23 de mayo 2013 - 08:35

Un balance positivo que debe preservarse

Claudio Cesario.
Claudio Cesario.
Por Claudio Cesario, especial para ámbito.com.-


El sistema financiero argentino exhibe hoy una situación satisfactoria luego del esfuerzo que le significó atravesar la crisis de 2001/2002 y superar las coyunturas adversas de los años 2005 y 2008. La aplicación de medidas adecuadas y un manejo responsable por parte de los actores de la actividad bancaria, fueron clave para recuperar el ahorro y el crédito al sector privado.

El crédito creció entre 2005 y 2008 a una tasa del 30/40% en promedio y retomó un nivel similar hacia la segunda mitad de 2010. En los últimos diez años, las empresas fueron destinatarias del 56% del financiamiento bancario y las familias del 44% restante. El sistema juega un papel clave en la economía al canalizar créditos al sector privado por $ 400.000 millones y aportar al fisco $ 22.000 millones en impuestos.

El año pasado las entidades bancarias realizaron a su vez un gran esfuerzo para financiar proyectos productivos a partir de una norma específica dictada por el BCRA. Esta normativa obligó a los bancos a destinar el 5% de sus depósitos - unos $ 15.000 millones - al financiamiento de proyectos productivos de empresas grandes y pymes con una tasa fija del 15% anual.

La operatoria se cumplió superando las metas establecidas y actualmente las entidades están trabajando para cumplir con la extensión de dicha norma. Este esfuerzo fue simultáneo con las inversiones en tecnología que las entidades vienen realizando para impulsar el uso de los medios electrónicos de pago y expandir la red de sucursales.

El objetivo de esta última estrategia es mejorar la atención a los clientes y ampliar el horizonte de bancarización hacia sectores que aún no cuentan con los beneficios del servicio bancario. En este mismo orden, se inscriben la puesta en vigencia de la cuenta gratuita universal, las transferencias electrónicas con nulo o reducido costo, y el cheque de carácter cancelatorio para operaciones de cierta envergadura.

En suma, los bancos tienen actualmente una situación de solidez, no presentan descalces de moneda, enfrentan un bajo nivel de endeudamiento de empresas y familias, y cuentan con una base de depósitos que permite atender créditos a la actividad productiva, en un clima de alta competencia como es la que caracteriza la operatoria del sistema financiero.

De allí que cuando se insinúan regulaciones o medidas que pueden tener cierta discrecionalidad
- como el hecho de aplicar tasas máximas, restringir comisiones, etc.- lo único que se afecta es la eficiencia, rentabilidad y solvencia del sistema que son las bases de su salud y permanencia. En otras palabras, cada vez que se crea un subsidio se produce un ganador que es quien lo recibe y un perdedor que es quien lo soporta.

En este sentido cabe subrayar que la rentabilidad de los bancos - como la de cualquier empresa-, debe verse como una fortaleza para la economía del país y una garantía de seguridad y confianza para los clientes.

Hacia el futuro, el desafío pasa por institucionalizar el ahorro interno como una forma de mejorar el fondeo, la cantidad y condiciones del crédito al sector privado. Hablar de un nivel de depósitos del 17% del PBI, resulta un valor lejano al que ostentan otros países comparables de la región como Brasil, Chile y México. De allí que desde ABA abogamos por la necesidad de incrementar el ahorro institucionalizado como un factor para recrear el círculo virtuoso del desarrollo sostenido en el tiempo. Sin ahorro no hay crédito ni inversión.