5 de junio 2023 - 00:00

Adiós a Mario Sabato

Mario Sabato se decía “director (RE)”, director en Retiro Efectivo. Sus últimas películas, hermosas, datan de 2010. Después, a falta de productores, se retiró al hogar, rodeado de nietos y perros, y a escribir notas en Facebook, algunas de las cuales recopiló en un libro, “La imposible melancolía”. Asimismo, con toda la familia impulsó la creación de la Casa Museo Ernesto Sabato, que se inauguró en 2014, celebrando los 30 años del “Nunca Más”, y que desde entonces puede conocerse, gratis, con turnos y visitas guiadas a cargo de los propios descendientes del escritor.

Mario y su hermano Jorge pasaron su infancia en esa casa de Santos Lugares, donde antes viviera Federico Valle, pionero del cine argentino. Jorge llegó a ser abogado, ingeniero, vicecanciller y ministro de Educación y Justicia. Mario, quizás contagiado por el espíritu de Valle, prefirió el cine, alternando entre pasatiempos comerciales (una de Andrea del Boca, tres de Los Superagentes, tres de Los Parchís) y obras de mayor exigencia pero menor trascendencia pública: “Y que patatín y que patatán”, “Los golpes bajos”, “El poder de las tinieblas”, basado en el “Informe sobre ciegos” de la novela de su padre “Sobre héroes y tumbas” (a la que también dedicó un corto en 1963, “El nacimiento de un libro”).

También se anotan “Hola, señor león”, amable road-movie infantil por Kenia, y “Tiro al aire”, comedia sobre unos tercos soñadores. Más tarde, la conducción de DAC, la asociación de directores, en los tiempos de cambio de los ’90. Y al fin, llegada la madurez, sus mejores trabajos: “Al corazón”, gozosa antología de amor al tango en el cine, “India Pravile”, comedia un tanto autobiográfica con Lito Cruz, y los emotivos “Ernesto Sabato, mi padre” y “El San Martín. Algunos fragmentos de sus primeros 50 años”, dedicado a Kive Staif.

Después “le llegó el retiro”, que el sábado fue definitivo. Tenía 78 años, y un grato sentido del humor y la amistad. De ese ánimo jocoso, con el que ocultaba sus dolores, hay un buen ejemplo en su autocrítica publicada en 2016, donde alertaba sobre las personas que “aduciendo un inexplicable amor a TODO el cine argentino, han emprendido la tarea de recuperar y restaurar películas en riesgo de desaparición” (…) “en lo que a mí respecta, iniciaré las acciones legales que correspondan, en el caso de que se recuperen algunas películas que he cometido, y que se afrente mi derecho personal y del público en general a que sean felizmente olvidadas”.

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