abundan los conjurados. El mercado bear de la Bolsa, la curva de rendimientos invertida, la contracción de la cantidad de dinero (y tras el tumulto bancario, también del crédito). Y los malos augurios siguen. Desde la acumulación creciente de subsidios de desempleo hasta el furioso declive del informe Philly Fed. ¿Cómo los procesa el banco central? Su toma de decisiones es data dependiente, y la data fluye. He aquí lo más reciente: la medición PMI “preliminar” que provee información tan fresca como del 20 de abril. ¡Atención! ¡Paren las rotativas! El mensaje es rotundo. La economía se aceleró como no lo hacía desde mayo 2022. Se afirmó la producción, pero, sobre todo, la demanda (interna). Rebrotó la actividad (generalizada, en industria y en servicios), la confianza de las empresas y las expectativas. Y también las presiones de precios al ritmo más filoso desde septiembre, por tercer mes consecutivo. Pregunta, ¿qué diablos observó el Beige Book? ¿Son dos economías distintas acaso?
No hay Babel que frene a la Fed. El 3 de mayo llevará la tasa a 5,25%. Pero, ¿podrá ser la suba final como dice su mapa de puntos? La realidad tendrá la última palabra, sí. ¿Y qué nos depara el futuro? ¿La recesión inminente del índice líder o la gloria de la resurrección del informe PMI? ¿El choque bancario no va a pasar una factura de recorte de crédito? Sabemos también que las subas de tasas, sumarán diez en mayo, se realizan en efectivo pero sus consecuencias se pagan en cuotas largas y variables. La data dura (el PBI, el empleo, los índices de precios) no deja dudas. La inflación es muy alta. La actividad no se detiene. Se modera, lo que se discute es cuánto. Dos visiones anidan en el banco central. Una quiere subir la tasa y entrar a boxes. Otra, elevarla sin conceder una tregua hasta que la inflación núcleo agache la cabeza y se rinda. Los mercados tienen también dos películas en mente. Son de un metraje más largo. Con ajuste de tasas en mayo y, sí o sí, recreo en junio. Los caminos se bifurcan luego. Nos espera una meseta de tasas altas o, como sugieren los bonos, una caída de tasas en cascada a partir de julio o septiembre.
Mayo es un mes que tiene mala prensa (y estadísticas inclementes). Sin embargo, la Bolsa no se asusta. No registra nuevos mínimos desde octubre. El peligro sobre su cabeza, el nubarrón de la temporada de balances, se hizo a un lado. El techo de la deuda pública acecha, pero crujiría recién en junio. Y si la recaudación y el sentido común ayudan, podría postergarse con facilidad. No, Wall Street teme la buena fortuna: quedarse afuera de un rally. El 3 de mayo, la Fed no va a anunciar, como Fukuyama, que es el fin de la historia. Pero hasta James Bullard, un halcón, acepta que por primera vez se descarte un mensaje que sugiera la inevitabilidad de una próxima suba de tasas. Será una módica limosna, pero tal vez un resorte poderoso para el entusiasmo de los inversores vis à vis su parca exposición a las acciones. Por eso, todavía tímidamente, el flujo de fondos deserta del cash y reacomoda sus fichas allí.
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