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Retomando el caso de Ingresos Brutos las provincias no están dispuestas a dar el brazo a torcer cargando sobre el sector privado una mochila pesada en contexto de caída de la actividad económica y el consumo en el mercado interno. No solo no lo eliminan sino que se ajustan al máximo del consenso fiscal firmado en 2017 subiendo incluso este impuesto. En este año 2018 no se establecieron máximos a aplicar sobre este impuesto para el sector comercial y a partir de 2019 se acordó fijar un máximo de 5% hasta 2022. ¿Qué sucedió? como todavía algunas le quedaba margen para subir el impuesto 11 provincias lo subieron y dentro de estas 7 lo hicieron llevándolo hacia la alícuota máxima a aplicar en 2019. En el caso de Neuquén, aún peor, subió la alícuota al 6,5%, es decir, 1,5% por encima del permitido en el consenso fiscal firmado para el próximo año.
Es muy difícil esta Argentina cuando ni siquiera los acuerdos en el sector público se cumplen. Cuando los referentes políticos hablan de la enorme presión tributaria y gasto heredado y son los protagonistas de incrementar los impuestos al mismo momento que cuentan su "relato". Cuando se habla de apoyar a las Pymes los gobernadores son quienes se apoyan sobre el hombro y cuerpo de este sector del empresariado que no la está pasando bien. CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa) envió una misiva a las 23 provincias adheridas al Pacto Fiscal solicitando el correcto cumplimiento del mismo y la baja de las alícuotas de Ingresos Brutos. Argumentaron la importancia de aliviar al sector y dejar de asfixiar a las Pymes con mayores impuestos. El mismo pedido fue efectuado en forma personal por la entidad al presidente Macri. Lo urgente le resta lugar a lo importante y la aprobación del Presupuesto Nacional 2019 tendrá sobre la mesa la negociación de este impuesto distorsivo que es Ingresos Brutos.
Somos caros porque nuestras empresas son poco productivas, porque nuestra fuerza laboral era muy cara, porque teníamos un tipo de atraso cambiario y nos hacía menos competitivos, porque el problema es el costo de distribución en nuestro país. Todos estos factores que los corrigió el mercado encuentran un Estado ineficiente que no solo no corrige sino que diluye todos los esfuerzos realizados por los privados: empresas y trabajadores. El propio Estado que pide un esfuerzo más demuestra no estar a la altura dejando inertes los esfuerzos y la potencial mejora de la competitividad real como mostramos arriba en el relevamiento de precios sobre las mismas categorías en la región.
Es más para lograr que la inflación no se coma la devaluación el gobierno piensa en "Crawnling Peg" que es una devaluación progresiva del peso por el Banco Central para que el tipo de cambio no tenga nuevo atraso. Esta decisión incluso sería más preocupante porque los salarios mínimos vital y móvil en dólares de los argentinos continuarían siendo los más bajos de la región pero a su vez la inflación no pararía de crecer hasta niveles superiores al 50%. De esta manera sería imposible cumplir la meta de inflación 2019 pautada en el presupuesto del 23% y fallaría una vez más al acuerdo con el FMI. Es decir, se hecha la mano a todos absolutamente todos los recursos menos bajar impuestos que es el "fundamental" nunca tocado y siempre pospuesto en forma dinámica. Es decir, no sólo no se bajan sino que lo incrementan aún más. Una máquina de trozar al sector privado, dejarlo inactivo y sin herramientas para enfrentarlo a un mundo donde ser competitivo cada vez es más difícil y, en Argentina, imposible. No por las empresas, los trabajadores y el costo de distribución que fueron abordados sino por los impuestos a los que lo somete el propio Estado. No ayuda sino que hunde, no estimula sino que frustra, no comprende sino que ignora la importancia de este punto para insertar a Argentina en los mercados mundiales. La zanahoria para que lleguen las inversiones reales es bajar impuestos. Todo lo demás ya lo probamos en forma cíclica.
*Analista Económico


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