10 de diciembre 2003 - 00:00

Asume mañana la primera jefa de Policía del país

Veamos los tramos centrales de una entrevista que Perazzo mantuvo con el diario «La Capital» de Rosario.Periodista: Usted advierte que el que roba se va. Pero los destinatarios de ese discurso están algo habituados a oírlo.
Leyla Perazzo: En Asuntos Internos parecía que no se iba a lograr nada. En seis años traspasamos al poder político toda la información de seguridad, demostrando que se pueden hacer operativos exitosos dentro de la ley. No creo en las purgas ni en las arbitrariedades. Soy abogada y pienso como abogada. Un policía se tiene que ir con una sentencia que diga que es responsable de un delito y no ser una víctima de la administración.
P.: ¿Qué quebrantos y qué ventajas ve en la Policía que va a conducir?
L.P.: Como ventajas, que es una policía muy joven. El 60% de la fuerza es menor de 40 años. Con gente incorporada con formación secundaria y ganas de aprender. Con programas de educación avanzados. La segunda es que esta policía está harta de ser discriminada, de ser mezclada con situaciones con las que no tiene nada que ver. De trabajar 14 horas sin dormir y que después se los categorice como ladrones o coimeros. Harta de que de una vez por todas no se diga quién es quién y quiénes deben irse. Como desventaja apunto la gran descomposición social y la crisis de autoridad: todo lo que sea poner orden es tomado como represión, entre comillas. La sensación de inseguridad es otra desventaja. Uno sabe cómo combatir los hechos, pero transformar las sensaciones requiere mucho esfuerzo de todos.
 Recaudación
P.: ¿Hay un sistema institucional de recaudación ilegal, desde abajo hacia arriba, en la Policía provincial?
L.P.: Yo no lo he podido probar nunca. He hecho un desgaste administrativo y judicial enorme. Nadie ha aportado nada positivo. Si se logra una forma de investigar fluidamente el enriquecimiento ilícito, va a ayudar. Creo que puede haber sectores involucrados en esto: hay policías que cometen delitos y delitos graves. Pero no institucionalmente. Si existe, le doy mi palabra de honor que conmigo no va. No lo voy a tolerar. Y si veo que eso pasa por arriba mío, me voy a mi casa.

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