21 de octubre 2003 - 00:00
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Destinos
Ahora, cada uno tiene destinos propios: Saín, luego de ser vice de Cafiero -cargo que dejó no sin antes ametrallar con críticas a «Juampi»-, volvió a la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF), oficina donde se dedica a rastrear operaciones económicas irregulares.
Quizás ése sea, justamente, el motivo por el cual lo convocó Alvarez: para que lo ayude a detectar las maniobras que, según Asuntos Internos de la Bonaerense, habrían realizado varios jefes policiales para ocultar, de acuerdo con esa presunción, sus patrimonios enriquecidos.
Mastandrea, en cambio, aunque sigue colaborando con frentistas como Graciela Podestá, ahora próxima al kirchnerismo, aterrizó en un rubro casi inevitable para todos los ex comisarios: el asesoramiento privado a empresas en materia de seguridad.
Acoplando ese dúo, lo que Alvarez busca es espantar el mote que le pesa como un collar de plomo: el de pro mano dura y «protector» de policías. Saín y Mastandrea, críticos de Ruckauf y zigzagueantes defensores del garantista León Arslanian, le sirven a ese fin.
Eso también podría serle útil a Solá, que busca un candidato para ocupar el Ministerio de Justicia, actualmente en manos de Alfredo Meckievi, que tenga también un perfil progresista para contraponer a la imagen pro-policial de Alvarez. Solá ya cursó varias ofertas.
Saín sugiere
Diez días atrás, Saín -que tuvo su minuto de gloria blasfemando a los duhaldistas, a quienes imputó financiar su actividad política con fondos de origen poco transparente- entró con alfombra roja en el despacho de Alvarez, adonde se quedó durante dos horas.
El tema, como era de esperar, fue la Policía Bonaerense: el estado actual de la fuerza y las alternativas que Saín, que convivió varios meses con los uniformados, le arrimó al actual ministro.
El ex vice de Cafiero le propuso a Alvarez desintegrar la cúpula policial y nombrar una conducción con dos jefes, modelo que al ministro no le desagradó porque, con la lupa que se posó sobre los uniformados, es difícil encontrar un comisario sin manchas en su legajo.
«Hasta se controlarían entre ellos», le sugirió el chachista. Pero el vínculo entre Saín y Alvarez se remonta a mediados de 2002, cuando en una maratón mediática -dio hasta una entrevista al «Buenos Aires Herald»- el vice de Cafiero habló de connivencia entre peronistas bonaerenses y delincuentes, y dijo que la política en Buenos Aires se financiaba por canales ilícitos.
Saín advirtió que existía un complot político mediático para expulsar a Solá de la provincia y apuntó a varios, incluso a Alvarez, por entonces ministro de Justicia y Seguridad en Nación.
Pero, formal, Alvarez rehusó sumarse a la polémica. Y mandó a su segundo, Carlos Vilas, a retrucarlo por radio. En Olivos, por esos días, todos presumían que el chachista decía lo que pensaban pero callaban, al menos oficialmente, Solá y Cafiero.
Para el gobernador, detrás de ese entuerto para sacarlo de Buenos Aires estaban Ruckauf y el propio Alvarez. Hasta se abrió una causa judicial que poco tiempo después el fiscal Daniel Urriza encarpetó y tiró a la hoguera, por considerarla inconsistente.
Pero una noche, defraudado con Cafiero, Saín pegó un portazo en el despacho del ministro y abandonó la provincia. Pero nunca, sin embargo, dejó de frecuentar a Chacho. Ahora, a su lista de asesorados, también incorporó a Alvarez.
Extrañezas del «planeta Duhalde».




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